Veneno: Enojo
- Por Rodobaldo Martínez Pérez
- Hits: 148
Uno de los tóxicos emocionales es el enojo por situaciones que calificas de insoportable o diálogos entorpecidos desde embestidas de palabras desordenadas y alteradas que desembocan en esta agitación que todos conocen tal vez fugaz o como furia excedida.
Contaminan las relaciones humanas, además: quejosos, comparaciones, competitividades por encima de tu confort, escasez espiritual, procacidad, deshonestidad, burlas, inflexibles, envidias…
Ante esos escenarios siempre debes lograr una relación robusta contigo para tu mejor salud mental, emocional, resiliencia, resistencia, flexibilidad al ser siempre fiel a ti y exhibir tus virtudes.
Si no sabes controlar tu enojo la situación puede ser destructiva, ocasionar graves problemas en las relaciones familiares, laborales, sociales, personales con pésima calidad general de tu existencia, al sentir como si estuvieras a merced de una emoción impredecible y poderosa que te subyuga.
Para evitar el enojo requieres cultivar tu bienestar, sentido del humor, felicidad para vivir de manera más plena, estable, con emociones satisfactorias, al escalar, cada vez más, en tu mejor versión.
Siempre recuerda que tus desafíos te ayudan a crecer y consolidar un adecuado desarrollo para evitar, en este caso, el enojo, que puede ser causado por evocaciones traumáticas, diabólicas reflexiones, celos enfermizos o todo aquello que se atraviesa por tu mente y te evita razonar con luminosidad.
Muchas veces tu irritación es por querer transformar una situación que no te hace feliz, pero si lo haces pasivamente es un agente de cambio auténtico, de lo contrario esa ira incontrolable es muy nociva para ti en cualquiera de tus relaciones humanas.
De ahí la importancia de enfocar tu mente para actuar efectivamente, con mucha equidad, porque el enojo puede ser muy rápido y es decisivo pensar con luminiscencia para evitar daños verbales o físicos, que luego te arrepientes y hasta te hace un juicio moral.
Según los especialistas: “El cerebro entiende en 300 milisegundos que algo no está correcto y se puede perder el control en menos de media hora. Una discusión puede generar tanta irritación que se pierde la entrada a la parte más racional del cerebro. Después de 30 minutos, el coraje cambia y ya podemos analizar objetivamente los detalles…”
Hay quienes se encolerizan con facilidad, aunque no siempre insultan, baten objetos o prefieren fajarse con la pared, otros se retraen socialmente, se amargan, se enferman o salen de su control por disputas verbales.
También hay quienes no demuestran su ira gritando, pero son crónicamente malhumorados. Las personas que se enojan con facilidad, por lo general, tienen lo que los psicólogos denominan baja tolerancia a la frustración, que significa que estas sienten que no deberían estar sujetos a la frustración, irritación o a los inconvenientes.
¿Qué hace que estas personas sean así? Por origen genético o fisiológico. Algunos niños nacen irritables, sensibles y se enojan con facilidad. Elementos presentes en edades tempranas. Otro factor puede estar asociado a la manera cómo educar para lidiar con el enfado.
¡Consejos de AHORA!: Toma las cosas con calma. Dale importancia cuando te corrigen por un error. Reflexiona antes de enfurecerte. Está bien expresar tu ansiedad u otras emociones, pero no la violencia por tu enojo. Aprende a manejarlo o canalizar constructivamente. Identifica el problema: ¿Qué te enoja?, ¿qué es lo que sientes y por qué?
Date un momento para pensar cómo reaccionar, antes de hacerlo. ¿Qué puedes hacer? ¿Cuál es la mejor opción? Formas más comunes del enojo: gestos faciales. lenguaje corporal, agresiones verbales o físicas. Aléjate de las relaciones tóxicas y conflictivas. No tengas sentimientos de soledad. No perjudiques tu vida. El enojo puede llevarte a problemas cardiovasculares, psicológicos y múltiples trastornos del estado de ánimo.
Aprendamos con Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos: “Si estás muy molesto, cuenta hasta cien”. Mark Twain, escritor estadounidense: “La rabia es un ácido que puede hacer más daño en el recipiente en el que se almacena que en cualquier otra cosa en que se vierte”; y Giovanni Papini, escritor italiano: “La ira es como el fuego; no se puede apagar sino al primer chispazo. Después es demasiado tarde”.