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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 28 May 2017 - 19:24

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Opinión
Juntarse,la palabra del mundo

Leer más...Pablo de la Torriente Brau contaba que aprendió a leer en la Edad de Oro. Cuando sus padres decidieron asentarse en Cuba, procedentes de Puerto Rico, su suelo natal, el abuelo materno, Salvador Brau, le regaló un ejemplar de la revista editada por José Martí con la siguiente dedicatoria: “Tú serás cubano, inspírate en la obra de Martí”.

Mundos en miniatura

Leer más...Son como mundos en miniatura. Algunos con más o menos ribetes coloreados, pero mundos al fin. Muchos suelen tener nombres asombrosos como “Tacita de Oro”, “Casita Azucarada”, “Pequeño Volodia”... Cada uno, con un significado real y otro creado por la fantasía de sus pequeños habitantes.

Guajiro al natural

Leer más...A Pedro lo conocí cuando llegó a mediados de la secundaria y recibió el codiciado epíteto de “niño nuevo del aula”. El noble título que le garantizaba popularidad entre las chicas por la novedad, le duró poco. Pronto fue sustituido por el de “guajiro” cuando, en una desclasificación de contenidos más enjundiosa que Wikileaks, se descubrió que venía de algún lugar que ni mancha tenía en el mapa.

Paraíso no, umbral del infierno

Leer más...Lo recuerdo bien. Cargaba en el semblante más edad de la que tenía y las huellas de un encierro que le pesaba demasiado. No obstante, frente a mi grabadora, contó con vergüenza su vida, y conocí entonces de su viejo hábito de “consumir” cada mañana, mucho antes de lavarse el rostro; del trabajo de gastronómico que no le alcanzaba para mantenerse el vicio; de los objetos que, en procesión, “desaparecieron” de casa; y del narcotráfico al que por fin se integ encontrado las llaves del paraíso, cuando ya había traspasado, por mucho, el umbral del infierno. ró, pensando que había encontrado las llaves del paraíso, cuando ya había traspasado, por mucho, el umbral del infierno.

¡Cuidado! tecnología suelta

Leer más...Anita tiene cerca de dos años y aún no dice una palabra. Sin embargo, eso no es lo que llama la atención de la pequeña, sino su fijación por el celular de su papá, devenido juguete favorito, amiguito más leal... su todo. Nada la perturba excepto que le quiten el teléfono, esa es una declaración de guerra y, como tal, ella responde. Sus padres se rindieron ante las constantes rabietas y ahora la mantienen soberana absoluta sobre el dispositivo electrónico, “si total, los niños aprenden jugando”.


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