| De Venecia a San Germán |
- Por Cleanel Ricardo Tamayo
- Domingo, 19 Agosto 2012 12:56
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Como en Venecia, también los de San Germán tuvieron una vez largos canales. Aquellos, para cargar romances a la luz de la luna, el embeleso irresistible de sus góndolas y a un portavoz-poeta que los viejos diletantes aún recuerdan: Charles Aznavour. Estos otros, para regar agua a las cañas.
Venecia se hunde irremediablemente pero sus canales siguen allí, con los mismos encantos del ya lejano estreno, mientras San Germán, desde el mismo lecho seco donde se levantó, vio desaparecer a los suyos tras una complicada enredadera de malas yerbas y peores conceptos.
LA MUERTE...
Como cree Renán Ripol Pupo, la historia de la “Venecia” holguinera tiene un origen algo confuso. El jefe de la actual brigada de mantenimiento al sistema de riego y caminos en el macizo cañero de “Urbano Noris”, ubica el posible nacimiento allí de estas importantes vías para el riego, en la década de los años ‘70 del siglo pasado.
Se trata de un sistema potente por el suministro seguro, que se creó desde las márgenes del río Cauto con cuatro estaciones de bombeo: Cauto Cinco (o de Pichuli, según la tradición local), Veinte Rosas, Algodones e Ingenio Viejo. Y perfectamente conectados con estas, 90,5 kilómetros de canales primarios más otros 152 de los secundarios, capaces de entregar, por la siempre noble y barata ley de gravedad, toda el agua que se les inyecte a extensas áreas cañeras.
Pero ocurrió que por esas cosas increíbles de la conspiración contra el sano juicio, el importante sistema de riego de nuestro principal polo cañero se fue perdiendo lentamente y a la vista pública, como la respiración del individuo en coma irreversible. Entre finales de la década de los ‘80 e inicio de la de los ‘90 del siglo pasado, dicen algunos, ya solo quedaba el camuflaje de raras marcas donde antes hubo vida.
Para el director de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Atención a los Productores, Alexis Almira Magaña, el colapso del sistema comenzó por una larga sucesión de cegueras esquemáticas que fueron reduciendo la productividad, y se concretó definitivamente a partir del año 2002, cuando muchas áreas cañeras pasaron a la agricultura no cañera.
Esta segunda apreciación coincide aproximadamente con la época en que las estaciones de bombeo fueron desmanteladas, no hubo reposición para los viejos equipos ya gastados, sobrevino una suerte de muerte clínica y los canales, aunque cueste trabajo creerlo, pasaron a “mejor vida”.
CAMINO A LA RESURRECCIÓN
Según cuentan en “Urbano Noris”, la idea de revivir a este difunto surgió a fines del año 2010 y en el primer semestre del 2011 la provincia resolvió aplicar una suerte de “terapia intermedia”. Comienza la recuperación canalera, inicialmente a cargo de Transmec, entidad especializada en este tipo de labor, y después con esfuerzos y equipos propios (léase, la brigada de Ripol), un mayor conocimiento de causa, sentido de pertenencia, garantía para la calidad y apenas el 40 por ciento de lo que se gastaba antes.
Cuando ¡ahora! visitó “Urbano Noris”, ya había 15 kilómetros de canales primarios devueltos a la vida. Alexis y Ripol coincidieron en que al paso de aquellos días era posible dejar como nuevos los 90,5 kilómetros de los primarios para fin de año, a pesar del reto que implica ir reparando al mismo tiempo los secundarios, porque son los encargados de entregar el agua directamente al surco.
LA UTILIDAD DEL RENACIDO
Con esa suerte de ríos artificiales al tope de sus posibilidades y las inversiones para aumentar la capacidad de bombeo, el sistema de riego de “Urbano Noris” volverá a ser noticia nacionalmente. Está confirmado que, con agua, allí es posible cosechar 74 toneladas de caña por hectárea, y pueden ser hasta 80 toneladas, como cree Alexis.
El fondo de áreas cañeras en aquel macizo es de 30 mil 422 hectáreas, repartidas entre 16 UBPC, seis CPA, una CCS y un colectivo de usufructuarios del Decreto-Ley 259. Con todos esos canales listos y bien llenos, se podría llegar solo hasta 9 mil 200 hectáreas, el 30 por ciento del área total cultivable. Parece una mísera respuesta, pero los cálculos finales dicen otra cosa.
Según la tabla de multiplicar, es absolutamente probable que bajo el que Alexis llama riego total, esas 9 mil 200 hectáreas lleguen a producir mucho más de 600 mil toneladas de caña, el 63 por ciento del potencial para toda la cosecha en “Urbano Noris”. Pueden dar, incluso, más de lo que dan las 18 mil hectáreas plantadas ahora y atendidas bajo las condiciones de un semisecano.
Y riego total, aclara Almira Magaña, significa mojar cada vez que el cultivo lo necesite. Con las actuales disponibilidad de canales y capacidad de bombeo, es posible sembrar caña todos los días del año con garantía de germinación, algo decisivo para la vitalidad de la industria azucarera, y garantizar la semilla que se requiere para planes futuros.
Cuando sea posible sumar la alta productividad de 74 a 80 toneladas de caña por cada hectárea de las 9 mil 200 bajo riego eficiente, con lo que den las otras 21 mil 222 hectáreas de un secano bien atendido, ese central en primer lugar y todo Holguín por derecho propio, marcharán otra vez rumbo a la condición de grandes cañeros que aún sobrevivía en la década de los años ‘90 del siglo pasado.
Todo cuanto se haga desde el lecho seco de esta especie de “Venecia” tropical que es San Germán, por la permanencia y funcionamiento de unos ríos de vida que crecen mucho más allá, vale la pena. La gran ciudad italiana lo estaría agradeciendo en suspiros. “Urbano Noris” podría entregarlo a la economía del país hecho azúcar.





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