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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Lun, 22 May 2017 - 15:33

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Omisiones perniciosas

danza-folclorica-cuba.jpgLa gala del pasado 4 de abril frente al Mural Orígenes, en esta ciudad, dedicada a celebrar el aniversario 472 de que Holguín se instituyera como Hato, rompió un tanto la cadena de omisiones que desde hace un tiempo se observan en escenarios culturales de esta urbe.

Resultó gratificante ver en la escena a una agrupación de música tradicional cubana, el Cuarteto Cubamar, interpretando su repertorio y acompañando a solistas que también cantaron temas del voluminoso cancionero de esta isla musical por excelencia, relegando un poco al abusado backgrould.

Traté el tema en una reunión reciente entre directivos de la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos con un grupo de artistas. La aceptación de mis reflexiones y el debate generado demostraron que, por fortuna, no somos pocos los interesados salvaguardare la memoria artística y cultural de la provincia y por ende del país.

Mis razonamientos no se enrumbaron hacia la calidad de las galas y los espectáculos artísticos que se realizan en una ciudad competente en eventos culturales que trascienden, con notoriedad ganada, los límites de la provincia y del país. Me referí a las ausencias, más bien a las omisiones, conscientes o no, que comprometen la conservación y la vitalidad de géneros musicales y danzarios identificativos de nuestra cultura diversa y mestiza.

Desde hace varios años no forman parte de los elencos de galas y espectáculos, al menos de aquellos consagrados a efemérides significativas, manifestaciones como la danza y la música campesina, formatos exponentes de la música tradicional, tampoco los bailes y cantos afrocubanos y menos los órganos musicales con tan buena aceptación por estos contornos. Parte de nuestra herencia cultural va hacia la decadencia.

Se perdió la fábrica de órganos musicales, copistas y arreglistas para esta singular melodía están en peligro de extinción, mientras los colectivos que la interpretan aparecen sólo en el Polo Turístico. Quienes cantan, tocan y bailan la música dedicada a nuestra gente del campo, de donde provenimos muchos, están confinados, a penas, a programas de la radio y la televisión; quienes asumen los ritmos y danzas de raíces africanas no se ven en ninguna parte y las agrupaciones intérpretes de la música popular cubana, que recorre el mundo y obtiene premios internacionales de relevancia, tampoco integran la nómina de elegidos para galas y espectáculos.

Esto indica que no siempre puede dejarse al libre albedrío de directores artísticos la selección de elencos y la dramaturgia de los guiones, al menos de aquellas presentaciones consagradas a fechas significativas y momentos trascendentales que exigen intencionalidad y donde el espectador debe recibir mensajes de unidad, fortaleza, inclusión.

Muchos son los foros nacionales e internacionales, como la Unesco, donde Cuba reitera la importancia de la preservación del patrimonio inmaterial para el fortalecimiento de la identidad nacional y la diversidad cultural, resultado demostrado con la inscripción en la lista representativa de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad a la Tumba Francesa, y como Patrimonio Nacional a la rumba, el son, el repentismo, el tres, las lecturas de tabaquerías y las parrandas de la región central de la isla.

Don Fernando Ortiz nos adviertea través de sus estudios que una cultura es auténtica mientras no se separe de las bases culturales que le dieron origen. De aspectos como estos se trata cuando se enfatiza en lo apremiante de proteger la memoria cultural del país, que es salvar la patria desde la cultura. La práctica de la marginalidad, premeditada o no, en materia cultural resulta contraproducente para estos trascendentes propósitos.


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