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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mié, 18 Oct 2017 - 22:20

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Del tamaño del cielo

Fotos: Yusleidys SorrorroAsí habrá que valorar siempre el amor y el cariño que se respira en el Centro Médico Psicopedagógico Modesto Fornaris Ochoa de la Ciudad de los Parques, institución que devela entre ilusión y suspiros, la chispa encendida de un centenar de “niños” holguineros, con cuerpos de cristal y almas de agua pura.

Allí todos los ojos brillan. Unos deambulan hechizados el espacio sin pronunciar siquiera una palabra; otros olvidan la silla de ruedas y cabalgan sobre un corcel imaginario; muchos disimulan volcanes y regalan arcoíris desde sus camas, pero en el fondo, el fulgor es el mismo... en ellos la luz se torna infinita.

El destello no es fortuito, pues a cada paso en el Centro Médico Psicopedagógico Modesto Fornaris Ochoa de la Ciudad de los Parques, se percibe un amor intenso a la usanza del más común de los hogares. Los 205 trabajadores, cual padres afectuosos, regalan bienestar y sueños para que sus 'niños' comprendan mejor el universo.

Y digo 'niños' -a pesar que la inscripción de nacimiento de algunos de sus 160 pacientes rosa cerca de las seis décadas-, pues al padecer un retraso mental profundo y severo, asociado a discapacidades en el desarrollo lingüístico y locomotor, sus mentes son las de pequeñines.

“Por eso es tan importante el roce, los mimos, la ternura. Nosotros los cuidamos como si fueran nuestros hijos. -afirma Laritza Linares Expósito, licenciada en enfermería y directora de la institución-. Aquí tenemos niños de todo el territorio holguinero, de los cuales 100 tienen régimen interno, 60 seminterno, con situaciones sociales complejas, y de ellos unos 50 carecen de atención familiar total. Cada uno es atendido por un asistente y una trabajadora social, además del resto del personal especializado, en primer lugar las 'niñeras', quienes no les pierden ni pie ni pisada”.

Alexis Correa Pérez, especialista principal del departamento de psicopedagogía, explica que “a diferencia de lo que se supone, en el centro los pacientes no aprenden a leer o a escribir. Los programas educativos se basan en enseñarle hábitos personales básicos, que van desde el comportamiento hasta el vestirse, peinarse, asearse, actividades con el fin de incorporarlos a la sociedad”.

Asimismo, la institución les garantiza una atención multidisciplinaria que incluye la asistencia médica permanente, servicio de rehabilitación física, psicopedagógico y de logopedia, a lo que se añaden actividades deportivas y de educación artística, en aras de corregir y compensar al máximo los procesos síquicos afectados. Tanto es así, que se mantiene en cero la tasa de mortalidad, no se reportan accidentes con peligro para la vida y hay un bajo índice de enfermedades infectocontagiosas.

Impedidos-Yuli-3.jpgMás los príncipes de la casa son otros, un manojo de almas de agua pura cuyos deseos se hacen miel en una sonrisa. Si se enfadan dos tornados colisionan en el centro, y hay sequías prolongadas cuando se les antoja dormir en demasía o cuando reniegan ponerse una ropa.

El mundo entero funciona a su antojo. Alfredo no deja de coquetear inquieto, Adela posa sin vergüenza ante la primera cámara fotográfica que ve, Jorge se atrinchera a diario en la entrada y da la bienvenida, o el adiós, al marcharte, incluso la pequeña Sarita, que llegó en estado vegetativo, hoy con 13 años demanda más de cinco ojos para ella, porque si no, ¡vuela!.

“El bienestar de los muchachos ha sido mejor después de la reparación capital que tuvo la institución. Los bloques de servicio, docente, dormitorios y muy especialmente el Departamento de Fisoterapia y rehabilitación tienen ahora otra cara”, comenta feliz Rister Vallejo Riverón, presidente del consejo de padres, quien tiene dos de sus retoños internados hace 20 años, Darling y Dairon.

La inversión ascendió a más de 826 mil pesos y entre las mejorías destaca el gimnasio terapéutico, donde luego de dos décadas de inactividad, fue recuperado el Tanque Hubbard, único de su tipo en Cuba, para realizar hidroterapia a los pacientes a base de agua caliente, así como otros equipos destinados a la rehabilitación física.

Aun cuando todas las atenciones son brindadas de forma gratuita, dígase también alimentación, transporte -en caso de los seminternos-, ropa de cama, avituallamiento, entre otros, el Estado desembolsa cada año, más de dos millones de pesos para sufragar los gastos y mejorar la calidad de vida de estos singulares holguineros.

No obstante, para Vallejo Riverón, lo maravilloso del lugar es el amor que predomina entre el personal y los pacientes. “Reconforta ver el cariño mutuo que existe. Cuando mis hijos van a la casa, extrañan enseguida y del centro llaman todos los días”, sonríe.

Igual opinión sostienen Dania Quevedo, hermana de la preciosa Anabel, Síndrome de Down, o Nanci Felipe, madre de José, que aún operado tiene junto a la familia, en la sala de recuperación del Hospital Lenin, a su 'niñera', “siempre pendiente a lo que necesita, a consentirlo”.

Entonces, es fácil reconocer un relámpago en las pupilas y observar la felicidad revolcada por todos los cuerpos. Yoan, Kenia, Pedro y Yoandrita, hasta del longevo Antonio, que descansa alejado del ruido y andanzas de los de menor edad, son la prueba viva de que “solo el amor engendra la maravilla” y que la magia deambula, cocida en sus figuras de cristal.

“El trabajo es difícil, pero no por eso los queremos menos. Esta es una institución extremadamente humana”, explica la doctora Teresita de Jesús Hidalgo, psiquiatra infanto juvenil de la casa, mientras sacude los brazos hacia los 'muchachos', que en un salón cercano, le piden con gestos bailar.

“Ver en ellos un avance, aunque sea mínimo, es una lucesita en el camino, saber que la atención y el esmero no son en vano. El amor que le profesamos no los devuelven así, con pequeñas mejorías en su práctica cotidiana, en su desempeño individual”, interviene Eloidio López Fonseca, logopeda.

Criterio similar defienden la 'niñera' Noris Ricardo Escobar, Altagracia Nieve, defectóloga y la enfermera Oneida Trujillo; mujeres con más de 30 años de labor en el centro y que no dejan de amasar estrellas, desde ese lugar desbordado de inocencias.

Sí, allí todos los ojos brillan, porque terapeutas, asistentes... trabajadores en general, derrochan consagración y entrega como celosos guardianes de la educación especial en la provincia. Enseñanza que en este 2016 celebra un nuevo cumpleaños en la Isla y se pinta vestida de esperanza, para continuar estremeciendo con la certeza de la fe y de la confianza en el ser humano.

Lo cierto es que ellos, los 'pequeños' duendes de la casa -sabedores quizás de la fuerza de su embrujo y los kilómetros de empeño que se recorren por sacarle una que otra sonrisa-, remedian una tempestad con apenas unas pocas palabras, incluso con un ademán ingenuo pero que palpita fuerte y hondo en los corazones: “Te quiero del tamaño del cielo”.


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