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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 15 Dic 2017 - 21:02

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¡Felicidades papá!

padre4.jpgSu presencia era más importante que una simple imagen colgada en la pared, pero así lo conocía, y era suficiente.

 

Con los años se multiplicaron los deseos de jugar con él, que un beso suyo se dibujara en mi frente, que me acurrucara en su lecho cuando tenía fiebre o que me diera un abrazo cuando obtenía buenas notas en la escuela, o simplemente, que me gritara felicidades en mi cumpleaños.

 

Todos los días lo pensaba a la hora del trabajo, moldeaba su imagen con puro sentimiento y le daba calor para que su forma fuera casi perfecta, pues los padres son aquellos que, sin importar condiciones, regalan la obra más hermosa: la vida y desearle un feliz día nunca fue suficiente para honrarlo y alabarlo.

 

Crecí y aprendí que el amor de padre jamás será retenido en las fronteras del silencio porque tendrá la fuerza para hablar y protegernos del miedo, descifrar nuestras tristezas, mostrar su agigantada sonrisa cuando se sienta orgulloso de nosotros -tal vez por no tropezar como lo hizo él- y que, a pesar de tener defectos y no estar aquí, nos quiere de la misma forma.

 

Olvidar su partida no es un delito si recordamos su presencia; recordarlo fuerte, feliz, posee mayor valor porque dice que disfrutamos mejor su alegría… su vida.

 

Él guía mis pasos, y no necesito un día en el almanaque para decir “te quiero”, “te extraño” o “eres el mejor hombre del mundo”, mi gratitud y cariño no caben en solo un día.


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