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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 25 Mar 2017 - 12:43

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Eternidad ganada

La muerte del Comandante en Jefe de nuestra Revolución me hizo volver sobre las páginas del libro, quizás más reciente publicado y dedicado a su homenaje: FIDEL CASTRO, COMO UNA ESPADA RELUCIENTE, compilación de los periodistas María Julia Guerra y Rubén Rodríguez.

Desde la presentación del texto en el semanario Ahora, centro laboral de los autores, hasta el fallecimiento de Fidel habían transcurrido apenas ocho días. Para entonces me había leído ya 103 de sus 459 páginas.

El libro de Ediciones La Luz, 2016, contiene textos elaborados por periodistas de este semanario y otros medios de difusión a partir de las visitas de Fidel a tierra holguinera, unas 49 desde abril de 1953 hasta el 26 de julio del 2006; trabajos alusivos a su figura y publicados en las páginas de ¡Ahora!, así como discursos pronunciados en tierra holguinera, entre otros materiales.

Me conmovió “Ganada la vida”, crónica de Rubén Rodríguez, escrita a propósito del cumpleaños 67 del Máximo líder de la Revolución Cubana. Una especie de radiografía del hombre, del líder, del político, hecha de la manera más respetuosa e impresionable y cómo su pueblo lo ve de igual manera.

“El conversador infatigable, el buen anfitrión, el polemista, el hombre de ideas, el político, el tío de memoria prodigiosa para las cifras, que en un dos por tres arguye o rebate una tesis”, así lo describe Rubén.

“No creo ahora en la soledad de su poder, porque a un hombre de pueblos –más que de pueblo- no le está permitida. Y me enorgullece y alegra no verlo en dimes y diretes, en escándalos de los que hacen noticia en otros lares”.

“…el pueblo lo sabe suyo. Un conocido médico me decía: ´Aquí no pasa lo que en Europa, porque para los que nacimos con la revolución, él es el padre, así que el problema no es político, sino filial´. Y lo compruebas cuando conversas con la gente que le cree, que espera sus discursos, en que no hay subterfugios ni medias tintas y la verdad se dice con la crudeza de los tiempos que corren. Y aun así la gente confía cuando habla de alternativas, de posibilidades, de abrir otro agujero al cinto en lugar de hacerlo a la dignidad”.

“Esa es la gente que ha crecido con él, los que han encanecido a la par suyo, que lo recuerdan desde la barba negra de los primeros años y el sempiterno tabaco, dejado luego para encabezar una campaña nacional contra el tabaquismo, de la voz rajada por la emoción en aquellos discursos donde se decidía, con la Plaza como asamblea, el destino del país y las leyes revolucionarias, de los tres congresos –en la actualidad siete- en el último de los cuales llevaba ya las barbas patriarcales de hoy”.

“Esa gente que dice: ´Coño, ¿viste qué decaído parecía? ‘Y les preocupa su salud en serio como quien habla de un pariente cercano. La misma que se alegró de su vitalidad y el optimismo realista del último 26, que se regocija con las fuerzas que lo llevan de Río a la Paz, las de siempre”.

“No hay asunto que desmerezca su atención, por pequeño que parezca. Y eso lo reconocen incluso los que no lo quieren…Y es que él es así, preocupado hasta por las novelas para que la gente se distraiga o del pan de un pueblo demasiado suyo”.

“Múltiples nos lo traen las noticas. Pareciera que no descansa o realmente no lo hace, mientras despliega una increíble actividad. Apenas damos crédito y los reportes nos obligan a hacerlo, a saberlo en Bolivia, bien recibido en Colombia y regresar de pronto para recorrer, digamos, una cooperativa, desandar los hospitales de la neuritis, cómo anduvo La Habana inundada por la Tormenta del Siglo, agradecer la cristiana ayuda de los Pastores por la Paz, ofrecer una rueda de prensa o reunir al Parlamento para entrarles con la manga al hombro a las dificultades…”.

Así lo vio Rubén, así recordará el pueblo de Cuba a su eterno Comandante.


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