Poder de las ideas

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En la articulación de nuevas estrategias para fortalecer nuestra ideología en Cuba, no solo puede hablarse del número de acciones, sino de su efectividad.

No vale decir cuánto hemos hecho desde las políticas definidas, si no se traduce en acciones logradas.

La batalla de ideas debe sistematizarse, porque todo acto de influir en la opinión pública es cuestión de perseverancia. Llámese así o armas para la batalla; las mejores maneras para la confrontación ideológica fueron lecciones martianas del siglo XIX.

Uno de los méritos del Apóstol, quien este 19 de mayo llega a los 123 años de caído en combate en los campos de Dos Ríos, fue lograr la unidad de los viejos combatientes de la contienda de 1868 con los “pinos nuevos” y, para eso, utiliza una labor paciente durante décadas.

Defiende el autor Intelectual del Moncada en la década de 1880, en unos apuntes sobre Centroamérica: “… las ideas, aunque sean buenas, no se imponen ni por la fuerza de las armas, ni por la fuerza del genio. Hay que esperar que hayan penetrado en las muchedumbres” expresó

A Martí le cupo la virtud de convencer sobre la necesidad de una nueva guerra en Cuba, después de las crecientes desmotivaciones nacidas en diez largos años de lucha y, para persuadir que el independentismo era la única alternativa posible para lograr la verdadera libertad, desnuda a la vez al autonomismo, reformismo y anexionismo, tendencias en contra de la lucha arma.

Resulta una ardua tarea de convencimiento, que tuvo su punto culminante en el comienzo de la guerra.

El 10 de abril de 1895, a horas de incorporarse a la manigua mambisa, el Maestro, desde Cabo Haitiano, escribe su famosa frase en carta dirigida a sus amigos Benjamín Guerra y Gonzalo de Quesada: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento”.

Defiende, en ese momento, la distribución oportuna del Manifiesto de Montecristi dentro de la Isla, documento acabado de firmar por el Apóstol y Máximo Gómez, documento síntesis de los principales objetivos de la Revolución, como su plataforma política.

Hasta la redacción de Patria llegaron las precisiones del director: “Los puntos principales: capacidad de Cuba para su buen gobierno,-razones de esa capacidad,- incapacidad de España para desenvolver en Cuba capacidades mayores,- decadencia fatal en Cuba y alejamiento de sus destinos, bajo la continuación del dominio español…”.

Tal como lo predijo Antonio Gramsci, marxista italiano, en los años 30 del siglo XX y reitere su mejor discípulo Fidel Castro en varias ocasiones: “las nuevas guerras se ganarían en el campo intelectual, en la cultura y las ideas”.

La confrontación ideológica está enconada como nunca y la Revolución cubana, hoy señalada más que antes blanco principal de los ataques del imperio, tiene en el apego de la verdad de su prensa la mejor fuerza dentro de ese combate de pensamientos.

En el 2001 el máximo Líder dijo: No existe arma más potente que la convicción profunda y la idea clara de lo que debe hacerse... El mundo será conquistado por las ideas, y no por la fuerza, cuyo poder para sojuzgar y dominar la humanidad será cada vez menor.”

Como nunca la inteligencia y la habilidad sojuzgan, para decir, como Martí: “…las ideas justas, por sobre todo obstáculo y valla, llegan al logro. Los hombres mismos que la sacan de sus cerebros…, no pueden apagar sus llamas que vuelan como alas y abrasan (incineran) a quien quiere detenerlas”.

Tanto en la época del Maestro como en la actualidad, son de vital importancia el contenido de lo pensado. La credibilidad se logra únicamente con la fortaleza de lo dicho, aquello que no puede desarmarse apenas se rebate.
 
Author: Rodobaldo Martínez Pérez
Máster en Comunicación Social, autor del blog Holguín Ahora.
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