| El muro de ayer….¿y los muros de hoy? |
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Por Mabel Pérez Quintana /
redaccion@ahora.cu / Lunes, 16 de Noviembre de 2009 17:22 |
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Recién acabo de leer en uno de esos blogs, diseñados para tergiversar la realidad cubana, una crónica sobre aquellos días de noviembre de 1989, cuando la caída del muro de Berlín. La autora cuenta el trágico suceso del último berlinés asesinado por intentar cruzar el muro, sólo unos meses antes del derrumbe. Claro, que para ello utilizó algunos recursos narrativos que acerquen esa realidad a nuestros días, porque de otra forma la generación que comparto no entendería los hechos, “tan lejanos en el tiempo”. No fue difícil, al contrario: a mano encontró y aprovechó la similitud del pasaje cronicado con la experiencia de los indocumentados que diariamente mueren tratando de cruzar el muro divisorio entre los territorios de México y Estados Unidos. Y cito: “Como en la frontera entre EE UU y México, los intentos de cruce se hacían principalmente por las zonas periféricas donde habría menos policía y menos gente”. Con esta frase, la cronista logró el objetivo de trasladarnos a la época de su interés; pero también recordó que la deuda no está zanjada, que hay murallas mucho más grandes que demoler, aunque algunos insistan en celebrar. Yo no lo hago; simplemente porque el hoy se presenta mucho más cruel, porque cada año mueren más mexicanos y centroamericanos tratando de llegar “al país más libre del mundo”, que los perecidos durante los treinta años de existencia del muro de Berlín. Cuanto quisiera coincidir con el presidente de los Estados Unidos, que motivado por el aniversario expresó: “Hoy, las barreras que desafían a nuestro mundo no son muros de cemento y hierro, sino de miedo, irresponsabilidad e indiferencia”. Sólo hay que informarse un poco para discrepar con el premio Nobel de la Paz: el muro israelita que limita hasta el abastecimiento de víveres al pueblo palestino prueba la existencia para nada abstracta de los muros del mundo real. En Cuba sí nos acordamos de los acontecimientos del nueve de noviembre, hace veinte años. Pero habría que ser muy hipócrita para celebrar el Día Mundial de la Libertad y abogar por los “derechos de los ciudadanos a elegir sus propios destinos”. Habría que ser muy hipócrita para desestimar y silenciar el sufrimiento de los que intentan cruzar los muros de cemento y hierro del siglo XXI.
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