Alain entre los márgenes de la realidad
- Por Alionuska Vilche Blanco
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Foto: Andrés Zaldívar
Es un matancero admirador de las historias de su pueblo, ingeniero químico que construye mundos de ficción, y sin dudas un escritor en ascenso dentro del panorama literario joven de la isla. Por suerte para los lectores, Alain Gómez Pérez, admitió su talento para contar y asumió la escritura como el trabajo creativo y necesario que es, dedicándole más tiempo y ganas. Gracias a ello, nacieron obras como Joyas, La visita, y Mar de Vidrio.
Después de un largo viaje desde Matanzas para la presentación de su obra teatral La visita, no podía dejar que se fuera sin contarme un poco más de sí. Me causaba mucha curiosidad que sea ingeniero químico, una profesión donde se prioriza el pensamiento sistemático y por otro lado, desarrollara la escritura de textos literarios, asumiendo la libertad casi anárquica de la ficción.
—La convivencia de estas dos formas de pensamiento es compleja, pero la mentalidad del científico no se aparta tanto de la literatura, porque al final también estás creando. Lo que aporta es conocimiento tecnológico que puedes usar en tus obras si quieres. No es tanta la separación, sino saber manejar ambos para que no se solapen.
—¿Has utilizado ese conocimiento en tus textos?
—Todavía no quiero. Ahora trabajo en el rescate de leyendas y mitos matanceros, una reinterpretación desde el realismo mágico.
—Has dicho que no te interesa el realismo. ¿Qué buscas en la fantasía y el terror?
—Nunca hay que hablar en absolutos, pero por ahora prefiero el realismo mágico, la fantasía y algo de ciencia ficción, porque permiten explorar temas complejos. Mi realismo cotidiano lo vivo todos los días; voy a buscar algo más que no está aquí. Si estoy en un entorno realista, ¿qué puedo agregarle que lo haga mágico, que le dé más sazón?
—Sin embargo, tus personajes son muy humanos.
—Cada historia surge de un personaje. Él te dice por dónde va, si quiere sufrir, llorar, reír, o provocar el deseo de abrazar a alguien. Después buscas en qué contexto situarlo. A mí me gusta el tema de la memoria, los recuerdos, que aparece casi siempre de forma sutil o evidente. Si el personaje logra transmitir emoción, no importa si la historia es realista o fantástica.
—En La visita es notable que escribes con absoluto conocimiento del contexto y los hechos ocurridos alrededor de la tragedia del Titanic…
—Me gustaba el Titanic desde niño. Elaine Vilar, en el taller, me pidió que escribiera algo alejado de mí. Recordé mi documentación y empecé a investigar más. Apareció la historia de un pueblo irlandés, Cobn, donde 14 personas viajaban en el Titanic y ninguna se salvó. Eso me permitió explorar cómo llegaban a embarcarse. Por ejemplo, descubrí que el Titanic no entraba en la bahía irlandesa, sino que fondeaba fuera y se usaban barquitos pequeños. Ese detalle salva la verosimilitud. Incluso usé la flor nacional de Irlanda como símbolo recurrente.
—Entonces asististe al Laboratorio de Escritura de Elaine Vilar y ella te guió en este camino de la escritura.
—Sí. Fue en tiempos de COVID. Un amigo leyó mis cuentos y me recomendó el taller, que antes era solo en La Habana, pero se abrió por WhatsApp. Elaine revisaba mis textos en clases de hora y media, señalaba problemas, ajustes, tipo de voz, estilo. Era una clase magistral para arreglar tu propio texto. Empezamos con cuentos y luego ella me preguntó si quería continuar en poesía o teatro. Me fui al teatro y no me he alejado, aunque lo que más me llama es la narrativa.
—¿Y cómo nace un texto en ti?
—Todavía no lo sé. A veces parte de una imagen, una frase, un objeto, un suceso. Por ejemplo, La visita vino de un documental sobre el Titanic.
—Esta es una obra para adultos, pero escribes también para niños y adolescentes.
—Escribo lo que se llama middle grade (de 8 a 12 años). Es el tipo de historia que me gusta consumir como adulto: busca lo fantástico dentro de lo cotidiano. Para un niño eso es increíble. Son las historias que quería leer de niño y no tenía. No hay que tratar al niño como bobo, porque no lo es; tampoco como un adulto maduro. Hay que investigar cómo piensa.
—¿Qué le recomendarías a alguien que se inicia en la escritura de ficción?
—Leer, leer mucho. De lo que te guste y de lo que no te guste, porque esto último te dice lo que no quieres escribir. Darle oportunidad a géneros que creías que no te gustaban: no leía teatro y ahora publico teatro. Abrir los ojos: cada cosa del mundo es un universo para el escritor. Y escribir siempre que puedas. Si empezaste un texto, termínalo antes de empezar otro.
Alain desdibuja un poco la realidad para que la fantasía encuentre su anchura. Si la constancia y la originalidad que hoy muestra son moneda corriente en su oficio, no habrá que perderle la pista: quién sabe si en una próxima edición del Celestino de Cuento, el nombre de este matancero no figure ya entre los ganadores.
