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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 17 Nov 2017 - 23:56

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Deje que se apague la lucesita

“Con solo apagar un bombillo innecesario, todos podemos contribuir al ahorro”. Así rezaba un popular spot televisivo cuando era pequeña. Mensaje bastante claro que con los años cambió de diseño visual, eslogan, modelo, pero cuyo discurso siempre ha sido el mismo: cada uno de nosotros con una acción, al parecer insignificante como apagar un bombillo, podemos evitar el despilfarro de energía eléctrica.

Sin embargo, mucho de mis coterráneos asumen que al pagar el servicio eléctrico, que en la actualidad se disfruta en más de 300 mil viviendas del territorio, pueden gastar electricidad, sin ton ni son.

Pero… ¿esto es realmente cierto?, ¿el que paga puede no tener límites al gastar?

Nadie desconoce que sin energía eléctrica no sería posible la sociedad moderna. El confort y el avance alcanzados serían imposibles sin su empleo. Mientras más se desarrolla la humanidad, más dependiente se hace de tecnologías que requieren del uso de la electricidad. Mas, disponer del servicio y pagarlo, no da derecho al derroche. Usarla racionalmente es un deber social y una muestra de educación energética.

Ahorrar electricidad no significa renunciar a recrearse y estar informados a través de la radio y la televisión, escuchar música, iluminarnos, planchar la ropa o refrigerar los alimentos. Tampoco representa disminuir la iluminación hasta el punto en que necesitemos espejuelos, ni que carguemos agua en lugar de bombearla hacia los tanques elevados, sin dudas no es renunciar al uso de acondicionadores de aire y computadoras.

No, ahorrar significa usar la cantidad necesaria al realizar las diferentes actividades; es consumirla con racionalidad, sin banalidades ni despilfarros.

No obstante, los holguineros, al igual que todos los cubanos, tenemos todavía un gran reto: la eficiencia y la educación energética. El ahorro no debe ser una consigna o una suma simple de acciones comunicativas. Hay que lograr que las personas incorporen a cada una de sus actividades la cultura del ahorro de la electricidad en hogares, centros laborales, instituciones médicas y deportivas.

Cuanto más gastamos, más se afecta nuestro bolsillo, pero también la economía del país y el medio ambiente. Asumamos entonces, con responsabilidad y sin fanfarria, el ahorro de energía eléctrica. Pongamos en nuestro accionar diario el mensaje de otro spot televisivo: “No pague…. apague”.

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