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La historia continúa

MUSEO DE ARTES DECORATIVAS

Las huellas de Pepito García Castañeda nos llevaron hasta una institución única de su tipo en esta área geográfica de Cuba: el Museo de Artes Decorativas de Gibara.


Quemar los ejemplares de la obra de Pepito García Castañeda, bajo las estrellas y ante la mirada muda de la estatua de la libertad, no fue suficiente.
El mejor poeta de la Villa Blanca maquinó una venganza lírica, que una vez fría, fue enviada por correo a los gibareños ausentes y colocada en las puertas de las casas, las vidrieras comerciales, los templos y hasta en los prostíbulos de La Loma:



Leí, Pepe García, “Así es Gibara”
engendro libelezco nauseabundo,
tan indigno de ver la luz del mundo,
como el rústico autor que lo engendra.
(…)
Tu pluma para sí no la quisiera
la tiñosa más vil. Como de pelos
tienes de ideas limpia la molera… 


Aquella mañana, plantados frente a la gran edificación donde, como buenos hermanos, conviven dos museos, nos preguntamos si la poesía también fue pegada en sus puertas, coloniales puertas de madera tallada…
En eso pensábamos cuando María Chacón salió a recibirnos y entramos por fin en el Museo de Artes Decorativas de Gibara, donde todo era tan bello que pronto olvidamos la molera de Pepito y su engendro nauseabundo.

La casa cuenta sus historias

Más de un siglo antes de convertirse en museo, la edificación fue el hogar de familias ricas, cuyas vidas se convirtieron en leyendas

María de Jesús Chacón Pavón es la directora del museo desde hace muchos años. No diré cuántos porque un cálculo puede llevar a otro y esa es cuestión sensible para las damas.
En cambio, puedo decir que nadie como ella conoce las artes decorativas en Gibara y las historias que se quedaron para siempre entre las paredes de este edificio neoclásico,inmenso como una catedral, que hace más de un siglo fue hogar de poderosos.

Primero, Atanasio Calderón de la Barca, el próspero comerciante español, dueño de “La Victoria”, el ingenio más importante de la zona, que se radicó en la Villa Blanca y llegó a ser su alcalde.
Con tales ingresos, en 1866 pudo darse el lujo de mandar a construir su vivienda en la calle principal de la ciudad. No obstante, nada tenía que no fuera común en el siglo XIX: el primer piso para almacenar los productos que entraban y salían por el puerto; el segundo, compuesto por dos casas gemelas, para acoger a la familia.


Después, en 1907, José Homobono Beola, el rico terrateniente gibareño, accionista mayoritario de la compañía de ferrocarriles Gibara-Holguín, que adquirió tres ingenios (entre ellos, “La Victoria”) y llegó a ser cónsul de Estados Unidos en la Villa.
El último de los capitalistas afortunados de Gibara –así lo llamó el historiador Enrique Doimeadios- modificó el patio interior del edificio para convertirlo en salón de actividades sociales.


Hasta entonces, la fiesta popular más esperada era la de San Fulgencio, en cuyo programa aparecían, junto a las misas, juegos de béisbol entre los equipos locales, lidias de gallos, carreras de cintas a caballo, carreras de sacos, el juego del gato y la olla, el palo encebado, regatas de chalanas y botes de remos.
A tal punto era un acontecimiento, que una gibareña escribió a su esposo, temporalmente en La Habana, el siguiente telegrama: “San Fulgencio arriba niñas desnudas qué hago”. Él contestó: “Bájalo a palos”.

Pero entre 1920 y 1940 José Homobono ofreció bailes que hicieron época, con una orquesta tocando la música y lo más selecto de la sociedad gibareña luciéndose con los bailes de moda.
Me cuenta María Chacón que uno de sus hijos se las ingeniaba constantemente para atraer a las jóvenes con chucherías importadas de Europa o las invitaba a bañarse con champaña.

Sin dudas, los bailes fueron famosos, dice, sobre todo uno al que asistió una muchacha muy bella, con un exótico traje de pavo real. Quienes lo recuerdan afirman que simbolizaba la belleza y era una forma de rechazar los intentos de conquista de un hijo de Homobono… poco agraciado. Al extremo que murió soltero.

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María Chacón concluye que no se puede saber dónde termina la realidad y empieza la fantasía, porque a fin de cuentas la tradición oral de Gibara es prolífera en cuentos, anécdotas, leyendas y chistes sobre personajes famosos en la Villa,amores truncados, dinero enterrado, aparición de luces, brujas y duendes…

Los tesoros del museo



Las colecciones de artes decorativas del museo representan los modos de vida, costumbres y cultura de las familias más adineradas de Gibara, así como los estilos imperantes desde finales del siglo XIX y principios del XX.


En 1962,la gran edificación que fuera el hogar de Atanasio y José Homobono pasó a ser propiedad del Estado. Entonces, al gibareño Rigoberto Torres se le ocurrió convertirla en museo. La idea tuvo éxito.
Y aunque días antes explotó un balón de gas licuado en la casa contigua,que provocó un incendio de grandes proporciones, los vecinos salvaron las colecciones y el 25 de julio de 1972 abrió sus puertas el Museo de Ambiente Cubano, luego renombrado Museo de Artes Decorativas.



