El orquestador de coros

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entrev monier 01Fotos: Alexis del Toro

Si se quiere conocer a alguien que haya dedicado cuatro décadas a defender la música de concierto y coral desde el alma de un instrumento melódico, ese es Conrado Monier Ribeaux. Si se quiere entender de verdad el impacto del jazz y el son en la música vocal cubana se puede contar con la experiencia de un saxofonista cubano que ha convertido el instrumento en una extensión del alma y luego logró hacer cantar a coros de tal manera que se escucharan como orquesta.

Lo conocí en junio del 2025, cuando el festival Vocalis había convertido a Holguín en su escenario, y Conrado asistió como invitado y panelista. Aquella tarde el cine Martí acogió el panel teórico que Monier llevó a cabo sobre la influencia del jazz y el son en la música vocal, tema que este año ha ampliado en la tercera edición del evento, demostrando su interés por la fusión entre géneros y la necesidad de mantener la riqueza armónica y rítmica de las tradiciones cubanas.

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Este segundo encuentro fue más cercano, principalmente con los alumnos de la Escuela Profesional de Música José María Ochoa que le permitió trasladar su labor de maestro a su sala principal. 71 años y los ojos aún le brillan como a un adolescente cuando habla de música; pero si habla de su infancia, su familia, sus alumnos, los sueños cumplidos y los que no, ya no solo se le ilumina la mirada, también el lado izquierdo del pecho.

Proviene de una estirpe musical, son y changüí corren por su sangre guantanamera. “Mi padre, Tito Monier, tenía una voz timbrada de tenor y tocaba guitarra, tres, y cuanto instrumento cayera en sus manos. Desde chiquitos nosotros tocábamos bongós, tocábamos claves”, recuerda. “Era algo familiar, la música estaba en nuestras venas”.

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Cuando los niños Monier dijeron a sus padres que querían estudiar música, la madre no dudó: “Para la escuela”. Y les compró un piano. “Nos tenía el dedo puesto para que estudiáramos”, dice con una sonrisa que le arruga el rostro. El resultado es este: saxofonista, compositor, arreglista, productor musical, profesor. Y no fue solo porque su madre “le ponía el dedo”, sino que no se conformó con heredar. Quiso saber el porqué de las cosas. “¿Por qué las orquestas americanas suenan como suenan? ¿Por qué la forma de cantar es diferente en otros contextos? ¿Por qué esto y no aquello?”.

Para encontrar las respuestas estudió todas estas cuestiones con la ayuda del maestro Armando Romeu —tío de Zenaida Castro Romeu, directora de la Camerata—, que había recibido por correspondencia los cursos de la Berklee College of Music y los tradujo para que sus alumnos pudieran entenderlos. “Esa es la experiencia que tengo —dice—. “Averiguar el porqué”, autogestionar su conocimiento, no dejar solo en manos de la academia su formación, debía ir más allá de lo conocido.

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La escuela fue su primer escenario. Estudió piano, violín, hizo pase de nivel en viola en la Escuela Nacional de Arte, y terminó en el saxofón. Cuando le pregunto qué encontró en ese instrumento que no le dieran los otros, responde: “Una sección de saxofones es lo mismo que las voces”. Y es que Conrado cantó en coro veintitantos años, ininterrumpidamente. En aquella época, todo el que estudiaba música iba “de cabeza para el coro”.

Él intentó que lo sacaran, cantaba antitécnicamente a propósito. Para suerte suya, la respuesta del director fue: “Monier, como quiera que tú cantes, te vas a quedar en el coro”. Hoy lo agradece: “Adoro el coro. A mis alumnos les sugiero que canten en alguno, porque eso los hace tocar mejor su instrumento. La flauta, la trompeta... Normalmente ellos tocan en coro, pero los demás instrumentos son casi solitos. Muy pocas secciones. Pero las cuerdas sí tienen que hacerlo.”

Para escribir para coro, sostiene, hay que haber cantado en coro. Hay que conocer las características de cada soprano, de la contralto, del tenor y del bajo. “No es la misma técnica que para escribir para instrumento musical”, añade.

En 1979, siendo casi un muchacho, viajó a Viena con el coro de Alina Orraca. “Eran doce voces, trece con la directora y catorce con la representante”. Se enfrentaban a coros de cincuenta personas. La obra obligatoria era la Novena Sinfonía de Beethoven, en alemán, de memoria. “Nosotros no vamos a impresionar con nada —le dijo a Alina—. Vamos a ponerle una maraquita, una clave y un bongó a lo que hacemos”. Aquello fue el impacto. Segundo lugar mundial. Y la certeza de que la música cubana, con sus ritmos, podía conquistar cualquier escenario.

