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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 30 Abr 2017 - 10:07

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Cuba cae escandalosamente en el Clásico y… ¿seguiremos sin cambios?

cuba-wbc.jpgPara nadie era un secreto que la derrota de Cuba ante Israel dejaba el panorama bien feo para la Mayor de las Antillas, y quienquiera que haya comentado que las probabilidades de ganar un partido después ante Japón y Holanda era casi imposible tenía razón — y no es hacer leña del árbol caído, estaba más que claro y no es oportunista quien lo diga ahora.

Pero la resistencia cubana ante el Samurai Japan, al punto de caer por tres anotaciones fabricadas en la parte baja del octavo episodio, devolvió la esperanza e hizo pensar en el hecho de que tal vez se le podía ganar a Holanda. No fue así.

Los holandeses no solo derrotaron y eliminaron a Cuba por segundo Clásico Mundial consecutivo, sino que también le regalaron tal vez el resultado más ignominioso de un cuadro cubano en estos certámenes (y mejoraron su cotejo particular ante los cubanos a un 3–1). Una paliza rotundamente escandalosa fue la manera de despedirse que tuvo el conjunto dirigido por Carlos Martí, más que incapaz ante una ofensiva Oranje que dejó fuera de combate también a Israel y dejó claras sus pretensiones de intentar vencer en este torneo.

Tal vez lo más vergonzoso de la situación haya sido que aunque muchos que pensaron que por un buen papel en la Serie del Caribe las cosas estaban mejorando para Cuba, el resultado de los partidos en este torneo no pudo ser peor. Se le venció por la mínima a Australia, se le fabricaron apenas seis carreras a China y la única derrota reñida fue precisamente en el penúltimo encuentro frente a Japón. No se puede decir que “esta vez fue el pitcheo” porque en honor a la verdad, llevamos más de diez años en los que siempre es “algo” lo que falla, cuando en realidad el origen del fenómeno va más allá de no poder descifrar en absolutamente nada a un conjunto hlandés que se antoja cada vez más enigmático para los cubanos.

El Premier12 dejó señales que la Dirección Nacional de Béisbol se rehusó a captar, y la apatía reinante en el país es cada vez más categórica, y no tiene mucho que ver con el hecho de que la televisión cubana haya hecho la guerra al béisbol profesional y lleve años promocionando el fútbol, un deporte en el que Cuba nunca estará entre los 100 primeros del mundo, no importa cuánto intenten hacer.

La pelota cubana pide a gritos una revolución, y no se trata solamente de permitir que los peloteros de grandes ligas integren la selección nacional, o que los peloteros cubanos puedan firmar libremente contratos en las mayores (ninguna de las dos cosas depende totalmente de Cuba), sino de una modificación agresiva en todas las estructuras desde la base hasta la Serie Nacional, para luego llegar a la integración de una selección nacional que sea verdaderamente competitiva, y no que clasifique en el Round Robin con el agua al cuello para luego tener que despedirse de manera escandalosa y vergonzosa — este es el peor marcador con el que Cuba se despide de un torneo superando el 11–2 de la Copa Intercontinental de 1997, y la tercera vez que caen por KO (contando un 13–0 propinado por Taipéi de China hace mucho tiempo y el de Puerto Rico en el Clásico de 2006).

El retroceso puede verse claramente con cómo han jugado los cubanos de clásico en clásico. En el WBC de 2006, se fueron con 2–1 en la primera ronda (la derrota fue KO ante Puerto Rico) y con igual balance en la segunda (revés ante República Dominicana), luego vencieron a los quisqueyanos en la semifinal para caer ante Japón en la discusión de la corona: el balance final fue de 5–3. En el WBC de 2009 terminaron invictos la primera ronda con 3–0, luego cayeron eliminados en la segunda 1–2 (dos veces por blanqueada ante Japón), para un balance de 4–2. En 2013 fueron invictos en la primera ronda (venciendo incluso al favorito del grupo, Japón), antes de caer 1–2 en la segunda, dos veces ante Holanda, lo que les valió una igual foja de 4–2. El desastre ha sido el WBC de 2017: 2–1 en la primera ronda y 0–3 en la segunda, para un penoso accionar de 2–4, única ocasión en la que terminan por debajo de .500 y se van de una ronda sin triunfos. En total, en cuatro presentaciones, Cuba tiene un récord de 15–11, que ha sufrido inobjetablemente en este último campeonato.

