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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 18 Nov 2017 - 23:00

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Selfie

 

selfie_01.jpgSin filtro, ni muerto. Aunque no respire, no tenga poros, no me parezca. Ella o él, que ninguno escapa, “aparentan” un cutis de “película”, en este caso, de ciencia y ficción. “Mira este, tiene tremenda´pinta´: el vintage”. Se tiran un selfie, lo comparten en Facebook y “llueven” las reacciones, emoticones, los comentarios. ¿Qué usted no se ha hecho un selfie? Lo dudo, en tiempos de “Narcisos” y redes sociales.

Para los que no conocen el término, se trata de tirarse una foto a sí mismo. Sí, una especie de autorretrato instantáneo. Es muy fácil y ya lo sabe, mientras me lees puede hacérselo, posar para su cámara frontal sin pena, si El Chacal lo hizo, qué más da. Parece exagerado, pero los selfies se han adueñado del mundo, han “contaminado” a la gente, se han vuelto tendencia, moda; incluso, para algunos, necesidad, obsesión, adicción.

selfie02.jpgRedes sociales como Instagram, lo han dejado alto y claro: “El selfie es lo que te posiciona”. Pero por si fuera poco, artistas plásticos y visuales han tomado esta tendencia como una expresión de su obra. Eso, habría que ver hasta qué punto es arte, pero no nos detendremos aquí, seguro lo explicaría muy bienla polémica modelo y empresaria Kim Kardashian. Otra vez lo digo, no nos detendremos aquí.

Hay, como todo en la vida, selfie de varios tipos. Los comunes, los picantes, los orgánicos, los posados, los enérgicos, los felices, los tristes, los pasados de tragos, y a este último agréguele también el efecto del desenfoque. Pero hay, además, algunos que pasan el límite, digamos, los demasiados atrevidos, los que en ocasiones caen en lo obsceno, y es ahí donde debo hacer un paréntesis.

selfie_4.jpgSi bien cada cual es libre de publicar en su perfil de Facebook, Twitter u otra red social, cualquiera de sus fotos, es válido tener en cuenta que es la imagen que le estás proyectando al mundo, tu integridad como persona, tus valores, más si eres un profesional.

Selfie_03.jpgEl objetivo no es arremeter contra él. No podría hacerlo. Dicen que uno casi siempre debe escribir desde la experiencia, querido amigo, le aseguro que soy “selfómano” y los que me conocen darán fe de ello. Soy joven, y me gusta esta tendencia, como a muchos le agradará o como otros lo verán superficial. Aclaro, el selfie ya dejó de “pertenecer” a un grupo etario. Treintones, cuarentones, cincuentones e incluso puntos suspensivos han participado de esta autofoto.

Junto con él, casi montado en la misma Yutong, vino el filtro, con maquillaje, cutis perfecto, colores llamativos y diversos, ambientes espectaculares. Ya hay muchas aplicaciones celulares destinadas a “inyectarle” magia a las fotos, unas más efectivas que otras, más aficionadas, más profesionales.

Un amigo, en broma, puso en su perfil de Facebook: “Odio la gente que publica selfie con demasiado filtro, acaso no respiran, dónde están sus poros”. Hay sus normas y medidas, claro está. A veces, no sabemos ni quién es la persona que se retrata. El filtro, caballero, hace maravillas.

Eso sí, lo que nunca debemos perder es nuestra naturalidad, nuestras esencias, el cómo somos por dentro y qué hacemos para convertirnos cada día en mejores personas. El selfie es solo una cuestión de moda, de capturar el momento, el estado de ánimo, el lugar donde te encuentres, pero que archivados también te permitirán recordar, y revivir. Seguro usted se ha hecho ya, en este instante, más de uno.


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