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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 25 Jun 2017 - 15:37

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Amor que mata e ilumina

martimonumento1.jpgCuentan que una holguinera llegó un día a La Habana al amanecer, y sin secarse la lluvia del camino, preguntó cómo se iba a donde estaba la estatua de Martí. Se lo debía al “padre, Maestro y asere” con quien comparte más que una frente amplia y la frase con la cual enciende el “ATEC-Panda”: “Ser cultos es el único modo de ser libres”.

Y cuentan que su Martí era más grande que el de la plaza, porque lo halló fuera de los libros básicos de Historia y de los textos aprendidos de memoria para las pruebas de ingreso.

Lo conoció Héroe, cuando al acusarlo de llevar saya en vez de pantalones por no apoyar a Gómez y Maceo en su plan, demostró que era tan hombre que no cabía en los calzones, porque los tenía demasiado grandes…, los ideales, por supuesto. Lo conoció hombre, al descubrir, tras la sutil metáfora de la “almohadilla de olor”, el regalo carnal que la Niña de Guatemala dio al desmemoriado. Lo conoció justo, al encontrar, en su verbo, encendido el sol y también las manchas de los grandes como Agramonte, a quien calificó tan duro como el diamante, pero con alma de beso.

Y descubrió que Martí es una mina inacabable de pensamiento, aunque algunos “mineros”, sin excavar en su obra, crean sintagmas copulativos tan insulsos como “Martí y Dubai” o “Martí y la cocina eléctrica”. Y padeció los excesos de los fanáticos quienes, sin temor a profanar su peculiar estilo de puntuación, concibieron como dictado en un examen de ingreso, uno de sus textos.

Y lo defendió ante quienes los bautizaron como “Pepe Ginebra”, con el argumento legado por un profe de Historia de que no era alcohol lo que contenía la botella que siempre portaba, sino un brebaje para aliviar las úlceras estomacales. Y si este argumento no fuera suficiente para convencer a los escépticos, pues que más da que le gustara y tomara Ginebra, si siempre estuvo sobrio de pensamiento con el cual hizo “Patria” y Revolución.

Y lo imaginó sin bigote, porque dicen que lo rasuró antes de venir a Cuba en 1895 para despistar a los españoles. Y reconoció su capacidad para cubrir de modestia toda su gloria, conocedor de que cabía en un grano de maíz. Y admiró su disposición natural para el sufrimiento como algo que engrandece al ser humano, cuando leyó que anduvo a caballo en medio del monte para hacer una Guerra Necesaria, con una sarcoidosis, o traducido al español, una enfermedad que le acabó con el hígado, los pulmones, los ojos...

Y se molestó con aquella decisión vertical de colocar sus bustos en bodegas, placitas, CDR... Y estaba Martí en todas partes, menos en la conciencia de la gente. Se convirtió en una imagen tan cotidiana que se hizo invisible. Y a más nadie le importó el “corre corre” para encontrar un busto de Martí, ni que se destruyera poco a poco, porque lo colocaron justo debajo del chorro de la lavadora de la vecina de cuarta planta. Y el tiempo pasó y se olvidaron de él en las bodegas y placitas, pero afortunadamente los niños en los círculos y escuelas siempre le llevan una flor al Maestro.

Y ella se enamoró de él, quizá por aquella temprana decisión materna de conservar sus primeras uñitas en un libro de “La Edad de Oro”. Y lo amó aún más con los años, aunque fuera este amor objeto de burla entre los menos “puntualitos” del aula. Y lo convirtió en su “Héroe Personal”, porque cada niño o niña tiene uno y el de ella, por fortuna, no es de caricatura.


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