
Comparable con el paso arrollador de un huracán es el espíritu de Mariela, a ella no hay tarea que le quede grande o preocupación del pueblo que le parezca pequeña. No flaqueó durante la pandemia de la COVID 19, cuando tuvo que convertir en hospital cada pequeño centro de salud del municipio, ni cuando las fuertes lluvias de Melissa inundaron más de veinte comunidades cacocumense y la hicieron andar días y días con el agua a la cintura, hasta que el último de los suyos estuvo a salvo; se le movió el piso debajo de las botas, sin embargo, cuando el Presidente Díaz-Canel llegó a La Agraria, pocas horas después del paso del meteoro, la abrazó bien fuerte y le dijo "¡cómo has guapeado!", porque en ese darse por entera a los demás "a veces también hace falta saber que hay mucha gente dispuesta a jugársela contigo (o por ti) hasta las últimas consecuencias".