La Catarsis de lo Verde
- Por Alionuska Vilche Blanco
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Fotos: De la autora
El verde no es un color cualquiera en la poética de Federico García Lorca. Es el verde de la esperanza, la pasión, la tierra que espera ser fecundada. Precisamente de ese verde, el más profundo y contradictorio del universo lorquiano, bebe Verde, la más reciente apuesta escénica del grupo Catarsis Teatro, que tuve el placer de presenciar hace pocos días en "La esquina teatral", un espacio de la sede holguinera de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).
Es sin dudas una obra ambiciosa, de elevada fuerza dramática que entrelaza teatro, danza folclórica flamenca y música en vivo. Bajo la dirección general de Verenice González, el colectivo, integrado por jóvenes instructores de arte, concibió una puesta en escena con un excelente diseño escénico que rendió tributo al legado del poeta granadino.

No fue esta la primera vez que se presenta en Holguín, pero aún así no ha perdido su fuerza. La apuesta es un tríptico dramático que pone en pie a tres figuras femeninas esenciales de la literatura universal: Yerma, la Zapatera y la Tarara. La estructura escenográfica las sitúa en plataformas individuales, generando un dinamismo visual que refuerza la psicología de cada una. Era posible sentir el dolor, la pasión y la rebeldía de estas mujeres lorquianas, cuyas historias, aunque separadas en el espacio, contienen una misma angustia: la lucha contra los cánones y dogmas establecidos por la sociedad.
El éxito de esta puesta reposa sobre un elenco de excelencia. Alejandra Calero asume el desafío de encarnar a la trágica Yerma, esa mujer que Lorca describe como un “campo seco donde caben arando mil pares de bueyes”. No es fácil transmitir la fractura entre el anhelo y la realidad, entre la honra y la pasión, pero Calero logra estremecer. Junto a ella, Catheryn González imprime el temperamento fogoso de la Zapatera, mientras que Thalía Urquiza combina sus facultades como bailarina y actriz para dar vida a la Tarara.

A este trío actoral se suma el talento dramático y musical de Jennifer Rodríguez, violinista y estudiante de la Escuela Profesional de Música José María Ochoa, junto a Criff Mora. Tres instrumentos musicales ejecutados en escena guían el engranaje rítmico y la atmósfera de la obra, por lo que tiene una alta carga sonora que cohesiona las tensiones líricas de la trama.
El espacio de la AHS, con la disposición del escenario, facilitó un intercambio directo y visceral del público con el elenco. No hubo distancia. La escena, despojada de artificios, confrontó a los espectadores con las preguntas incómodas que Lorca planteó hace casi un siglo: ¿Qué es ser mujer cuando el cuerpo se niega a cumplir su mandato social? ¿Qué lugar queda para el deseo cuando la norma lo aplasta? Catarsis Teatro, fiel a su nombre, concibe el teatro como un espejo confrontacional y un espacio de purificación emocional.