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“Como escuchaste en la conferencia —me recuerda—, trato de que los coros tengan una sonoridad orquestal”. Por eso Leo Brouwer dijo de él, en una entrevista de los ochenta publicada en una revista del Festival Internacional de Coros "Electo Silva", en Santiago de Cuba, que era “el orquestador de los coros”. María Felicia Pérez Arroyo, directora del Coro de Cámara Exaudi, lo llamó “el Juan Formell de los coros”. Y él lo confirma sin falsa modestia: “Tiene que sonar así”.

En cuanto al Conrado arreglista, riendo cuenta: “Arreglo para tantas cosas... Decía un amigo mío, que fue saxofonista 'Conrado Monier es capaz de hacer un arreglo para cifras de baños'. ¿Tú sabes qué es eso? Los herrajes del tanque, del bidé y todas esas cosas”. No tiene predilección por un formato específico; hace para todo tipo de agrupaciones, todo tipo de música.

A la hora de arreglar, primero analiza la melodía, el género, el texto. Con Nicolás Guillén, dice, trabaja muy cómodo. “Su poesía tiene ritmo, tiene su sabor, su química, su sello cubano”. Pero con otros poetas, como el guantanamero Regino Eladio Boti, ha sufrido: “Me dio dolores de cabeza enormes, era muy contemporáneo, poco cubano, me sacaba de mi contexto. Tuve que leerme casi toda su bibliografía”.

Acerca de su tierra natal dice que “Guantánamo tiene personalidad jurídica. Tiene el changüí, tiene el nengón, tiene el kiribá. Casi todos los ritmos son importados, pero nosotros tenemos esos. No me he ido de Guantánamo por esa misma razón: su identidad musical”.

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Con orgullo de padre habla de sus alumnos. Ha impartido clases de armonía popular y contrapunto en Guantánamo y Santiago. En 2022 recibió el premio Maestro de Juventudes. “Me siento más comprometido con enseñar. No he podido dejar la tiza. No me dejan”.

Tiene discos grabados, arreglos para la Banda Provincial de Conciertos de Guantánamo. Cuenta que este mes grabarán en los estudios Egrem. “El proyecto tiene una buena patrocinadora que trabajará con la banda de Guantánamo. Y ahí van a hacer mucha música mía”. Hay un disco de esta banda realizado en el 2004 que se espera sea presentado en nuevas categorías del Cubadisco. “Eso para mí es un orgullo”.

Conrado aún tiene una cuenta pendiente: la música para cine. “Creo que no la voy a realizar, pero lo que estoy haciendo suple aquel sueño”.

Habla también de Vocalis, el evento coral que tuvo lugar en Holguín del 17 al 19 de febrero y que él conoce bien. “Está ganando madurez, acercamiento con el público, interés por la música de pequeños formatos. Lo único que le falta es ser internacional. Cuando este evento lo sea, podrá compararse con el CorHabana, con el de Santiago de Cuba, con el de Santa Clara. Cuando sea internacional, ya estará, como decimos nosotros, de tú a tú con los demás eventos del país”.

entrev monier 07De izquierda a derecha: Su sobrina Leidy Laura Brown Monier, su hermana María Faustina Monier, Conrado Monier (entrevistado), su hermana Milagros Monier, su hija Dixiana Monier con su hijo Dilan, y Milaydis Obret, hija de Milagros.

Le pregunto si el legado familiar está a salvo con las nuevas generaciones. “Pienso que sí. Han nacido músicos. Mi hija Dixiana, Milaydis, hija de mi hermana Milagros y el varón, Raúl, hijo de Milagros también”. Afirma que mantener a la familia unida, respetarse y tratar de ser buenos profesionales es la mejor enseñanza que le dejaron sus padres.

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Mientras nos despedimos pienso que he estado frente a un hombre que no solo ha hecho música, sino que la ha entendido como una forma de ser en el mundo. Un saxofonista que, al final, resultó ser un director de orquestas hechas de voces, de clave y de maraca, de cubanía pura. Feliz y con paso ligero se marcha el orquestador de coros, quien ha aprendido que en la música, como en la vida, lo importante no es llegar rápido, sino llegar con sonido propio.

Alionuska Vilche Blanco
Author: Alionuska Vilche Blanco
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Graduada del Curso Nacional de Técnicas Narrativas Onelio Jorge Cardoso. Poeta y defensora del arte como herramienta para comprender y transformar el mundo.

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