Golpe a la piedra angular
- Por Ania Fernández Torres
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He vivido desde que nací en una zona de guerra, sin bombas ni petardos evidentes. Estudié, me enamoré, parí y eduqué a mis hijos en una plaza sitiada, sometida a un desgaste solapado y continuo. Recibí todo de forma racionada, la leche, la ropa, los zapatos, los juguetes porque era la única forma de que alcanzara para todos.
Existieron tiempos buenos, pero nunca de abundancia, hemos aprendido a vivir en restricción y austeridad y eso, seamos sinceros, nos ha hecho más fuertes, pero también nos ha arrebatado muchas oportunidades, porque el muro inclemente, como el de la vieja ciudad bíblica de Jericó, que se levanta alrededor de mi isla desde 1962, reduce, drásticamente, los ingresos de mi país y dificulta su desarrollo.
Llevan algo de razón quienes aducen que, no todo es culpa del Bloqueo, hay cosas que son nuestras, internas, pero la raíz de todas las desgracias yace allí donde habita la primera piedra angular de este cerco, cada día más estrecho y más brutal, contra esta nación pecadora solo de humanidad y de querer ser ella misma.
Una Cuba sin bloqueo sería la oportunidad de ser y de mostrarnos plenamente, como somos, dijo Silvio en su sabiduría y afirmó: “Yo pienso que si bajo el bloqueo más cruel hemos conseguido nuestros propios candidatos vacunales (y lo digo sin triunfalismo), ¿de qué no seríamos capaces si viviéramos en paz, con las mismas oportunidades de los demás países?”.
Algo así como el “Si nos dejan”, de aquel viejo bolero, pues si bajo este “efecto de invernadero” hemos sobrevivido y aquí estamos, supongo que, sin él, podríamos tener, tal vez, una estación satelital en la luna, una sonda en Marte, un equipo investigando hacia el centro de la tierra o miles de réplicas clonadas de Ubre Blanca, que tanta falta nos hace.
Pero hay cosas más sencillas y terrenales como tener piezas de repuesto para computadoras, nacidas en el Norte, combustible a disponibilidad para las guaguas y que mi vecina enfermera no tenga que subir en brazos su bicicleta por la escalera inmensa después de una agotadora jornada de trabajo o exista harina de calidad, traída en un barco sin miedo de atracar en nuestros muelles, para hacer el pan nuestro de cada día.
Tal vez permisos para hacer transacciones en dólares, para honrar los compromisos, para pagar las deudas, comprar acero fiable y que, por ejemplo, el mulato, que construye unas viviendas en el Bosquecito del Feliú, como tantos otros imposibilitados de hacer bien su trabajo por falta de recursos, maldigan al Bloqueo y no a la madre que los parió cada vez que se le desatan las cabillas del encofrado.
Así, quizás, el padre de aquella niña que necesita una férula de Dennis Brown estará feliz porque se pudo importar, a tiempo, el tornillo especializado para llevar los pies de su pequeña a la postura correcta, o la madre del que demanda el uso del famoso y caro Aceite de Lorenzo, patentado en los Estados Unidos, respirará tranquila, sin sobresaltos, alguna vez en su vida.
Nuestros diplomáticos no tendrían que hacer magia para gestionar medicamentos de última generación para un bebe en Terapia Intensiva, ni los deportistas verse privados de premios y merecidos honorarios, ni los de comercio internacional soportar etiquetas como “riesgo Cuba” como justificación para subir los precios de cualquier producto.
Y aunque todavía algunos ciegos insisten en no ver el muro, y le restan importancia, en el último informe anual de Cuba sobre los daños provocados por el Bloqueo, se recoge que la isla perdió, entre abril de 2019 y marzo de 2020, la cifra récord de 5 mil 570 millones de dólares a causa de las sanciones y, a precios corrientes, los daños acumulados en las casi seis décadas suman 144 mil 413 millones de dólares.
Para eliminar esos males, por usted y por mí, que vivimos hace años en una zona sitiada, Cuba llevará este 23 de junio ante la Asamblea General de Naciones Unidas la resolución denominada “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, que en 2020 tuvo que posponer debido a la pandemia del coronavirus.
Es casi seguro, porque no han podido bloquear la solidaridad y el ejemplo, que la isla logre, como en ocasiones anteriores, un apoyo mayoritario en la condena a las sanciones unilaterales de Washington, endurecidas por la administración de Donald Trump.
Podría esperarse, si no ocurre un milagro, que como es tradición EE.UU e Israel, voten en contra de la resolución y de verdad sueño con que Brasil y Colombia, recuperen la cordura y se incluyan con el mundo, pues la votación más reciente, en noviembre del 2019, que se saldó con el respaldo de 187, de los 192 países miembros, fue un claro golpe a la piedra angular del Bloqueo.