Retorno seguro
- Por Liset Prego Díaz
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Volver a clases representa para los alumnos una mezcla de emociones, un torrente de expectativas y una puerta que se abre para el descubrimiento o el reencuentro. Este año será doblemente generador de expectativas. Se trata, no de un inicio, sino de un regreso en el caso de los alumnos holguineros para quienes el aula, el recreo, el uniforme, la risa de los amigos y hasta las tareas se vuelven objetos de añoranza, después de que el curso de forma presencial se interrumpiera, condicionado por la extensión de la COVID-19.
Según la UNICEF, casi ocho millones de estudiantes esperan hace más de un año por el retorno a los centros educacionales. En Cuba se dispuso “que cada escuela conciba, diseñe, modele, ajuste e implemente a razón de sus realidades y necesidades específicas” este regreso.
Por el momento y tras los meses estivales vuelven las teleclases para afianzar contenidos. Es verdad, estas han sido la mejor alternativa para no estancarse en un periodo estéril en cuanto a lo académico. Pero estoy segura de que no es suficiente. el necesario intercambio, entre teleprofesores y alumnos, aunque ha aumentado con opciones interactivas en este período, no reemplaza el rapor que se da en las aulas, por mucho, insustituible.
En estos casi dos años los niños y adolescentes perdieron, en gran medida, interacción en espacios públicos, contacto humano con pariguales, festejos, juegos, siempre con el fin máximo de preservar lo más valioso, la vida, pero ahora se acerca una brecha de luz, la vacunación.
Con niños y adultos inmunizados el riesgo de contagio y padecimiento de formas graves o muerte por SARS-Cov-2 disminuye, y el regreso a las escuelas se ve como una realidad más cercana. El último trimestre del año promete reencuentros muy anhelados.
Pero en esta vuelta a las clases presenciales debe considerarse el mantenimiento de las medidas higiénicas como el lavado de manos, mascarillas, higienización de superficies de uso común y el distanciamiento, pues la epidemia no ha desaparecido.
Y no debe descuidarse ni por un segundo la salud mental de los menores. Los adultos, padres y maestros, deben estar atentos a cualquier manifestación de estados psicológicos alterados, de miedos irracionales, de incomunicación, de autolesiones.
La sutileza de los educandos es imprescindible, cuidar el tono, la forma de las interacciones y singularizar el trato a los alumnos, pues no todos han vivido este tiempo de igual manera, algunos habrán perdido familiares cercanos, otros habrán enfermado, habrá quienes incluso hayan perdido a sus maestros, o algún compañero y en esos casos todo tacto es poco.
No todos se encontraban en iguales condiciones para el aprendizaje a distancia y esta es una variable a considerar seriamente. Habrá que prever grupos de estudio, estrategias para llenar esas lagunas que se generaron entre tanto desajuste.
Se recomienda para cuando llegue esta fecha preparar a los más pequeños acerca del autocuidado, retomar las medidas fuera de casa, darles protagonismo en los preparativos, hablarles de su escuela y compañeros, de las ventajas de volver. Téngase en cuenta que la primera infancia ha sido severamente afectada por los lapsos sin docencia. Pensemos, por ejemplo, en los niños de círculo infantil alejados de sus salones por meses y que deben ingresar ahora al prescolar.
Los más chicos pueden sufrir angustia de separación o dependencia excesiva de sus padres por tanto tiempo en casa con ellos como contacto casi exclusivo y sobre esto se deberá trabajar con anterioridad.
Para todos sugiero, con varios días de antelación, ir reajustando las rutinas para que los horarios de vida sean lo más parecido a los habituales en períodos lectivos.
La inteligencia emocional necesita ser una materia a incluir en los currículos de todas las enseñanzas, dos cursos accidentados a causa de la pandemia demandan de los menores de casa una ingente cantidad de recursos psicológicos, para enfrentar duelos, temores, angustias.
Estos tiempos pandémicos han sido nuevos para todos, a los padres toca recordar que la escuela no es un depósito donde dejar a sus hijos mientras se corre al trabajo, que con esta vuelta al aula no deben descuidarse los vínculos tan estrechos entre ellos y sus hijos que puede haber generado el confinamiento, y que de ese tiempo debe aprovecharse lo mejor.
Cabe aquí señalar que no puede olvidarse hasta próximas situaciones extremas el valor de la virtualidad en el proceso de enseñanza aprendizaje y debe explotarse sus ventajas, incluso con la vuelta a “la normalidad”, hablo de hibridación, de equilibrio, de avance.
Volverán esas jornadas de pizarrón y mochilas, para el bien de todos, y con ellos un poco de la alegría que le falta a estos días raros, retornará, con ellos, también un poco de vida.
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