Ahora vendrán los análisis, los intentos de buscar soluciones casi inexistentes que intentaran tener un efecto que quedará normalmente en la superficie, pues la solución al fenómenos no radica únicamente en crucificar al manager, modificar las estructuras de la Serie Nacional, permitir la contratación libre hacia las grandes ligas o dar entrada a la escuadra nacional a peloteros que se desempeñan en el béisbol organizado. La “agresividad” debe reflejarse directamente en el trabajo de la base, que comienza a verse totalmente entorpecido por la escasez de implementos deportivos, la falta de torneos y la falta de juegos, además de los macabros sistemas de evaluar a los entrenadores de estas categorías que en la mayoría de las ocasiones no tienen otra opción que violar ciertos y determinados procesos en la formación de los muchachos para tener un mejor resultado, algo que a termina afectando a los atletas a largo plazo, sobre todo a los lanzadores.

Mientras el INDER y en especial el béisbol sigan siendo un organismo inmóvil, centralizado y lleno de gente que quiere vivir del deporte y no para él, no se harán los cambios necesarios para desarrollar al mismo, sobre todo porque no se hará nada que afecte el estado de las cosas si ello implica tener que explicar ciertas cuestiones a la dirección del país, a riesgo de entrar en un debate a puertas cerradas que podría durar semanas y hasta meses o años.

Por tanto, las probabilidades de que nuestro béisbol siga los mismos cursos que ha llevado en los últimos tiempos, con ciertas (y muy ligeras) bifurcaciones (dígase procesos de contratación menos en las grandes ligas, reuniones con directivos de la MLB de las cuales se revela muy poco, o el pago a los atletas) pero siguiendo una línea monótona adornada por un discurso que se antoja cada vez más repetitivo y poco creíble.

Más que formar atletas dignos (uno de los slogans), también se requiere formar seres humanos capaces de tomar decisiones en momentos de crisis y de ejecutar acciones bajo presión, algo que no solo no enseñamos, sino que empeoramos poniendo sobre los peloteros las presiones adicionales de la bandera, el honor y la Patria, incluso semanas antes del inicio de la competencia.

Lo peor sea, tal vez, que con la salida de China y su probable no participación en la edición de 2021 teniendo en cuenta que posiblemente tenga que medirse a Taipéi de China por el boleto) ha desaparecido el rival más asequible de los cubanos, y también ha puesto a los nuestros, tal vez, en la lista de los más débiles. El retroceso está más que claro, pues independientemente de cómo resulte el grupo que juega en San Diego, Cuba se fue sin ganar un partido en la ronda 2, algo que lo encaja casi de seguro en el octavo lugar de este torneo.

Y nada de esto puede asombrarnos, el equipo cubano compareció al torneo tal vez con lo mejor que pudo o decidió llevar, y tuvo un resultado que no por escandaloso es inesperado. Un pitcheo endeble, con problemas serios en la concentración, el control, la mecánica, los recursos y la fuerza no podía haberlo hecho mejor. No es cinismo, es la realidad, nadie puede dudar que los cubanos se batieron con lo que tenían y tuvieron el final que les correspondía. Holanda se veía mucho más equipo desde antes de iniciada la competencia, igualmente Japón, aunque además de la superioridad contra China, las cosas estaban parejas ante Australia e Israel — y terminaron con balance de 1–1 ante estos rivales.

El resto del mundo ha ido desarrollando su béisbol, al tiempo que Cuba se ha mantenido en el mismo sitio o ha retrocedido (más lo segundo que lo primero). La cantidad de peloteros que han abandonado el país es sin dudas abrumadora, y queda más que claro que por el momento es un fenómeno irreversible que afecta desde el torneo doméstico hasta a la selección nacional; y el éxito de muchos de estos peloteros fuera de Cuba no hace otra cosa que sembrar en los jóvenes estas metas, y nadie pude culparlos, pues todos deberían tener el derecho de jugar en el mejor béisbol del mundo.

Con el anuncio por parte del Comisionado del Béisbol de Grandes Ligas Rob Manfred de que se permitirá que los peloteros cubanos que juegan en el béisbol organizado fuesen convocados para la selección cubana aparece una apertura que no deja de ser mínima y relativa, pues desconocemos hasta qué punto esté dispuesta la Federación Cubana de Béisbol a ceder en este proceso — tienen cuatro años para pensar en una excusa por la cual no aceptar a esos peloteros. Igualmente, esto sería más bien un maquillaje, porque el torneo doméstico cubano seguiría estando deprimido y los atletas acá formados seguirían teniendo las mismas deficiencias una vez que lleguen a la escuadra nacional.

Entonces, ¿quién le pone el cascabel al gato?

El béisbol cubano agoniza: y las dos soluciones posibles son una urgente intervención quirúrgica de emergencia… o la eutanasia.

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1 Comentarios

  • En el equipo CUBA no hay que hacer ningún cambio.El OBJETIVO se cumplo que era pasar a la segunda fase

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