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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 18 Nov 2017 - 23:00

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María Elena Tapia Basterrechea
Exploradora de la tierra

Fotos: Eddy CarmonaUna hoja topográfica, brújula, piqueta, lupa, libreta, cámara fotográfica, cuchilla, ácido clorhídrico al 10 por ciento y mochila. Sombrero o gorra, camisa de mangas largas, pantalón y botas. Esos son los instrumentos e indumentaria básicos para realizar una excursión geológica, confiesa María Elena Tapia Basterrechea, geóloga ambientalista granmense, devenida holguinera hace más de tres décadas desde que decidió consagrarse al estudio y cuidado de la Tierra.

Para esta delgada y pequeña mujer pareciera que su mundo se circunscribe a desentrañar los misterios de la tierra. Ni su bronquitis asmática, estar ciega del ojo izquierdo y tener operado el derecho de cataratas son impedimentos para hacer lo que más ama, claro, además de su hija.

Graduada de ingeniera Geóloga, en 1984 en el Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa, la vida para María Elena no ha sido nada fácil, quizá por haber escogido una carrera que para muchos “es de hombres”. Los primeros escoyos afrontados en su vida profesional datan desde el mismo momento de la ubicación laboral, tras concluir sus estudios universitarios.

La entidad asignada para cumplir su servicio social no la aceptó, porque “era una mujer casada, con una niña pequeña y no había albergue”.

No fueron pocas las veces que tuvo por respuesta esa justificación machista, esgrimida por algunos que aseguraban que “el trabajo de levantamiento geológico era demasiado fuerte para las del sexo débil”.

Las negativas a su derecho la llevaron a escribir una carta a quien siempre fuera el más ferviente defensor de los derechos de las féminas en Cuba: Fidel.

Así fue como esta científica tuvo puertas abiertas en la Expedición Geológica Internacional CAME-Holguín, donde a fuerza de tesón y profesionalidad probada supo cumplir con importantes tareas en la provincia y fuera de Cuba.

“En 1991 representé a Cuba en Hungría. Esa ha sido una de las experiencias que más he disfrutado y me ha impactado. Era prácticamente recién graduada y muchas personas no creyeron que sería capaz de cumplir. Allí colaboré con un grupo de científicos de ese país, que me invitaron por los resultados del informe hecho sobre el levantamiento geológico CAME-Holguín.

Geologa-1.jpgEn esa nación de Europa Central visité el Instituto de Geología de Hungría, la Universidad de Ciencias de Budapest; la Mina de Cobre en Recks y otros lugares más, siempre trasmitiendo la labor de los geólogos cubanos y, principalmente, el papel de la mujer en esta actividad”.

Hace más de una década que María Elena trabaja en la Empresa de Investigaciones y Proyectos Hidráulicos Holguín, donde se dedica a la investigación ingeniero–geológica e hidrogeológica y ambientales en obras hidráulicas. Ha participado en cerca de 50 proyectos investigativos; además colabora con la empresa Geominera Holguín, más conocida como Zeolita San Andrés.

Pero, aún con todas esas responsabilidades esta científica busca tiempo para escribir sus memorias. Tiene dos libros inéditos con historias autobiográficas y detallistas que narran gran parte de su vida profesional y personal. Al leer sus escritos cualquiera se da cuenta de cualidades no enumeradas por ella; como las de guerrera, responsable, inquieta y exigente, rasgos que nacieron y se solidificaron por la dura travesía, propias, de una mujer dedicada al estudio de la tierra.

“Empecé a escribir en septiembre de 2014, al experimentar por primera vez temor por mi vida mientras escalaba el Tranque Yoyi, en La Melba, municipio de Moa. Ese día de regreso cuando llegué a la habitación del hotel Miraflores de esa localidad, comencé a redactar mi primera historia”.

Confiesa que cuando experimenta alguna situación capaz de remover sus sentimientos escucha un susurro que le dicta al oído el título del texto y empieza a conformar lo sucedido, lo más detalladamente posible.

“Diariamente reviso y actualizo lo que he escrito, anécdotas recogidas hoy en los textos “Indudablemente amo mi profesión” e “Historias ligadas a mi Profesión”, explica.
Madre desde el tercer año de la carrera ha sabido conjugar la maternidad con la Geología, aunque admite que primero madre, después, su amor es la profesión.

Durante su trayectoria profesional ha recibido varios reconocimientos como el premio Ana Luisa Betancourt, en el 2016, que otorga la Sociedad Cubana de Geología para homenajear a las mujeres destacadas en su quehacer científico y/o educativo y que son ejemplo de consagración a las Geociencias.

Más que un amplio currículo vitae, María Elena, es una mujer sencilla, afable, de pocas palabras y conocida por algunos como “terca”. Ella misma lo reconoce: “Soy y seré así: terca, testaruda, tenaz, porfiada, obstinada y todos los sinónimos que en cualquiera de los diccionarios se puedan encontrar. Que nadie tenga dudas, en eso consiste mi terquedad”.

Sin embargo, lo que más la distingue es su dedicación a las Geociencias, la cual es solo posible por su inagotable “amor hacia la aventurera vida del geólogo, pues él es el explorador cotidiano de los tesoros de la naturaleza”.Geologa-3.jpg


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