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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mié, 23 Ago 2017 - 13:58

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El Padre de todos los cubanos

Foto: Tomada de ACNNo puede considerarse alegoría feliz, aunque merecida, declarar a Carlos Manuel de Céspedes del Castillo como Padre de la Patria o de todos los cubanos y cubanas. Hay dolor tras las circunstancias dramáticas que le confirieron el bien ganado apelativo ante el acto de abnegación suprema de elegir la muerte de uno de sus hijos antes que renunciar a la independencia y soberanía de la nación.

Cuántos sentimientos experimentaría el iniciador de la contienda independentistas del 1868 cuando el colonialismo le mostró el más despiadado de sus rostros al ponerlo ante la disyuntiva de salvar la vida de su muchacho, cautivo por tropas españolas, o renunciar a la revolución. Cuánto de su ímpetu, de su arrebato, de su autoridad de rey, de su modo de volcán que viene imperfecto de las entrañas de la tierra, conservaría el primer mambí, mientras leía el mensaje fatídico: “En mi poder prisionero por fuerzas de mi mando su hijo, Oscar de Céspedes. En sus manos de usted queda su salvación, dígame por el puerto que quiere embarcarse para darle absoluta garantía”.

Presumo que el dolor fue tan intenso como su respuesta: “Duro se me hace pensar que un militar digno y pundonoroso pueda permitir semejante venganza, si no acoto su voluntad, pero si no lo hiciere, Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueran por nuestras libertades patrias”. A las 7 de la mañana del 29 de mayo de 1870, en la Plaza Mayor de la entonces Puerto Príncipe, el segundo hijo del primer matrimonio del Padre de la Patria fue sentenciado a muerte.

Con su altruismo Céspedes optó por permanecer junto a los miles de hombres que en los campos de Cuba derramaron su sangre por el ideal de la independencia, no abandonó a su suerte a las miles de familias que desde el comienzo de la guerra escogieron a la manigua como hogar. Fue el sacrificio de uno por la vida de muchos.

De Céspedes escribió Martí: “…Y no fue más grande cuando proclamó a su patria libre, sino cuando reunió a sus siervos y los llamó a sus brazos como hermano”. Tal vez fue Martí el primero en sugerir su paternidad patria, cuando en su ensayo Céspedes y Agramonte escribió sobre el primero: “Cree que su pueblo va con él, y como ha sido el primero en obrar, se ve con derechos propios y personales, como con derecho de padre, sobre su obra”.


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