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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 30 Abr 2017 - 10:07

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Girón tecnológico

moafabrica.jpgLa historia de la ciudad industrial de Moa, que está por escribirse, no de manera cronológica; hay que adecuarla a la realidad de nuestros días, para que no se pierda su carácter humano, como la activa participación de 300 obreros para la puesta en marcha de la fábrica Comandante Pedro Sotto Alba.

El Comandante Ernesto Che Guevara ocupa una posición sobresaliente en ese esfuerzo, por lo que representaba ese centro para la economía cubana, y junto a él, de manera especial, un personaje que no es leyenda, sino realidad: el ingeniero Demetrio Presilla López.

Como titular del Ministerio de Industrias, en numerosas ocasiones el Che visita a Moa para recabar el imprescindible apoyo los trabajadores y poner en funcionamiento la moderna instalación de sulfuros de níquel más cobalto, cuya construcción comenzó en 1957 por la Frederick Snare Corporation, con diseño de producción anual de 50 millones de libras de níquel y alrededor de 4 millones 400 mil libras de cobalto.

Su costo de construcción se estimó en 95 millones de pesos (equivalente al dólar norteamericano de la época), mientras los gastos anuales de operación fueron de, 19 millones 700 mil pesos.

Solamente de forma experimental y en manos de la Moa Bay, la moderna industria logra algunas producciones con una tecnología moderna para su época, conocida por Lixiviación Acida a Presión. En abril de 1960, fue abandonada por la compañía encargada de mantenerla en producción y el 5 de agosto de ese año el Gobierno Revolucionario la nacionaliza.

NO PODÍA ROMPER MI COMPROMISO CON EL CHE

Así se expresó el ingeniero Demetrio Presilla López en la entrevista con el periodista Luis Báez, que aparece en el libro Los que se quedaron.

¿Dónde se produjo su primer encuentro con el Che?

- A fines del año 1960. Yo había ido con los dirigentes de la Federación Minera a una reunión con él. Nos recibió a la una de la madrugada en sus oficinas del Banco Nacional, del cual era su presidente.

¿Cuál era el objetivo de la reunión?

-Explorar las posibilidades de poner en explotación la planta de sulfuros de níquel situada en Moa, que hoy lleva el nombre de Pedro Sotto Alba. El Che dio una explicación de la necesidad que había de ponerla en marcha. Después que terminó su intervención, me puse de pie y le dije: Yo soy capaz de echar a andar la planta.

El Che se quedó mirándome y me preguntó: ¿“Quién es usted”?

Le contesté: Soy el ingeniero Demetrio Presilla.
-Se interesó en saber que recursos necesitaba para emprender la obra. Lo único que le pedí fue que trabajaran conmigo los hombres que habían intervenido en la construcción de la planta. Yo de Moa no conocía nada. Los norteamericanos se habían llevado los planos. Aquello fue una osadía mía.

DE CONSTRUCTORES A HOMBRES DEL NÍQUEL

Cuando la fábrica es nacionalizada, muchos de los obreros que llegaron de todo el país para la ejecución de la industria, fueron reubicados en otras tareas, como la Carretera Moa-Baracoa, otros en Manzanillo en reparación de caminos y en menor cantidad en la conservación y cuidado de los equipos de la industria.

Ante la petición de Presilla, el Che se reúne con un grupo en La Habana. Este encuentro el holguinero Orlando Borrego lo refleja en su libro Che El Camino del fuego. En ese intercambio el Che razona sobre la importancia del níquel para Cuba, junto a la industria azucarera. Su lenguaje fue persuasivo, les dio la palabra a todos. Al principio se plantean algunas justificaciones, pero a los pocos días aquellos hombres comenzaron a llegar a Moa.

Aquellos hombres, al calor de la puesta en marcha de la Pedro Soto Alba, lograda el 23 de julio de 1961, se establecieron en Moa formaron sus familias y merecieron el reconocimiento. Hombres que, bajo la dirección técnica de Presilla y con más voluntad que conocimientos, pusieron a producir una fábrica con tecnología compleja y única en el mundo en ese momento. Eran 18 ingenieros dispuestos capacitar a los que llegaron como constructores y tenían que operar las plantas y equipos para la producción de níquel. Ahora es una empresa mixta cuya capacidad de producción se ha ampliado de manera eficiente.

A 54 años de lograrse el milagro, como expresó Presilla, se trabajó duró de enero a julio para lograrse un Girón tecnológico al prepotente Imperio.

En la entrevista de Luis Báez, el ingeniero reconoce que fue gran satisfacción echar andar a la Pedro Sotto Alba. “Es la tarea más importante que he realizado en mi vida, día inolvidable para mí y para los obreros que me ayudaron en honrosa misión. El Che nunca desconfió de mí y nunca me negó su apoyo, sabía que no era socialista, no era comunista, pero estaba convencido de que yo era un hombre honesto. Él tuvo confianza en mí, y no lo defraudé”.


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