Golpe a la matriz energética y a la vida de los cubanos
- Por Maribel Flamand Sánchez
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El caso de una de mis colegas no es aislado, sino el reflejo preocupante de una realidad que hoy azota a los cubanos. Con el sacrificio considerable de la familia, logró adquirir un panel solar, convencida de que ese equipo sería un bálsamo frente a los sistemáticos apagones que complican la cotidianidad del hogar. Cada peso ahorrado, cada privación asumida, tenía un propósito: proteger a los suyos de la incertidumbre energética. Sin embargo, ese sueño de estabilidad se desvaneció durante una reciente madrugada, arrancado de cuajo por la mano audaz de los delincuentes.
Hoy, mi colega no solo enfrenta la pérdida material, sino un sentimiento devastador de impotencia, sin obviar el efecto sicológico para la familia, que desde entonces no consigue lograr un sueño sosegado. Duele no solo el objeto sustraído, sino también la certeza de que estos hechos no cesan, se multiplican con una velocidad preocupante.
Lo que hasta hace poco tiempo era un hecho extraordinario, se ha vuelto corriente en nuestras comunidades, se ha instalado en el paisaje diario; es el "buenos días" para muchos, una rutina delictiva que se repite con descaro, como si los malhechores hubieran perdido todo temor a la ley y actuaran con la plena seguridad de que nada ni nadie podrá contenerlos.
Esta sensación de orfandad y desprotección es la que más cala en el ánimo popular. No es solo un robo; es una estocada al esfuerzo familiar, una burla a la política energética del país y un sabotaje a la esperanza de un pueblo que, contra viento y marea, intenta salir adelante. La impunidad con la que actúan estos delincuentes exige una respuesta férrea de las autoridades y una movilización social que devuelva la confianza en nuestra tranquilidad ciudadana, porque mientras sigan actuando como si no existiera quien los contenga, el miedo y la frustración seguirán ganando terreno en cada hogar holguinero.
En un contexto marcado por el recrudecimiento del bloqueo económico, financiero y energético impuesto por Estados Unidos, el gobierno cubano impulsa el programa de transformación de su matriz energética, con la energía solar como uno de sus pilares fundamentales. Esta estrategia busca mitigar los efectos de la crisis energética y garantizar servicios básicos a la población. Sin embargo, el robo de paneles solares va en franco ascenso y pone en peligro estos esfuerzos. La provincia de Holguín está siendo blanco de esta problemática, donde los hechos delictivos no solo representan un daño material, sino un ataque directo al bienestar de las comunidades.
En los últimos meses, la provincia ha sido escenario de múltiples robos que afectan infraestructuras críticas para la población. Uno de los casos más recientes ocurrió la madrugada del 5 de julio pasado, cuando malhechores sustrajeron cuatro paneles solares del punto de agua potable ubicado junto a los edificios de 18 plantas, en la ciudad de Holguín. Estos equipos alimentaban las bombas que garantizan el suministro de agua durante los apagones, un servicio vital para los residentes y vendedores particulares de agua en la zona. Cada uno de estos paneles puede alcanzar un valor cercano a los 300 dólares en el mercado cubano, lo que incentiva su reventa ilegal.
Estructura de un panel robado.
Este no es un caso aislado. En mayo de este 2026, un robo de mucha mayor escala intranquilizó al territorio: cuatro personas irrumpieron en la estación de bombeo de agua, en la localidad de Oscar Lucero, municipio de Holguín, golpearon y amarraron al custodio para robar 32 paneles solares. Aunque la mayoría de los módulos fue recuperada y los autores detenidos el mismo día, la violencia del acto y su impacto en el servicio de agua evidencian la gravedad de la situación.
La vulnerabilidad de las instalaciones también se ha manifestado en el sector de las telecomunicaciones. A finales de junio, también de este año, el robo de cuatro paneles solares en el sitio de televisión y comunicaciones de La Alcaraza, en el municipio de Sagua de Tánamo, dejó sin señal de televisión a cuatro consejos populares del Plan Turquino. Estos hechos demuestran que el hurto de paneles solares no es un delito común: va en contra de un programa nacional estratégico y afecta directamente la vida de los ciudadanos que, con mucho esfuerzo, ven cómo se deterioran sus condiciones de vida.
Un delito de sabotaje, no un hurto menor
Ante la magnitud de estas afectaciones, las autoridades cubanas han endurecido su postura legal. El Tribunal Supremo Popular, a través del Dictamen número 475 del 23 de mayo de 2025, reafirmó que los hechos ilícitos que afectan a infraestructuras críticas, como el Sistema Eléctrico Nacional, constituyen el delito de sabotaje. Este delito está tipificado en el Artículo 125 de la Ley No. 151, Código Penal, y establece sanciones ejemplarizantes que van desde los siete hasta los quince años de privación de libertad. Las penas se agravan considerablemente si el acto pone en peligro la seguridad colectiva o produce consecuencias graves, pudiendo llegar hasta los 30 años de prisión, la privación perpetua de libertad o incluso la pena de muerte.
La firmeza judicial ya se ha hecho sentir. En un juicio ejemplarizante en la provincia de Ciego de Ávila, dos ciudadanos fueron sentenciados a nueve y siete años de prisión por sustraer aproximadamente 50,000 tornillos destinados al montaje de estructuras para paneles solares. El tribunal consideró la elevada lesividad del hecho, el impacto económico-social generado —que superó los 620,000 pesos— y la importancia estratégica de las obras vinculadas al sector energético. Además de la pena privativa de libertad, los sancionados deberán reparar el daño material causado al Estado y enfrentan sanciones accesorias como la privación de derechos públicos.
Un llamado a la protección colectiva
El robo de paneles fotovoltaicos es un fenómeno que requiere una respuesta contundente y coordinada. No basta con la acción de la PNR y los tribunales; es necesario un llamado tanto a las entidades estatales como a la población en general para que se conviertan en guardianes de estas infraestructuras. La falta de vigilancia en lugares claves aumenta el riesgo para estos sistemas, y es imperativo que las empresas y organismos responsables refuercen la protección de los paneles solares, especialmente en puntos sensibles como estaciones de bombeo y nodos de telecomunicaciones.
Asimismo, la ciudadanía debe comprender que estos actos no son hurtos menores. Robar un panel solar es robarle a la comunidad el acceso al agua, a la electricidad y a las comunicaciones. Es un acto que, en el contexto del bloqueo y la crisis energética, adquiere una dimensión de sabotaje que atenta contra los esfuerzos de todo un país por superar sus dificultades.
Holguín está siendo golpeado por una ola de sustracciones de paneles solares que no puede ser ignorada. Estos delitos, que van en contra de los intereses de la nación y de su pueblo, exigen sanciones ejemplarizantes y una vigilancia férrea. La ley es clara y contundente, y los tribunales han mostrado que están dispuestos a aplicarla con todo el rigor. Pero la protección de estos recursos es una responsabilidad compartida. Solo con la unión de esfuerzos entre el Estado y la población se podrá frenar este flagelo y asegurar que la energía del sol siga iluminando el futuro de Cuba.
