Fidel, profundamente humano
- Por Ana Laura Campello Pérez / Estudiante de Periodismo
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El Museo Provincial La Periquera es escenario de importantes actividades en la provincia. Posee colecciones muy diversas: desde piezas vinculadas a las culturas aborígenes y la etapa colonial hasta objetos relacionados con el proceso revolucionario, entre muchas otras que conoce a la perfección Nélida Peña, directora de este emblemático edificio hace ya más de una década.
Sala Revolución
Ese nombre surgió cuando, tras la muerte de Fidel Castro Ruz, las autoridades del gobierno, el Partido y el Museo Provincial decidieron reorganizar y fortalecer espacios vinculados al proceso revolucionario. Entonces fue ideada esta sala en el Museo, y de esa manera se cumplía, por un lado, con el guión museológico y, por otro, se hacía un reconocimiento al legado de las figuras fundamentales de ese proceso histórico.
Les interesaba especialmente reflejar aquel primer encuentro de Fidel con el pueblo de Holguín desde los balcones de La Periquera, porque lo más importante de ese momento es que no fue un discurso solemne, sino una conversación coloquial: el pueblo preguntaba, él respondía, y a su vez también hacía preguntas.
Quisieron transmitir precisamente esa relación cercana entre el Comandante y el pueblo holguinero dentro del montaje expositivo de la sala. Mostrar cómo fue su influencia en el desarrollo político, económico y social de Holguín, y cómo el pueblo recibió esa relación con él.
"Cuando comenzamos el montaje de la sala —que no está dedicada exclusivamente a Fidel, pero que sí recoge parte de su legado y de la historia revolucionaria—, algunas personas, tanto cubanas como extranjeras, me dijeron que las fotografías de Fidel podían interpretarse como un culto a la personalidad.
"Yo siempre respondí que no lo veía así. Les decía: cuando uno quiere mucho a alguien, ¿acaso no guarda fotos de su familia en casa? Nosotros queremos mucho a Fidel y por eso sentimos la satisfacción de mostrar sus imágenes. No es culto a la personalidad; es respeto, admiración y afecto. Es una manera de mantener viva la presencia de alguien que marcó profundamente nuestras vidas, aunque ya no esté físicamente.
"Su legado permanece. La gente todavía lo recuerda. Muchas veces, cuando algo se hace mal, las personas dicen: “Si aquí estuviera Fidel…”. Y eso demuestra la influencia que tuvo y sigue teniendo su figura", sostiene Nélida, quien tuvo la oportunidad de participar directamente en ese proceso de concepción y montaje.
Antes de La Periquera
Todos la llaman Nela y con la pasión por su trabajo, que la caracteriza, recuerda su llegada al ámbito cultural en el año 1983 y las experiencias que han marcado su labor.
"Empecé a trabajar en el Archivo Provincial de Historia, del cual soy fundadora aquí en la provincia, como técnica en archivística. En aquel momento era reserva de la directora del Archivo y también reserva estratégica de Cultura. Entonces me informaron que existía una institución, la Plaza de la Revolución, que no tenía director, y me preguntaron si estaba dispuesta a asumir esa responsabilidad".
Así llegó a la dirección de la Plaza de la Revolución, donde permaneció trabajando durante 18 años.
En ese tiempo tuvo varias oportunidades de ver a Fidel Castro. Sin embargo, hoy rememora aquella vez del año 1996, durante un encuentro del Comandante con el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba de la provincia por aquellos años.
Estar cerca
"Su figura era imponente. Recuerdo cómo respondía preguntas y, al mismo tiempo, les hacía otras a los periodistas. Tenía la facilidad para manejar la información y conducir una conversación. Eso provocaba cierto temor, porque uno nunca sabía exactamente qué podía preguntarte. Muchos periodistas comentaban que parecía inaudito que alguien pudiera tener tantos conocimientos sobre asuntos tan distintos y la virtud de explicar las cosas con claridad y hacer que las personas comprendieran".
Nunca se acercó más a él porque se sentía tímida o porque el protocolo que rodea a estas figuras imponía cierta distancia. "Cuando trabajas en lugares así, formas parte de ese protocolo y entiendes que todo tiene una estructura y una organización muy estricta. También influía el nerviosismo natural que genera estar frente a una figura de ese nivel", comenta.
Asegura que para ella fue muy importante haber podido escucharlo, observarlo de cerca, ver su rostro y las arrugas que ya comenzaban a marcarse más. "Escuchar esa manera pausada de hablar, esa cadencia de alguien que piensa cuidadosamente lo que va a decir, sin apresurarse".
Lo vivido en ese encuentro le dio a Peña herramientas para comprender mejor la personalidad del líder histórico y, de alguna manera, influyó en su forma de trabajar y de entender la gestión cultural.
Para Nélida, Fidel Castro ha sido una de las personalidades más grandes de este país en términos de inteligencia, liderazgo y capacidad de dirección.
"Yo siempre lo voy a defender, esté donde esté. Realmente me sentí muy satisfecha de haber podido estar cerca de un hombre como él. A pesar de la magnitud de su personalidad y de la imagen pública que proyectaba, yo lo sentía cercano a las personas, profundamente humano".
