Garantía en la protección de vidas y recursos

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Siempre con el reto como bandera, la Defensa Civil en Cuba, más que una institución, es un sistema integral de protección que ha salvado vidas y resguardado la economía durante más de seis décadas. Su historia, marcada por el perfeccionamiento constante, refleja la prioridad de la Revolución por garantizar la seguridad de su pueblo frente a cualquier amenaza.

Nacida por iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro el 31 de julio de 1962, bajo el nombre de Defensa Popular, su objetivo inicial fue proteger las industrias nacionalizadas de los actos de sabotaje provocados por la contrarrevolución. Integrantes de la Organización de milicias industriales se prepararon para acometer esta misión y mantener a resguardo los recursos y las instalaciones.

Sin embargo, la labor de la Defensa Civil no se limitó solo a ello. El devastador paso del huracán Flora en 1963, que causó más de mil muertes en la región oriental, fue un punto de inflexión que evidenció la necesidad de un sistema mucho más amplio y robusto. Esta tragedia impulsó la consolidación de sus estructuras, oficializadas con la Ley No. 1194 el 11 de julio de 1966, que sentó las bases para una organización dedicada a la protección de la población y sus bienes ante desastres naturales.

Por otra parte, la estrategia del Comandante en Jefe Fidel, denominada “voluntad hidráulica”, para enfrentar la sequía intensa del período de 1961-1962 y que se extendió tras la amarga experiencia del evento meteorológico hasta nuestros días, marcó también la ruta de lo que debía ser la Defensa Civil en la Isla, una garantía en la preservación, pero también en la prevención, algo distintivo del sistema cubano.

De ahí el impulso en la construcción de embalses asociados a los Trasvases Este-Oeste y Norte-Sur para reservar agua, hacerla llegar a los sitios menos favorecidos y reducir la probabilidad de inundaciones.

El fortalecimiento del sistema ha sido un proceso continuo, moldeado por las lecciones de cada evento. La epidemia de dengue hemorrágico, introducido por el bioterrorismo en la década de 1980, llevó a la creación del Centro de Investigaciones Científicas de la Defensa Civil, dotando al país de capacidades para enfrentar amenazas sanitarias.

En 1986 se instituyó el ejercicio popular Meteoro, que hasta hoy prepara a los órganos de dirección y a la población para afrontar desastres, a partir de la evaluación y el perfeccionamiento de sus protocolos de actuación. Desde el nivel nacional hasta los territorios y los organismos de la Administración Central del Estado, las entidades de la economía y las Fuerzas Armadas Revolucionarias se encaminan acciones para mitigar el impacto de desastres con una mayor participación popular.

Con el tiempo, el sistema se ha vuelto más científico y preventivo. Un hito crucial fue la creación de los Centros de Gestión para la Reducción del Riesgo de Desastres, a partir de 2005, y la implementación de los Estudios de Peligro, Vulnerabilidad y Riesgo, herramientas que permiten a los gobiernos locales tomar decisiones basadas en datos para mitigar el impacto de fenómenos como huracanes o sequías. Esta visión prospectiva se integra plenamente en la Tarea Vida, la estrategia cubana contra el cambio climático.

El impacto en la salvaguarda de la población es incuestionable. La capacidad de movilización, evacuación y respuesta del sistema fue reconocida internacionalmente por la ONU durante el huracán Melissa en 2025, cuando se logró proteger a más de 735 mil personas y no se reportaron víctimas fatales. Funcionarios de la ONU destacaron la eficacia del modelo cubano, que permite una respuesta ágil y coordinada, incluso bajo el acoso del bloqueo económico, en contraste con la realidad de otras naciones. La colaboración internacional y la integración de tecnologías modernas como drones y sistemas de información espacial en los ejercicios Meteoro demuestran su constante evolución para proteger los recursos económicos y la infraestructura social.

La Defensa Civil cubana se ha fortalecido a través de la experiencia, la integración de todas las fuerzas de la sociedad y la voluntad política de mantener la preparación como la mejor estrategia para salvar vidas y defender los recursos de la nación. No es una estructura estática, sino un pilar dinámico de la seguridad nacional que, fiel a su origen, sigue siendo un bastión por la vida y un componente esencial en la promoción de una cultura de prevención y preparación, lo que permite fortalecer la resiliencia nacional y la capacidad defensiva del país, tal y como refleja la Ley 75, de la Defensa Nacional.

Yanela Ruiz González
Author: Yanela Ruiz González
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Lic. en Estudios Socioculturales, periodista de la Casa editora ¡Ahora! Especializada en temas de Educación y Educación Superior Fan de las redes sociales

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