Mientras dejábamos las mochilas en el recibidor –antiguo almacén de Atanasio- María Chacón nos explicóla complejidad de las artes decorativas, estrechamente vinculadas al desarrollo económico, social y cultural de una comunidad en su devenir histórico…
Escaleras arriba nos precisó que, por tanto, con el guion de montajepretendían exponer el entramado de valores y simbolismos de las piezas asociadas a la producción cultural de la época comprendida entre 1870 y 1930…
Una vez en el segundo piso, nos dejó con Milagros F. Aballe Crespo, la técnica del museo. Nos pareció más joven de lo que en realidad debía ser. Por su forma de hablar, tal vez. Tampoco supimos cuál era el nombre que completaba la F, porque sin perder tiempo comenzó el recorrido.


Mobirise
  • “El museo recrea una casa cubana de finales del siglo XIX y principios del XX. Entre sus valores arquitectónicos sobresalen los pisos de maderas preciosas y la vidriería policromada de cuatro medio puntos, catalogados como los más grandes de las provincias orientales…
  • “Posee más de dos mil objetos. De ellos, más de mil 500 son artes decorativas importadas de Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos; alrededor de 200muebles y aproximadamente 330 libros del siglo XIX, editados casi todos en España, como estos ejemplares de la Don Quijote… los Santos Evangelios, ilustrados con grabados originales…los registros de las cortes constituyentes de España…
  • “El museo tiene un rasgo peculiar: casi todos los muebles son cubanos. En La Habana, Trinidad, Santiago… preferían el estilo Imperio, pero Gibara fue la ciudad del Perilla. ¿Ven las líneas rectas, los respaldos altos, la decoración con pequeños balaustres? Armonizaban muy bien con las casonas neoclásicas de las familias ricas.
  • “Claro, también utilizaban muebles de otros estilos, como el Art Noveau, ¿ven los motivos florales? Y las líneas sinuosas, para dar sensación de movimiento. O los de la firma Thonet, como estos sillones de Viena. Para doblar la madera de esta manera había que hervir la madera de haya…

Así recorrimos las 13 salas de exposición (incluido el salón de bailes de José Hombono). Nosotros, mudos de hermosura, como el niño que vio por primera vez el mar en el cuento de Eduardo Galeano. Milagros F., canturreando los datos que tantas veces debía haber repetido.

Como en el animado cubano, admiramos sillas, y sillas, y sillas…mucha vajilla, jarrones, lámparas… una escultura de la diosa de la fortuna… un vaso decorativo de arcilla con tres ninfas sumergiéndose en un torbellino de agua, único con esas características registrado en algún museo cubano… objetos que ya no tienen razón de ser, como la bastonera, y otros que ni siquiera sabíamos que eran.



Era fácil darse cuenta de cuánto cambiaron los modos de vida y las costumbres de los gibareños desde el esplendor de la ciudad en los siglos XIX y XX, hasta hoy. Pero sobre todo, nos preguntábamos cómo en aquellos tiempos lograban mantener limpias estas casonas.
“Seguro están preguntándose por el valor de las piezas. Pero no puedo decirles en términos monetarios, solo artísticos. Además, su valor radica, no en la antigüedad o la belleza, sino en su capacidad de informar sobre los aspectos históricos del período”.

El regreso

Por su estado de deterioro, el Museo de Artes Decorativas permaneció cerrado durante una década, durante la cual enfrentó la furia de un huracán y las dificultades del peregrinaje.

Hacia diciembre del 2007 el estado de deterioro del antiguo hogar de Atanasio y José Homobono, devenido museo de artes decorativas, era tal, que cerró parcialmente e inició el complicado proceso de restauración.

El museo fue desnudándose, dispuesto a descansar tras un baile que duró más de un siglo. Descolgó sus lámparas, cual aretes, y puso a buen resguardo todo lo bello que poseía para lucirse cuando llegaran tiempos mejores: sus vitrales, sus estatuillas de cerámica, toda la cristalería…

Mobirise

Fue un viernes el 20 de octubre del 2017, Día de la Cultura Cubana, cuando el Museo de Artes Decorativas de Gibara reabrió a sus puertas, junto al Museo Municipal, con el cual convive en la gran edificación que construyó Atanasio y modernizó José Homobono.
En aquel momento, los medios informaron que la inversión, a cargo del Centro Provincial de Patrimonio Cultural, ascendió a más de 200 mil pesos convertibles, porque hubo que restaurar cubierta, carpintería, pisos, falso techo, vitrales, la decoración de muros y los diferentes objetos.



Miguel Barnet, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) estuvo allí. Subió la escalera sinuosa, elevó la vista hasta los vitrales… tal vez, rozó imperceptiblemente los muebles de estilo perilla, como hicimos nosotros para tocar el pasado del país.
Y felicitó al pueblo gibareño (y holguinero) por la voluntad de preservar una cultura y una historia que les pertenece y constituye su identidad.



Aseguró que la historia de Gibara se recupera, se enriquece, se engrandece, se emancipa con la restauración de losmuseos, y que el amor del pueblo por su ciudad está vivo permanentemente.
Los trabajadores del museo coincidían con Barnet.
“Proteger las colecciones es una responsabilidad que no tiene límites, porque estás cuidando el patrimonio de un pueblo. Una comunidad que no ama, que no siente, que no sueña con su patrimonio, no tiene viva su alma”, dijo María Chacón.



Y continuó allí, en el museo que es único de su tipo en esta parte de la isla, recibiendo visitantes de todo el mundo, desde que Gibara fuera declarada Monumento Nacional y destino turístico, y nosotros nos despidiéramos para continuar camino hacia la zona de los vientos donde creció un parque eólico.