/   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mar, 21 Nov 2017 - 13:33

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El empacho en los tiempos del cólera

No es difícil de encontrar uno, dos, tres muchos sobadores de empacho en cualquier barrio holguinero. En el mío hay unos cuantos en activo, otros ya no están, como el viejo Río, uno de los más famosos y efectivos que haya conocido.

Él era el “médico de la familia” de una prole nada despreciable de muchachos, no solo de los vecinos más cercanos, sino de casi toda la ciudad de Holguín.

“Bigote” o “El Mexicano”- así le llamábamos- tenía una gracia y maña envidiables en eso de bajar las bolas de las piernas de los niños, por eso no había madre las madres que titubeara, por un momento, en buscarlo donde fuera ante cualquier malestar gastrointestinal de sus hijos.

No pocas historias escuché de las veces que lo localizaban para llevarlo hasta el mismo hospital Pediátrico o a un lugar bastante distante de su casa, aunque él prefería “sacar” el empacho frente al altar de sus santos, donde una vez terminado el pasado de manos por ambas piernas con un vaso de agua clara en sus manos pedía a “San Rafael, médico divino”, por la cura del paciente.

Ahora otros en mi barrio se encargan de aliviar dolores estomacales y de cabeza; malestares hasta diarreas. Cierto, que cada uno lo hace a su modo o estilo. La mayoría soba con grasa por las piernas o los brazos, otros solo posan una mano sobre el estómago del enfermo y rezan; y algunos lo tratan mediante la técnica de la cinta de medir, entre otras más disímiles maneras; sin embargo, en lo que todos sí coinciden fiel a una vieja creencia o tradición es en no lavarse las manos tras atender al enfermo.

Por lo regular los sobadores después de bajarle las pelotas a los “empachaos” se limitan a pasarse las manos por el cabello para eliminar los vestigios de grasa o limpiárselas en un paño, porque “si se las friegan las pelotas no bajan o se les pega el empacho”.

Hasta ahora nadie ha podido demostrar científicamente tal afirmación heredada de generación a generación; sin embargo, la costumbre sigue con mucho arraigo popular en detrimento del respeto a una elemental norma de higiene imprescindible de cumplirse, sobre todo entre personas que están atendiendo a enfermos, con síntomas gastrointestinales ( diarreas, vómitos, mareos), que pudieran ser portadores de bacterias y virus, productores de enfermedades posibles de trasmisión digestiva a través del agua o alimentos contaminados con esas manos.

Sobre el tema reflexionaba esta semana el doctor Armando Garrido Beracierto, director nacional de Salud Ambiental en el área de Higiene y Epidemiología, porque en los eventos de diarreas surgidos en las últimas semanas en el municipio de Holguín como denominador común ha estado la presencia del sobador.

“No estamos en contra de esa vieja costumbre, pero lo que sí es importante que las personas dedicadas a esos menesteres, después de prestar ayuda al enfermo les orienten acudir al consultorio, policlínico u hospital más cercano para ser atendido por personal capacitado sin pérdida de tiempo; además deben lavarse las manos con abundante agua y jabón toda vez que atienda a un paciente y conocer o, al menos, saber dónde vive aquel que recibió sus servicios. De esa manera las autoridades sanitarias podrán seguir la cadena de trasmisión en caso surgir un brote de diarrea en una determinada comunidad”, orientó.

Al respecto el especialista dijo categórico que “toda diarrea es cólera hasta que no se demuestre lo contrario y bajo ese principio hoy trabaja el Ministerio de Salud Pública”, pues hay presencia del Vibrion cholerae en los nichos ecológicos de esta zona, debido, fundamentalmente, a que existen portadores asintomáticos de la enfermedad por eventos anteriores de cólera en Holguín.

Recordaba el especialista del Minsap que no todas las personas portadoras de esa bacteria desarrollan la enfermedad (portadores sanos), pero sí pueden trasmitirla si no cumplen con las normas de higiene elementales. “El cólera llega a los individuos a través del agua o los alimentos contaminados por heces y vómitos de enfermos o por las heces de acarreadores del virus. De ahí lo básico de hervir el agua y echarle hipoclorito de sodio y lavarse bien las manos antes y después de ir al baño”.

Los grupos de riesgo más importantes son los ancianos solos, alcohólicos, deambulantes, personas dedicadas a buscar objetos en depósitos de basura (buzos) y recolectores de materias primas, aunque nadie está exento de enfermar, por eso la primera deposición puede ser en la casa, pero la segunda es en una unidad asistencial, pues la deshidratación que produce puede llevar a la muerte si los casos no son asistidos oportunamente. Un tratamiento adecuado disminuye las complicaciones.


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1 Comentarios

  • No sabemos si es mito o realidad, lo cierto es que las madres vamos llenas de fe a esas personas milagrosas con nuestros niños en brazos, y muchas veces si, surte efecto

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