Madre de varones
- Por Claudia Patricia Domínguez
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Era otra tradicional mañana de domingo en Media Luna, pero aquel 9 de mayo de 1920, en una modesta casa del pueblo, llegaba una nueva alegría a la ya numerosa familia de Manuel Sánchez y Acacia Manduley. Llamaron a la pequeña Celia Esther de los Desamparados, nombre que resultó profético, pues aun sin saberlo, traían con ella una estrella para Cuba, que incluso desde la tierna juventud dedicó sus esfuerzos en ayudar a los menos afortunados.
Era un experimento. Nativos digitales, analógicas criaturas que pasaban los treinta, con celulares atrasados, poetas, performers, músicos, madres con niños indormibles, gente sentipensante unida en un chat de Telegram para encontrar, en medio de una noche de Romerías y en mayo una Entrada de Emergencia al verso, a la belleza, o al menos a algo diferente al tedio.