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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mar, 23 May 2017 - 00:18

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Adelante, primo

Delinear el rumbo. Se estrena el calendario y ese es el primer pensamiento que aflora, pues enero convida a desterrar congojas, cazar sueños y formular todo tipo de promesas. Lo cierto es que se tiene un nuevo año entre los dedos y con él, todo se torna verde, mágico... fabulador, porque -como no-, ¡este 2017 será bueno!

Unos vislumbran su mudanza, las libras de menos que conseguirán en el gimnasio o el anhelado acento en chino mandarín, luego de haberlo estudiado por una década. Otros fantasean con cambiarse de piel y de vida, como si estos días iniciales vinieran con la redención bajo el brazo, prestos a espantar males y evaporar toda mancha de nuestra estela.

Los crédulos buscan en galletas de la fortuna, cartas del Tarot e improvisados videntes. El zodiaco chino, por ejemplo, exhibe como signo regente al gallo y al fuego como elemento del año, ave candente plasmada en el almanaque que vaticina “chispas” y tensiones en esta etapa que comienza.

Por la parte que me toca, husmeé mi horóscopo -pura curiosidad, lo confieso-, y puntualicé que para los nacidos bajo mi signo “en el nuevo periodo seguirá siendo importante la espiritualidad” y “habrá un afianzamiento en la relación de pareja”. Ya eso estaba en mis planes, aclaro.

Pero los que tienen cierta tendencia a creer en el poder de las cifras o en aprovechar cada elemento a su alrededor para crecer, ven en el 2017 mayores y mejores ventajas, porque este es un número primo.

Sus semejantes, divisibles solo por sí mismos y el uno, son considerados los “ladrillos” sobre los que se construye el resto de los números naturales. Son, desde Pitágoras y sus contribuciones “místicas”, los candidatos a gobernar el mundo por su naturaleza, imposible de subdividir y simplificar.

Hay infinitos números de este tipo, mas en este siglo habrá 14 años que tendrán tal condicionante -hubo 13 en el pasado-. El anterior fue 2011 -¿cómo le fue en aquella época?- y el siguiente será 2027. Entonces, ¿traerá o no suerte el 2017?

La numerología dice que no hay números mejores que otros y, sin dudas, la ventura no llegará como lluvia, por ser este año primo o por vibrar de forma universal, descuide. Sin embargo, quizá por el término genealógico, de parentesco, los holguineros le abrimos los brazos y decimos: ¡Bienvenido!

Con él arribarán cambios, rupturas, renovación, búsquedas y aciertos, risas y llantos, inconformismo... evolución. Nadie quiere quietud, es vital que sucedan cosas, que la vida continúe con lo bueno y lo malo, con su sal y su pimienta, pero que palpite fuerte y alto, que no se quede inmóvil.

Al menos yo temo que este año tan “familiar” pase inadvertido, sin margen para improvisar y correr riesgos, que seamos un soso centro de percepción consciente con miedo a volar, que perdamos la capacidad de hablar en plural al referirnos al mañana.

Espero que “el primo” acelere el pulso y nuble la razón, que sacuda el corazón y señale lunares u hojas secas que a veces nos sobran. Confío en que este recién llegado nos deje el regusto suficiente para recrearnos durante los próximos años, afianzando el goce de vivir.

Nada de aspiraciones baratas. Este debe ser el propósito para el nuevo año. ¡Feliz 2017!


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