Confesiones inéditas de María Dolores Rodríguez
- Por Rosana Rivero Ricardo
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“El día que estaba haciendo mi primer espectáculo como directora del Teatro Lírico, yo sentí clarito, clarito, como si Raúl estuviera vivo. Miraba con el ojo izquierdo y lo veía en esa esquinita del Teatro Suñol, cuando te paras en el escenario de frente al público, a mano izquierda. Raúl Camayd tenía la costumbre de sentarse en una sillita o algo que hubiera ahí, con la cortina recogida, sobre el escenario. Él vigilaba todo lo que pasaba en el teatro y en las obras desde allí, sentadito comiéndose las uñas”.