Memorias de inocencia y dolor

Era 24 de noviembre y para aquellos jóvenes transcurría una tarde de viernes como cualquier otra, solo trastocada por la demora de un profesor. Con el Cementerio de Espada muy cerca de su local de clases, algunos decidieron entrar y recorrer sus patios, juguetearon por los alrededores y se marcharon, sin sospechar siquiera la tragedia de los siguientes días.
- Por Susana Guerrero Fuentes
- Categoría: Opinión
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