Transformar el barrio, si lo imaginas lo haces

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barrios El paraíso fotorrep AHT 4La comunidad El Paraíso es uno de los 15 asentamientos poblaciones del municipio de Holguín, que se transforman para bien de sus pobladores. Foto: Alexis del Toro


Por estos días no he dejado de pensar en una fábula que compartí con mi pequeño de ocho años hace un tiempo, la cual cuenta la historia de dos niños que jugaban divertidamente en el hielo cuando éste se quebró bajo los pies de uno de ellos. Su amigo solo tuvo una alternativa, romper con una piedra otra parte de la dura capa de hielo y extender su mano para rescatarlo.


Al llegar los rescatistas no podían creer que sus manos acalambradas por el frío tuviesen la fuerza necesaria para semejante acción, fue entonces cuando un anciano que los escuchaba atentamente les comentó: “lo hizo porque no había nadie a su lado que le dijera que no podía”.


Probablemente lo mismo le sucedió a Albert Einstein mientras intentaba demostrar alguna de sus geniales teorías y que lo llevó a asegurar que todo aquello que el hombre sea capaz de imaginar es sencillamente porque tiene la capacidad de hacerlo realidad.


Los pragmáticos pueden creer que se trata solo de una romántica manera de idear proyectos y aspiraciones, de seguro intentarán matar la creatividad o bloquear las soluciones con más de un obstáculo, pero los “necios”, esos de los que habla Silvio Rodríguez en su canción, terminarán concretando la utopía.


La Cuba de hoy es conciente de que en los barrios nace la resistencia creativa, pues quiénes sino la gente del barrio viven los efectos de la pandemia, las carencias derivadas del constante asedio del vecino del norte o el alza de los precios en productos de todo tipo junto a las incómodas alternativas que tuvo que asumir el estado cubano.


No es casual entonces que el primer secretario del comité central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez llame a la necesaria innovación del trabajo comunitario como único camino para saldar las deudas sociales que tenemos; sí porque los verdaderos revolucionarios no temen reconocer las fallas donde solo la inercia actúa como enemigo.


El programa de reparación integral de barrios tiene como principal propósito acompañar a las comunidades vulnerables en la solución de problemas que afectan su cotidianidad, realidad que en la provincia de Holguín se implementa en 145 asentamientos poblacionales a lo largo y ancho de la geografía nororiental.


Ejemplo de este actuar que nos involucra a todos de una forma u otra es la comunidad de El Paraíso que perteneciente al reparto de Alcides Pino en la ciudad cabecera demuestra las esencias que se desprenden de un barrio en movimiento.


Allí donde han llegado líderes, trabajadores de servicio, promotores culturales, artistas e intelectuales, quienes se confunden entre los habitantes de la comunidad no solo han trabajado codo a codo en la reparación de la escuela, la bodega o el consultorio médico también han sacudido del pensamiento de muchos de sus pobladores temores infundados sobre supuestos “peligros” de la vacunación, han compartido jornadas de chapeo en áreas comunes, identificado problemáticas y soluciones.


Sin embargo, y para ser consecuente con lo dicho anteriormente sobre la inercia, aun no son todos los vecinos los involucrados en estas tareas y queda quien actúa con indiferencia. El barrio es una extensión de nuestra casa. No cuidar de la comunidad es directamente proporcional a no cuidar de la familia, de los amigos…


El estado cubano, sus instituciones y artistas estarán siempre ahí para compartir las enseñanzas de un buen libro, despejar dudas, asesorar y viabilizar la resolución de situaciones legales, o simplemente, impulsar los sueños artísticos de niños como Miguel David, quien tal vez algún día se convierta en un gran pintor o escultor.


Pero es egoista pensar en retener eternamente ese trabajo creador en los mismos barrios, la experiencia debe ser extendida a otros y no puede pasar como en antaño que cuando los andariegos artistas del circo decidían recoger la carpa se llevaban consigo las risas y alegrías de la gente del pueblo.


En el Paraíso hay líderes incansables como el delegado Orlis Pacheco, con la voluntad y constancia de la promotora Rafaela Driggs que en cierta ocasión subrayó a esta reportera que ellos eran pobres, pero con el alma enriquecida. Mantener lo logrado no es tarea que caiga solo en sus manos sino en la de todos. Al menos yo estaré siempre del lado los optimistas y por qué no soñadores, pues como decía Einstein solo es cuestión de imaginarlo y la transformación de los barrios en Cuba no escapa a esa realidad.

 


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