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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 24 Jun 2017 - 14:18

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Pensar a Martí

JMart_3.jpgPor estos días he pensado en José Martí, en su obra, en los valores que tanto defendió, en esas frases precisas que te hacen preguntarte si él era un hombre de estos tiempos, es como si desde el siglo XIX hubiera visualizado nuestro presente.

Desde niña me inculcaron los principios martianos, escuché canciones que lo idolatran, me contaron su historia que está muy unida a la historia de Cuba, vi diariamente su imagen al lado de nuestra bandera presidiendo cada matutino y acto político de la escuela.

Con los años descubrí un Martí diferente. Esta vez como periodista y cronista de su tiempo cuando colaboraba con periódicos de Argentina y Venezuela. Un 14 de febrero lo imaginé de “carne y hueso” cuando una intelectual fiel a su obra y su vida me contó de los amores de este hombre apasionado, no solo de la causa revolucionaria sino también de las mujeres.

Ahora me lo reencuentro de nuevo, pero a través de La Edad de Oro. Acudí al libro para aclarar mi memoria y enriquecer una obra de teatro improvisada por el grupo de jóvenes periodistas de nuestro semanario para homenajear el aniversario de su natalicio.

Había olvidado algunas de las historias que cuando niña representé en actividades de recordación a la memoria de Martí y algunos personajes que él inmortaliza en este libro: Bebé y el señor Don Pomposo, Masicas y el camarón encantado, Piedad y su muñeca negra Leonor, y otros tantos que están pensados para los niños, pero no solo los de mi tiempo, sino de todos los tiempos.

Un libro en el que encuentras historia, entretenimiento y disímiles enseñanzas. Sin embargo, eso me hizo preguntarme ¿cuántos niños leen en la actualidad La Edad de Oro o cuántos padres les leen a sus hijos este instructivo libro?

En esta sociedad cada vez más audiovisual, de tablet y teléfonos inteligentes, donde las nuevas generaciones han rechazado los libros por aparatos tecnológicos y los valores humanos quedan cada vez más en el olvido, se necesita rescatar las enseñanzas que Martí nos brinda en La Edad de Oro, sobre todo en nuestros niños, quienes son el futuro de la Patria.

Al graduarse de sexto grado se le entrega a cada pionero un ejemplar de La Edad de Oro, pero ¿cuántos realmente lo leen? En la contraportada del libro se revela: “…La Edad de Oro desea poner en las manos del niño de América un libro que lo acupe y lo regocije, le enseñe sin fatiga, le cuente en resumen pintoresco lo pasado y lo contemporáneo, le estimule a emplear por igual sus facultades mentales y físicas, a amar el sentimiento más que lo sentimental…”

Ahí radica la grandeza de este libro y del hombre que lo escribió: poner en las manos de los niños un arma espiritual para conocer, enfrentar el mundo y crecer sin miedo. La Edad de Oro es un libro magnífico, no solo para los más pequeños sino para toda la familia. Las historias y las enseñanzas se mezclan para regalarnos un tesoro literario.

El libro te hace pensar, aprender y reflexionar sobre el presente. Es la expresión de la sensibilidad de un gran héroe, un gran político, un gran cubano. Reencontrarse a Martí después de tantos años de haber leído La Edad de Oro es una experiencia única. Piensas en tu niñez, en las veces que te disfrazas de Pilar o Nené traviesa y te percatas que a Martí hay que pensarlo siempre.

Hay que recordarlo no solo en los aniversarios de su natalicio o su muerte, sino cada vez que olvidemos los valores y los principios humanos para encontrar en su pensamiento una guía invaluable.

Por eso, este 28 de enero no solo recordemos el nacimiento de un héroe, sino recordemos al padre, al hijo, al escritor que les regaló a los niños de ayer y de hoy un verdadera reliquia: encontrar en las páginas de La Edad de Oro la esencia de las actitudes humanas.

 


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