La marcha unida

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Foto: Ariel M. Nico

Este Primero de Mayo los cubanos teñimos las avenidas de rojo, azul y blanco, no como un acto protocolar, sino como canto de dignidad.

Los titulares del mundo no siempre hablan de un país asediado. No siempre abordan al bloqueo que asfixia, que nos niega el combustible para mover la economía, que retrasa la llegada de insumos médicos y nos obliga a coexistir con el fantasma diario del apagón. No siempre expresan la guerra paralela que se ensaña hasta con la solidaridad, chantajeando a quienes se atreven a recibir a nuestros médicos.

Es cierto, el cerco duele. Duele en el bolsillo del maestro que ve cómo el salario se evapora frente a una inflación galopante. Duele en la sala de urgencias donde una enfermera cubre el triple de turnos. Duele en el fiscal que se enfrenta a una montaña de expedientes…

Pero hay una verdad más profunda que no cabe en los informes de la guerra no convencional: aquí nadie se rinde. Porque celebrar el Primero de Mayo en Cuba no es solo recordar a los Mártires de Chicago de 1886, génesis de esta lucha obrera mundial; es honrar la herencia de Lázaro Peña, de Jesús Menéndez, de quienes nos enseñaron que nuestra reserva moral no se negocia con ningún imperio. Es mirar a los ojos al compañero del sector eléctrico que, con las manos manchadas de grasa, sincroniza una y otra vez el corazón del Sistema Electroenergético Nacional; o al oficial del orden, vilipendiado por algunos, pero que da el pecho en cada esquina para que la delincuencia no nos robe la paz. Es aplaudir al que innova con un repuesto de fabricación casera para que la máquina no pare; al maestro que duplica matrícula sin perder la ternura; y a la seño del círculo infantil que se multiplica para cuidar a los pequeños.

Nuestros científicos no se han detenido. Crearon Jusvinza para aliviar las secuelas del Chicungunya y no cesan en su empeño de buscar vacunas para seguir protegiendo lo más sagrado. Porque nuestra esencia busca innovar y seguir donde otros claudicarían.

Sí, hay profesionales que han tenido que emigrar al sector privado, mipymes donde un médico quizás amasa pizzas o un ingeniero vende espaguetis en busca del sustento familiar. No es una traición; es la aguerrida batalla diaria por mantener a flote la economía doméstica mientras se sigue creyendo en el proyecto socialista.

El desfile de este año llevó la solemnidad de quien defiende la trinchera. Sindicatos, campesinos, estudiantes y jubilados marchamos juntos, estatales y privados, porque la Patria es una sola. Enfrentamos una administración estadounidense hostil, que nos quiere de rodillas, pero como sentenció el llamado de la Central de Trabajadores de Cuba: No aceptamos una paz sin independencia, no aceptamos un futuro sin soberanía.

Este Primero de Mayo, se mantuvo la bandera en alto, con el verso del Himno Nacional retumbando en los pechos. Por los que se fueron a otros lares buscando mejorar y ayudar a los suyos. Por los que aquí, de pie y combatiendo, mantienen los ojos bien abiertos. Porque pese al cerco, los cubanos seguimos creando, curando, enseñando…Porque el país se defiende desde el surco, la fábrica, la cultura, el deporte, desde cada espacio de combate.


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