La sonrisa que guía a los pioneros

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Si algo identifica a Lidiannis Chacón Sánchez en los pasillos de la ESBU Abel Santamaría Cuadrado es esa sonrisa permanente que le brota desde adentro. Es jovial, dinámica, y está siempre dispuesta a organizar una acampada, a bailar casino con sus pioneros o a celebrar una elección como si fuera la primera vez.

Cuando habla de su escuela, de sus muchachos o de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), los ojos le brillan y la sonrisa se le ensancha. No es para menos: lleva 21 cursos escolares en este centro y once años consecutivos como guía base. Justo en el año en que la OPJM celebra su aniversario 65 y en vísperas de que el mundo conmemore el Día Internacional de la Mujer, sentarse a conversar con ella es adentrarse en la historia viva del movimiento pioneril en Holguín, contada por una de sus más fieles guardianas.

La alegría de formar generaciones

‒ Mi mayor satisfacción es ser profesora de Biología de octavo y noveno grado en la ESBU Abel Santamaría Cuadrado, donde también soy guía base del colectivo pioneril. Llevo 21 cursos escolares en este centro, pero mi historia con la educación comenzó mucho antes, en San Germán. Nací en Holguín, pero toda mi infancia y parte de mi adolescencia las viví allá, porque mi papá, por cuestiones laborales, se fue a trabajar.

San Germán es la esencia de quien soy. Tuve excelentes educadores allá: mi maestro Pedro Calzadilla, que me impartió quinto y sexto grado, y mi maestra Miriam Feijóo, de primero a cuarto. Ellos me vincularon a la cultura, especialmente al grupo de aficionados de la Casa de la Cultura, y tal vez eso incidió en que me gustara el trabajo de educadora. No solamente impartir conocimiento y desarrollar habilidades, sino sacar el potencial que cada ser humano tiene dentro. Esa es la razón de ser maestra.

Estudié en el Instituto Superior Pedagógico de Holguín, la Licenciatura en Educación en la especialidad de Biología. Fueron tiempos de aprendizaje, pero también de fortalecer valores como el compañerismo y la ayuda mutua.

Al graduarme, cumplí mi servicio social en San Germán, donde trabajé seis cursos. Comencé en una secundaria interna y después en una secundaria urbana. Por necesidad del municipio, impartí Matemáticas, aunque mi especialidad era Biología. En 2004 comencé a trabajar en la secundaria Abel Santamaría Cuadrado, y hasta hoy.

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En estos 21 cursos me he desempeñado en muchas funciones: fui Profesor General Integral (PGI), jefa de grado y, desde 2015, soy guía base de manera continua. Pero si algo guardo en el corazón es haber sido PGI un ciclo completo, de séptimo a noveno grado. Fue maravilloso. Aunque había que estudiar mucho, llegar al adolescente y descubrir su potencial es algo único. Muchos de aquellos alumnos hoy son hombres y mujeres, tienen familias, y lograron lo que se propusieron. Cuando me encuentro con ellos por la calle me recuerdan con mucho cariño, me escriben... Eso no tiene precio.

Mi llegada al trabajo como guía base aquí fue casi por destino. El guía que estaba en la escuela se fue de misión a Venezuela y, antes de irse, averiguó cómo yo sabía tanto del trabajo pioneril. Descubrió, a través de un profesor de San Germán, que yo había sido guía base antes, y dejó dicho que yo era la persona indicada para continuar su labor. En aquel momento yo era militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, y asumí el reto.

Recuerdo que comencé organizando la Fuerza de Acción Pioneril (FAPI), después los actos de entrega del carné de la UJC a los pioneros de catorce años, y todo quedó muy bonito. Luego fui jefa de grado por un tiempo, pero ese bichito del trabajo pioneril se quedó latente hasta que, en 2015, decidí retomarlo. Y hasta hoy, once años continuos.

