Respetar la privacidad
- Por Rodobaldo Martínez Pérez
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En cualquier tipo de relación el respeto y la honestidad son esenciales para reforzar tu sentido de unidad, identidad común y salud mental.
Así tu capacidad es óptima para interactuar sanamente con los demás, según necesidades básicas, físicas y psicológicas de acuerdo con diferentes intereses que pueden ser primario o secundario.
La honestidad cimienta el respeto, confianza, intimidad, pasión y compromiso de ser recíproco en las acciones de unión, al entender el punto de vista del otro, aunque no coincidamos, tolerar los sentimientos positivos y negativos, sin cuestionarlos.
Hay que fortalecer la empatía para la escucha profunda, sin defenderte, aceptar las diferencias de opiniones, ponerte en el lugar del otro para concebir cómo actúa en una situación específica, pero si hay desacuerdos no buscar culpables, porque crea un ambiente tóxico con lluvias de nocivas dudas.
Si es en el caso de tu pareja muy importante que los dos entiendan las perspectivas del otro, porque la confianza existe cuando prevalece la certeza de que en cualquier escenario el comportamiento es desde el amor.
Cada quien tiene su propia historia, amistades, hábitos, gustos, pensamientos, emociones y espacios, incluso sin la obligación de compartirlos, pero si hay secretos deshonestos, la información disimula la confianza y pierde el respeto, deshojándose la honestidad.
Es un anhelo común construir conexiones significativas, mientras te esfuerzas por ser fiel a ti, pero no es agradable tener que justificar para satisfacer suspicacias o por qué no queremos contar algo íntimo, privado, ni que te revisen el móvil u otras prendas personales.
Hay que reconocer las frustraciones, incluso hasta las acumuladas por el paso de los años y para vencerlas debes mantenerte, intensamente, enfocado en el resultado, no en los obstáculos y menos en el que dirán.
Los complejos procesos mentales en la conducta humana son diversos, según los contextos sociales y culturales, por eso hay enmarañados comportamientos como quienes obligan a que te cuenten lo que tú quieres conocer por estados ansiosos y olvidas el respeto, y confianza muy dañina para cualquier relación.
Nadie debe ser forzado a contar lo que no desea y menos como una prueba de honestidad y, si insiste demasiado, el efecto es contrario al crecer los perjuicios como coacción emocional, pero no es igual si estás dispuesto a oír y conversar, de mutuo acuerdo.
¡Consejos de ahora! “Entrar al mundo interior del otro debe ser por invitación no por obligación. Hay que respetar la privacidad. Vivir en constante sospecha acaba con cualquier relación. No alimentes las conexiones tóxicas. No beneficies las dudas. Siempre hay distintas maneras de ver los sucesos. Ten el orgullo de ser honesto. Acepta las incompatibilidades. Cuando dos personas se sienten cómodas estando juntas comparten intereses y objetivos libremente. No mientas jamás. Cuando se pierde el espacio personal, la relación puede volverse asfixiante. Dar margen para la individualidad fortalece la conexión. El amor no es control ni vigilancia; es confianza y libertad de ser uno mismo dentro de la relación.
Reflexionemos con Juan Eusebio Nieremberg, el humanista español: “Lo que no quieras que sepan muchos, no lo digas a nadie”, Francisco, VI duque de La Rochefoucauld, filósofo francés: “Cómo pretender que otro guarde tú secreto si tú mismo, al contárselo, no lo has sabido guardar” y William Shakespeare, dramaturgo y actor inglés: “Ten más de lo que muestras, habla menos de lo que sabes”.