Acceso
  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 17 Dic 2017 - 14:02

DESCARGAR
Edición Impresa

Las 200 y 11 historias de una guagua

 

Tomada de Visión desde Cuba7:30 am. ¡Viene llena!, anuncian en la retaguardia. Mas los presentes llevamos de 15 a 45 minutos de permanencia en la parada. Nadie claudica. En marcha apretada nos arrojamos sobre la guagua. Un paso…dos pasos…tres pasos… Abordar el ómnibus parece una tortura en cámara lenta.

 

Subimos. Atrás está vacía, gritan en el fondo. El monstruo de metal traga y traga personas. ¡Qué flexible nuestro transporte público!, pienso.

 

7:33 am. Señorita, ¿puede devolverme el zapato? Levanto el pie. Dejo libre el calzado ajeno y me quedo, cual bailarina, suspendida en el aire, con ansias de levitar y salir de entre la fauna enardecida que empuja… se aprieta... Dos paradas más y ya, me animo. Una gota de sudor me cae en el ojo y me arde, otra anda por lugares innombrables.

 

7:35 am. ¿Viste el capítulo final de la novela?, de la maldad de Félix no quedó ni Rastros… Sí aquí hace calor imagínate mi oficina, sin ventilador, una sola ventana… Venga compañera, le llevo el bolso… ¿La leche?, ¡carísimaaa!, esta mañana le hice jugo de mango a Luisito…

 

Resistes el tumulto pero las palabras chocan contigo, te repican por todas partes. Hago un último intento por apoyar los dos pies y ensordecer mis oídos. Cada acción es inútil. Hay personas que disfrutan con placer escucharse a sí mismas y hablan, cacarean, molestan. Otras gozan de este “abrazo” colectivo y se entregan sin prejuicios al estrujón mañanero, como el tipo del frente que no mira a los ojos. Me arreglo la blusa, desaparezco el escote.

 

7:38 am. ¡Piiiiiiiiinnnnnnn! Un frenazo rompe la inercia. Nos balanceamos rítmicamente. Algo pasó en la calle, comunican. Hay un intercambio gratuito de improperios fuera y tribunales populares dentro. Me bajo en la próxima, respiro aliviada. Increíblemente suben más personas. Hasta que no se acomoden, no sigo, amenaza el chofer. Esto no pare más, cariño, riposta una señora.

 

Tomada de Cubadebate7:44 am. La ola de olores va y viene. Es imposible escapar de ellos. Inhalas y el olfato se inunda. La rutina diaria te entrena. De un respiro descubres desde costosas fragancias hasta hedores naturales. Aún después de llegar a tu destino, los olores te abruman.

 

7:50 am. Se detiene la guagua y se abre la puerta. No puedo ocultarlo, mi rostro resplandece. ¡Al fil, al fin!, casi chillo eufórica. Entonces, el ritual se repite. Nadie claudica. En marcha apretada todos van por el desquite: los mismos pisotones, igual manada en avalancha, idéntica turbulencia.

 

Pongo mis pies adoloridos en la acera y repaso los últimos 20 minutos de mi vida. Solo atino a pensar. ¡Cuánta conmoción entre dos paradas!


AddThis Social Bookmark Button

1 Comentarios

  • y si realmente es así..estoy viviendo en La Habana,pero soy de Buenaventura...y como en tres ocasiones viajé en las Diana y creanme que es insoportable subirse en una de ellas...aunque es muy parecido a lo que ocurre acá en La Habana..que si te pisan los pies,que si el del frente casi te pone su axila en tu nariz,que si te rozan,son mil y una historia en cada guagua, a veces parece que estás en el agua y estás tratando de no undirte,como cuando no das pie para tratar d respiran un poquito...no se hasta cuando será ese problema con el transporte..

1000 caracteres

Cancel or

Copyright © 2000-2017 Periódico AHORA. Se autoriza la reproducción de trabajos de nuestro sitio, siempre que sea de forma íntegra y se acredite la fuente.
Compatible con IE7, IE8, Firefox, Opera, Safari y Google Chrome. Resolución óptima: 1024 x 768 píxeles.