Emigración: La “pelota en cancha norteamericana”
- Por Ania Fernández Torres
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Cuba seguirá apostando por una emigración legal, ordenada y segura. Foto: Granma
Yo también tengo un amigo de nítida fe, que soñaba tener un hogar en el sol y en su búsqueda se subió a un bote rumbo al norte una noche de 1994 pero, a solo unos cuantos kilómetros mar adentro, sintió una pena tan oscura y profunda, casi mística, que sin hablar ni preguntar nada se tiró al agua y nadó como un loco de regreso a su isla.
Días después supo de una riña, de personas tiradas al océano sin contemplación cuando la barcaza comenzó a hacer aguas, de girones de ropa, manchas de sangre en la cubierta y la llegada de solo tres de las 16 personas que se subieron al bote. Asevera hasta hoy que a él lo bajó de aquella chalupa infernal la mismísima Yemayá, a quien, desde ese día, rendirá culto hasta el fin de los tiempos.
Ambos tenemos un amigo en común que recibió en cuatro ocasiones una negativa de Visa para visitar a sus hijas en los Estados Unidos, que decidió un buen día vender todas sus propiedades para salir ilegal por las costas de Las Villas y lo rescataron en un cayo, medio muerto, sin agua, sin ropa y sin dinero. Que unos años después, tras otras dos negativas legales, salió por Centroamérica y se aventuró en la selva inclemente, como el mismo le llama, hasta llegar, definitivamente, con sus niñas.
Estas historias podrían haberse evitado si no existiera una marcada falta seriedad, desde hace varios años, por parte de los Estados Unidos en el cumplimiento de los acuerdos migratorios y la garantía de, al menos, el otorgamiento de 20 mil visas anuales para migrantes.
Pero, el principal obstáculo para una migración ordenada y segura entre los dos países sigue siendo la vigencia de la Ley de Ajuste Cubano, efectiva desde 1966, que permite de manera singular a los nacionales de la mayor de las Antillas ajustar su estatus migratorio al año y un día de permanecer en el territorio estadounidense.
Esta Ley expone a los cubanos a convertirse en víctimas de traficantes ilegales y bandas asociadas al crimen organizado. Al mismo tiempo, y por razones sin basamento científico, Estados Unidos mantiene paralizados los servicios consulares de su Embajada en La Habana y entorpece el modo normal de los viajes entre ambos países.
Las cuestiones relacionadas con la emigración siempre serán complejas en nuestra isla y en la actualidad, la situación es más complicada, pues la administración de Donald Trump acabó, de un tirón, con los avances del anterior presidente, los cuales facilitaron los vínculos de Cuba con su emigración.
Cinco años después de que el entonces presidente Barack Obama derogara la ley de “pies secos, pies mojados” para intentar limitar el flujo migratorio ilegal de Cuba hacia Estados Unidos, algunos cubanos siguen lanzándose al mar en armatrostes más por la dura realidad económica, agudizada justo por el férreo Bloqueo y la actual pandemia, que por razones políticas.
Pero la emigración por cuestiones económicas no es una peculiaridad solo de Cuba, aunque algunos “decoren” la situación y le invoquen siempre matices políticos. Nuestro país tiene, según publica la ONU, 1 millón 654 mil 684 emigrantes, un 14,6 por ciento de la población. En el ranking de emigrantes posee un porcentaje medio, ya que está en el puesto 139, de los 195 países en la famosa lista.
Los emigrantes de Cuba viajan, principalmente, a Estados Unidos, a donde va el 80,82 por ciento de ellos, España recibe el 8,55 por ciento e Italia, el 2,25, seguido de Canadá y otros países de Europa. Según las propias autoridades estadounidenses, desde el 1 de octubre de 2020 su Guardia Costera ha interceptado en el mar a 323 cubanos, mientras que en todo el 2019 fueron solo 49.
Sin embargo, para Ricardo Alarcón de Quesada, expresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, con gran experiencia en estos temas pues fue Ministro de Relaciones Exteriores, entender la emigración es absolutamente vital para razonar la historia de Cuba y todo su proceso político, según aseveró este jueves al portal Cubaperiodistas.
Quien fuera, además, representante de la nación caribeña ante la ONU, enfatizó en la manipulación del tema por parte del gobierno norteamericano y dijo: “Desde los inicios de Cuba como nación, un elemento fundamental eran los cubanos que no residían en la isla, y hay toda una historia de emigración desde suelo caribeño y hacia el norte antes de 1959”.
Recientemente la cancillería de Cuba recordó sus esfuerzos por garantizar un flujo migratorio regular, ordenado y seguro frente a las medidas de la administración estadounidense, que impiden ese tipo de tránsito, en tanto incentivan a los cubanos a salidas ilegales y a poner en riesgo sus vidas.
El gobierno cubano asevera, además, que la suspensión del procesamiento y otorgamiento de visas de inmigrante y de no inmigrante en el consulado estadounidense en La Habana y el traslado de estos trámites a terceros países ha fomentado las salidas ilegales y creado las crisis migratorias de los últimos tiempos.
Y este suele ser un argumento demoledor pues ya que Cuba favorece los viajes de sus nacionales, las salidas al exterior, las visitas de quienes residen fuera y la normalización de las relaciones de la nación y la emigración, así como el dialogo y la migración legal, la “pelota” en este difícil “partido” contra Washington está, definitivamente, en “canchas” de la Casablanca.