/   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 22 Jul 2017 - 12:29

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“Trumponadas” fracasadas

Trump.jpgAl estilo del cambio climático, cuando Trump lo califica de “invento  chino”, su reciente retórica sobre Cuba da para sacar otras “frases  célebres” del mandatario inédito en la historia de Estados Unidos, en  cuanto a sus palabrerías insólitas.

El nuevo jefe de la Casa Blanca lo mismo ofende a mujeres, negros, gays,  discapacitados, musulmanes o latinos; condena la emigración a su país, a  pesar  de que su familia no es pura de sangre azul; es partidario de construir  un muro en México, para evitar la entrada de ilegales; retira a su nación  del Acuerdo de París o pone en vilo al planeta con sus buques de guerra  cerca de la península coreana.

Pero, las llamadas Trumponadas, son toda una lección de vocablos  extravagantes y el show de Miami, donde habla sobre las relaciones  norteamericanas con la Isla, mejoradas en la Administración de Barak  Obama, no son excepciones.

Aparte de las bravuconadas y su discurso sin ápice de diplomacia, digno  de un neófito en materia política, nos hizo recordar una oratoria  bastante pretérita. Lo vimos vestido de cowboy en medio del Oeste y  rodeado de pistoleros.

Trump dijo, sencillamente, lo que el auditorio quiso oír, habló en su  mismo lenguaje, aunque, para ello, tuviera que “acomodar” sus  declaraciones a la altura de sus decadentes oyentes y su vieja política.

Fue una retroacción de muchos años, un resurgir de la Guerra Fría, la idea  yanqui que aun somos su traspatio y desconocer las casi 6 décadas de  Revolución.

Como un regalo esperado a su público y como el mago de Abre Cadabra,  Trump dijo: “Fuertemente restringiremos los dólares estadounidenses que  vayan a los militares y a los servicios de inteligencia… Aplicaremos la  prohibición sobre el turismo, reforzaremos el bloqueo…“

El actual presidente norteamericano declara improcedente lo aprobado por su antecesor y elimina todo tipo de flexibilizaciones en las relaciones,  como aumentar las restricciones de viaje para recrudecer la prohibición  del turismo entre los dos territorios; reafirma el bloqueo; limita los  viajes con fines educativos no académicos, las actividades económicas con  empresas vinculadas a las FAR y prohibie el viaje individual  autodirigido.

No solo a los cubanos daña, según analistas políticos, esta decisión  atenta contra la política de Trump de “Estados Unidos Primero” (America  First), pues sus medidas contra Cuba perjudican también al país  norteamericano.

Lo más incoherente de todo eso es que se hace para “castigar” al Gobierno  revolucionario y “beneficiar” al pueblo, como si desde 1959 los destinos  de ambos no estuvieran unidos. Solo en el 2017, el Gobierno destina al  gasto social el 72 por ciento del dinero y somos el país de América Latina  que más aporta al PIB en educación.

Las esferas de Educación, Salud Pública y Seguridad Social son las más  beneficiadas en este año y todo el pensamiento es para el bienestar de los  niños, por eso resulta hasta risible que en nombre de proteger los  derechos humanos de los cubanos agudice el bloqueo. Como para decir: “con amigos así, no necesito enemigos”.

Según Trump y los dinosauros de Miami, la población del Archipiélago  aplaude esas medidas “beneficiosas” para sus vidas. Con seguridad, los  padres, con hijos enfermos, alaban al sui géneris Presidente y pandilla  terrorista que lo rodeaba, cuando, por ese engendro de más de 50 años, no  se permita la entrada de un medicamento que pueda salvar vidas en la Cuba  irredenta.

Y qué dicen, ahora, algunos cuentapropistas relacionados con actividades  de trasporte, comercio, hospedaje u otras, con los límites de  estadounidenses de visita a Cuba? ¿Acaso Trump, muestra así su bondad  para desarrollar la actividad privada en la Isla? Simplemente no,  Presidente. Asesórese cómo funciona el Estado del pueblo en Cuba.

Ante tan disparatada política, con la cual la mayoría de la opinión  pública dentro del propio EE.UU no está de acuerdo, el gobierno  revolucionario reitera: “Cualquier estrategia dirigida a cambiar el  sistema político, económico y social en Cuba, ya sea la que pretenda
lograrlo a través de presiones e imposiciones, o empleando métodos más  sutiles, estará condenada al fracaso".

Y aclara: "El pueblo cubano disfruta de derechos y libertades  fundamentales", por tanto, otra verdad sobre el Norte: "no está en  condiciones de darnos lecciones".


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