La Galia del Caribe: Cuba bajo el asedio de la CIA

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En las páginas de Goscinny y Uderzo, una pequeña aldea rodeada de campamentos romanos desafía al César. Los galos Astérix y Obélix no poseen oro ni vastas extensiones de tierra; su única riqueza es ese pedazo de suelo que pisan y el secreto de una poción mágica que les otorga una fuerza sobrenatural.

​En el mapa geopolítico del siglo XX y lo que va del XXI, Cuba ha sido esa pequeña Galia. Su "poción mágica" no hierve en una marmita de druida, sino que se destila en la riqueza de su cultura, en una idiosincrasia indomable y en la defensa cerrada de un derecho fundamental: la ruta de sus propios sueños. Sin embargo, frente a ella, el Imperio Romano de nuestra era, Estados Unidos, ha mantenido un asedio que supera la ficción. De la Doctrina Monroe a los archivos desclasificados de la CIA, la obsesión por la isla ha sido la columna vertebral de la política exterior estadounidense.

​El ojo de la Inteligencia: Entre la obsesión y el fracaso

​Si analizamos la historia a través de los documentos de la propia Agencia Central de Inteligencia (CIA), como se detalla en estudios exhaustivos sobre sus operaciones encubiertas, Cuba deja de ser una isla para convertirse en un "caso de estudio" de la persistencia imperial. Tras la derrota de España en 1898, Estados Unidos no vio en Cuba a una nación soberana, sino a una fruta madura destinada a caer en sus manos.

​Con el triunfo de la Revolución en 1959, la vigilancia se transformó en guerra abierta. El libro de Fabián Escalante, La guerra secreta, documenta meticulosamente cómo la CIA estructuró el proyecto de liquidación de la Revolución. No se trataba solo de espionaje, sino de una ingeniería del caos. Según los archivos de la Agencia, se contabilizaron más de 600 intentos de magnicidio contra Fidel Castro. Desde puros explosivos hasta trajes de neopreno contaminados con hongos, la creatividad de Langley se puso al servicio de la eliminación física del líder que personificaba la resistencia del "pueblo galo".

​Triangulación del asedio: La visión de los expertos

​Autores como Noam Chomsky han señalado que el castigo a Cuba no responde a una amenaza real a la seguridad nacional de EE.UU., sino al "peligro del buen ejemplo" o, más técnicamente, al desafío de la soberanía. En Hegemonía o supervivencia, Chomsky argumenta que la intervención estadounidense busca castigar la desobediencia.

​Por su parte, William Blum, en su obra Asesinando la esperanza, detalla cómo Cuba ha sido el blanco de la guerra biológica más prolongada de la historia (introducción del dengue hemorrágico, la fiebre porcina africana, etc.) y de un bloqueo económico que el propio Departamento de Estado, en el infame memorándum de Lester Mallory de 1960, definió como la vía para "causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno".

​La CIA no solo observó; ejecutó la invasión por Playa Girón y financió bandas armadas en el Escambray. Como relata Tim Weiner en Legado de cenizas: La historia de la CIA, Cuba representó para la Agencia una de sus mayores humillaciones, demostrando que la superioridad tecnológica y financiera no siempre puede doblegar la voluntad de un pueblo que se siente dueño de su destino.

​La gran contradicción del Imperio

​Llegamos aquí a la pregunta inevitable que el análisis lógico nos impone: Si el modelo que Cuba ha intentado construir es tan "malo", "ineficaz" y "fallido" por su propia naturaleza, ¿por qué el imperio más poderoso de la tierra necesita invertir miles de millones de dólares para asfixiarlo?

​Si el sistema cubano estuviera destinado al colapso por su propia inercia, el gobierno de los Estados Unidos no gastaría presupuestos astronómicos en propaganda (Radio y TV Martí primero, luego la astronómica campaña en redes digitales), en financiar una disidencia interna fabricada, ni en mantener una red de inteligencia tan vasta dedicada exclusivamente a monitorear y sabotear cada transacción comercial de la isla.

​La energía humana y financiera que Washington despliega para evitar que el gobierno cubano prosiga su curso es la prueba más fehaciente de que el Imperio teme, por encima de todo, que la pequeña Galia del Caribe demuestre que se puede vivir sin el permiso del César. El asedio no es contra un "modelo ineficaz", sino contra la posibilidad de que la soberanía sea contagiosa. Al final, como en el cómic, la aldea resiste, no por ser invulnerable, sino porque la pócima de su identidad es una muralla que ningún presupuesto de inteligencia ha logrado derrumbar.

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​Referencias bibliográficas consultadas:

1. ​Escalante, Fabián. La guerra secreta: Proyectos de asesinatos de la CIA contra Fidel Castro. (Análisis detallado de los planes de magnicidio y operaciones encubiertas).

2. ​Weiner, Tim. Legado de cenizas: La historia de la CIA. Debate, 2008. (Crónica de los fracasos y operaciones de la Agencia en Cuba).

​3. Chomsky, Noam. Hegemonía o supervivencia: La estrategia imperialista de EE. UU.. Ediciones B, 2004. (Sobre la lógica del castigo a la soberanía cubana).

​4. Blum, William. Asesinando la esperanza: Intervenciones del ejército de los EE. UU. y de la CIA desde la Segunda Guerra Mundial. (Documentación sobre guerra biológica y sabotaje económico).

5. ​Memorándum de Lester D. Mallory (6 de abril de 1960). Archivos del Departamento de Estado de EE. UU. (Fuente primaria sobre los objetivos del bloqueo).


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