De todos los procesos que realizamos, las elecciones pioneriles son mi favorito y el que nunca olvidaré. Ese día es una fiesta, la jornada en que los pioneros ejercen su derecho a elegir y ser elegidos. Y tengo una enorme satisfacción —mis pioneros pueden confirmarlo—: mi colectivo siempre ha sabido elegir bien. Siempre han sido pioneros respetados, ejemplo ante el grupo. Incluso tuve una presidenta de colectivo que, siendo de séptimo grado, logró mantenerse en esa función los tres cursos escolares. Eso es un privilegio, un lujazo: poder trabajar con una misma pionera durante todo su tránsito por la secundaria.

Otro proceso hermoso es la categorización del movimiento de pioneros exploradores, cuando hacemos el acto en secundaria básica y ellos alcanzan sus especialidades. Cada cual elige la que desea, y es muy bonito ver el día del acto, con demostraciones, y la activación del Guajirito Soy. Ese es un día de fiesta aquí, donde el colectivo se prende en emulación, entusiasmo, alegría y cubanía. Buscan la música cubana, el vestuario, los bailes, y retomamos todo eso tan hermoso que forma parte de nuestra cultura.

Asimismo es el 4 de abril, el cumpleaños de la organización: lo celebramos de disímiles formas. El año pasado hicimos caldosas gigantes por grado, nos coordinamos con la FEEM, realizamos actividades deportivas y festivales de juegos participativos.

Y las acampadas... cómo no. El curso pasado acampé en dos ocasiones, en octubre y en mayo. Yo todavía tengo piernas de guerrilla, como digo yo. A veces hay averías, como nos pasó con el tema de la corriente, pero la acampada sigue. Hacemos caldosas de ley, distribuimos las tropas, organizamos actividades culturales, y nadie duerme. Es actividad tras actividad, de lo más bonito que sale.

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A pesar de todas las situaciones que existen actualmente, la Organización de Pioneros es la esencia para lograr la formación integral que queremos en nuestros adolescentes. A través de cada actividad, desde un matutino hasta una presentación cultural por una fecha conmemorativa, estamos formando valores, resaltando lo propio del cubano y haciéndolos felices. Cada cual es feliz a su manera: el que toca un instrumento porque logra hacerlo, los que lo disfrutan porque lo ven en ese pionero, y hasta algunos aspiran a poder decir un día: «Me voy a parar ahí y voy a hacerlo como él». Pienso que la alegría de una institución educativa está en el funcionamiento de la Organización de Pioneros.

Mi mayor realización, y se lo digo de corazón, es cuando me encuentro con mis pioneros después de que han pasado los años y me dicen: «Profe, la mejor etapa de mi vida fue mientras transité por la “Abel Santamaría” y fui pionero. Eso nunca lo vamos a olvidar». Cada uno lo expresa a su manera, en su léxico, pero todos coinciden en que allí aprendieron a ser hermanos, a ser compañeros, a ayudarse, a compartir, a aprender de todos. Y eso es lo que logramos.

He recibido reconocimientos en todos los 4 de abril, en actividades municipales y provinciales, siempre por los resultados de mi colectivo pioneril y por mi labor. Pero el reconocimiento mayor es la alegría de estos muchachos, de mis pioneros. Verlos motivados, sacarlos del celular para que vivan otras cosas —porque esto se impone—, y que disfruten compartir, conversar, aprender a bailar.

Yo creo que la Organización de Pioneros es una clase también, porque lleva implícito un aprendizaje. La clase es lo fundamental en una institución educativa, pero a través de todas las actividades pioneriles, de la activación de los proyectos de grupos y los movimientos, hay un aprendizaje para la vida. Y pienso que ahí vamos, que aquí estaremos.

En este año, cuando la OPJM cumple 65 años, no puedo dejar de pensar en lo que significa para mí ser guía base. Es mantener viva la llama de la cubanía, de los valores, de la alegría. Y en el Día Internacional de la Mujer, quiero reivindicar a todas las mujeres que, como yo, encuentran en la educación y en la formación de las nuevas generaciones un motivo para levantarse cada día. Porque al final, lo que queda es el cariño de los pioneros, sus recuerdos, y la certeza de que sembramos futuro.

Liban Fernando Espinosa Hechavarría
Author: Liban Fernando Espinosa Hechavarría
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Siento al ¡ahora! como mío y afirmo, sin miedo a equivocarme, que este periódico sexagenario es parte de lo que somos todos los holguineros.

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