Sala de juegos sostenida por el sol

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Foto: Ariel M. Nico

Son exactamente las doce del mediodía. En la sala de juegos La Bolera, el ambiente rebosa de energía. Las pistas de boliche brillan bajo las luces. En un rincón, un grupo de niños pequeños gira riendo en el carrusel. Otros hacen cola para probar los simuladores de moto y auto, mientras un padre ayuda a su hija a lanzar su primera bola.

La climatización funciona a pleno, el sonido ambiental fluye con naturalidad y el mostrador del snack-bar sirve piñas coladas a quienes hacen una pausa entre juegos. En este rincón del centro holguinero, todo vibra como si nada más importara.

Pero entonces, ocurre lo que muchos temen: el apagón. Las luces parpadean. Luego se apagan del todo. Las pistas quedan inmóviles. Las pantallas de los simuladores se apagan. El sistema de cobro digital deja de funcionar. La música se interrumpe. El aire acondicionado se detiene. El lugar entero queda suspendido en un silencio repentino, casi irreal.

Algunos niños protestan. Otros se quedan quietos, confundidos. En minutos, el salón comienza a vaciarse. No hay servicio posible sin electricidad. Las actividades cesan. El bullicio se convierte en eco. El mediodía perfecto se disuelve.

Para los trabajadores, esta escena es ya una rutina. “Cuando se va la corriente, no queda nada por hacer”, diría después uno de ellos. Y es que, en La Bolera, centro recreativo perteneciente al grupo extrahotelero Palmares, casi todo depende de la energía eléctrica: desde las pistas hasta los juegos infantiles, pasando por la refrigeración del bar y la propia operación del local. Sin luz, no hay recreación.

Fotos: Palmares Holguín

Pero esta vez, una transformación se anuncia. Muy pronto, sobre ese mismo techo que hoy soporta el calor del apagón, se instalarán paneles solares con respaldo eléctrico. Una sala de juegos sostenida por el sol, para que la risa no vuelva a apagarse.

Este paso, más que simbólico, forma parte de una estrategia concreta que empieza a materializarse. La energía renovable deja de ser promesa futura para convertirse en solución inmediata. Y lo hace allí donde más se siente su ausencia: en un espacio pensado para encender alegría.

Delmer Hechavarría Pino, administrador de la sala y uno de los impulsores del proyecto, asegura que esta instalación es mucho más que una mejora técnica.

“Sin electricidad, La Bolera no puede prestar servicios. El 80 por ciento de lo que ofrecemos depende directamente de la corriente. Por eso esta solución busca garantizar la estabilidad de la oferta y, con ello, la afluencia del público”, explica con convicción.

La meta es clara: mantener todos los servicios en funcionamiento durante el horario habitual, sin interrupciones, incluso en medio de apagones. El sistema fotovoltaico no será un simple respaldo, sino una alternativa sólida para asegurar la operatividad completa.

En una ciudad donde las opciones recreativas para niños, adolescentes y jóvenes son limitadas, que esta sala de juegos pueda seguir funcionando sin depender de la red eléctrica es también un acto de responsabilidad social. Es un compromiso con la comunidad que acude a este espacio no solo en busca de entretenimiento, sino como parte de su rutina afectiva y cultural y no pocas veces por el cumpleaños del más chico de la casa.

Con esta decisión, el centro no solo avanza hacia la sostenibilidad energética, sino que reafirma su rol como referente del ocio urbano. La energía solar se convierte aquí en garantía de permanencia, en escudo frente a la incertidumbre, y en promesa de que el juego pueda continuar, sin importar las sombras.

Ubicada frente al Parque Infantil, en pleno corazón de Holguín, esta sala ha sido durante años uno de los espacios más concurridos por familias y jóvenes. Es la única instalación de su tipo en la ciudad, un lugar donde no solo se juega, sino que se celebra, se comparte y se descansa de la rutina. Su impacto comunitario es evidente.

