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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 24 Jun 2017 - 14:18

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Tiempo cubano

A juzgar por las frases más populares en estos últimos días, el tiempo tiene ínfulas de aviador o velocista, pues para muchos “el año se fue volando” o se les fue muy rápido. Sucede cuando entre tanto trabajo o estudio los días se nos van como poema de Buesa: “pasarás por mi vida…” y nosotros sin saber que pasaron.

Eso es en el mejor de los casos, cuando hemos invertido nuestro tour terrícola alrededor del sol en cuestiones útiles. Otra es la historia si hemos sido víctimas de los que le dan demasiado “tiempo al tiempo” y gracias a quienes los cubanos tenemos fama universal de impuntuales.

Ellos son los que te hacen esperar irrespetando tu tiempo. Disfrutan el personaje de la novia eterna (que se las arregla para llegar siempre tarde al compromiso) o de jefe supremo (que nunca llega tarde, se incorpora). Al parecer están más imbuidos que Einstein en la Teoría de la Relatividad: definitivamente para ellos el tiempo no es una constante, es una variable que pueden “variar” a su antojo, lo mismo el propio que el ajeno.

Ensayados tienen ya sus bocadillos de justificaciones: “me compliqué”, “perdí la noción del tiempo”, “no sonó la alarma y me quedé dormido”, “está malísimo el transporte”… Se me olvidaba la muy socorrida “no te preocupes que ya voy en camino”, aunque teniendo en cuenta la demora, si la cita era en Holguín, la travesía “larga” y “tortuosa”, debió comenzar por Las Tunas.

Estos no son solo alegatos de defensa para evadir responsabilidades. También suelen llegar tarde a la boda del amigo, a las funciones teatrales, a tomar el ómnibus para irse de vacaciones…

Entre ellos están la cajera pagadora que inicia la jornada laboral a las diez, el médico que atrasa las consultas de las ocho para las nueve y media sin justificaciones serias, la dependiente que se “toma y se bebe su tiempo” para llegar al trabajo y un larguísimo etcétera. A estos se suman quienes abusan de los puntuales al hacerlos esperar por los retrasados para comenzar una actividad X.

No hay que molestarse cuando somos juzgados por impuntuales e irrespetuosos del tiempo ajeno. Con esta actitud le robamos a alguien la única posesión que no podrá recuperar jamás, rompemos sus planes del día, lo dejamos sin el recurso para invertir en la resolución de sus problemas o hacer lo que le venga en gana, que para eso es su tiempo.

Como mujer precavida vale por dos y conocedora del “horario cubano” de los protagonistas de esta historia, siempre ando con agenda y lápiz para “matar el tiempo” garabateando ideas, mientras espero por alguien que desde hace una hora “ya viene en camino”. También son útiles las agujas de tejer, un buen libro y, por qué no, los juegos del móvil. Aunque la espera desespera cuando se agotan estas opciones.

Por ahora me despido que tu tiempo es. Y como no queda más que una semana de este 2016, me marcho para no llegar tarde al 2017.


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