La decisión de priorizarla dentro del programa nacional de respaldo solar responde, precisamente, a ese valor social. En una provincia con escasas opciones públicas para el esparcimiento, garantizar que este centro permanezca activo incluso durante apagones significa preservar uno de los pocos espacios recreativos realmente accesibles para todas las edades.

Desde la dirección provincial de Palmares se aclara que la elección no se basó únicamente en indicadores comerciales, sino en el rol social de la unidad.

“No se trata solo de cuánto produce, sino de cuánto aporta a la vida de las personas”, explicó Roberto Carlos Batista Gómez, director de la empresa en Holguín.

La selección también respondió a los requisitos técnicos definidos a nivel nacional. Según las directrices más recientes, todas las unidades con un consumo eléctrico igual o superior a los 3 mil kWh/mes deben evaluarse para instalar sistemas fotovoltaicos híbridos con acumulación. Este estudio, realizado con asesoría especializada, debía enviarse antes del cierre del primer trimestre del año y forma parte del monitoreo mensual de la empresa.

El proyecto técnico presentado por la unidad cumplió con todos los criterios: consumo sostenido, viabilidad estructural, pertinencia social y posibilidad de ejecución con prestadores en moneda nacional. Por eso, será la primera unidad de Palmares en Holguín en contar con esta tecnología.

Pocas instalaciones recreativas en Holguín reúnen tanta historia, energía cotidiana y arraigo popular como esta sala de juegos. Desde su fundación en el año 2000, ha sido mucho más que un local con pistas de boliche: escenario de torneos, punto de encuentro entre generaciones y refugio para quienes buscan un ocio sano y accesible.

Durante más de una década, su trayectoria se ha entrelazado con eventos deportivos, como el tradicional Gran Prix de los Bolos, que convirtió a Holguín en sede de una de las competencias más queridas por los aficionados cubanos.

Hoy, sin embargo, la oferta va mucho más allá. A los bolos se suman simuladores de moto y carro, carruseles para los más pequeños, juegos electrónicos, FasTrak y shows de animación que dinamizan los domingos.

Con la puesta en marcha del nuevo sistema, la sala ampliará su horario de atención: abrirá desde las 9:00 a.m. hasta las 11:00 p.m., todos los días. La energía solar no solo garantizará continuidad durante los apagones, sino que permitirá extender las jornadas sin temor a interrupciones.

Las soluciones efectivas, muchas veces, nacen desde el terreno. En este caso, no fue una orden impuesta desde arriba, sino una propuesta que emergió del día a día: de vivir los apagones, de ver cómo el salón se vaciaba, de comprobar que sin energía no hay servicio posible. Fue el propio equipo de trabajo quien concibió la idea de dotar la unidad con respaldo solar.

Hechavarría desarrolló el proyecto desde cero como respuesta a una necesidad concreta, pero no se trató solo de identificar un problema: se trabajó con rigor, con proyecciones claras y el respaldo técnico necesario. Gracias a ello, la propuesta fue aprobada sin dilaciones.

Desde Palmares provincial, el respaldo fue inmediato. La unidad fue priorizada. A nivel nacional, la dirección general de la empresa incorporó el caso de Holguín a su estrategia para ampliar el uso de energías renovables en la red de servicios. Con más de 700 unidades en todo el país y apenas una decena operando con respaldo solar, la meta es ambiciosa: cerrar el año con el 30 por ciento de las instalaciones dotadas con soluciones autónomas.

Ese compromiso institucional se tradujo en apoyo directo para que el montaje del sistema comience. Y el caso de esta sala se convirtió también en ejemplo de gestión local eficiente: una necesidad que se transformó en solución gracias a la iniciativa de quienes administran, y a la voluntad de quienes deciden.

Porque mientras el país busca soluciones desde la técnica, hay lugares donde esas respuestas se traducen en futuro, en afecto, en convivencia. Y cada kilovatio que llegue desde el sol a esta sala será también una forma de decir: aquí seguimos, aquí vivimos, aquí jugamos.

Y así, con energía propia, esta sala se prepara para lanzar su tiro más firme. Un strike a la oscuridad.


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