/   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 22 Sep 2017 - 16:55

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Martí y el vino

Foto: Tomado de InternetUna versión del conocido cuadro del Apóstol hecho por su amigo sueco Herman Norman, nombran aquí: Martí y el vino, del club de vinicultores holguineros Bayado.

Norman refleja, como figura principal al Maestro, sentado a la mesa de su despacho, en la mano derecha la pluma, la izquierda sobre la mesa, vestido con levita negra, camisa de cuello y corbata de lazo, en plena labor intelectual y, en la nueva versión holguinera, sostiene una copa de vino.

La vista del Apóstol se conserva detenida frente a Norman, quien refleja la frente ancha, la mirada reposada y con trazos más imprecisos, al fondo, un estante de libros y algunos diplomas sobre la pared.

El autor de la nueva obra es el pintor holguinero Felipe Ávila Peña, egresado de la escuela provincial de Arte de Holguín, premio nacional en grabado, quien fue asistente personal del pintor holguinero Cosme Proenza.

Ávila Peña emplea la técnica acrílica sobre lienzo, 0.60 por 0.75 centímetros, y el Club Bayado hizo público el retrato en la sede de la UNEAC, en el programa “La Hora Martiana” de la Sociedad Cultural José Martí, en la recién finalizada Feria Internacional del Libro, en
la provincia.

Confesa Felipe que su amigo, Rosell Martínez Pérez, presidente del Club Bayado, en varias conversaciones, insiste en la idea de un cuadro de Martí, con una copa de vino. Sabía, afirma, lo complejo del empeño al tratar de reproducir la imagen del Apóstol.

Acepta el reto y visita la biblioteca provincial Alex Urquiola, en la ciudad de los Parques, donde visualiza varias imágenes de Martí y estudia profundamente el hecho por Herman Norman, el cual revela, con mucha exactitud las características esenciales del Autor Intelectual del asalto al cuartel Moncada, alerta, erguido y con la pluma en combate.

El significado de la pintura es mezclar el trabajo revolucionario del Maestro, en su oficina de Nueva York, con algo distintivo entre sus gustos: beber una copa de vino, como estimulante en su fatigoso desempeño cotidiano.

El retrato original de Herman es de pequeño formato, con 30 x 43 centímetros, hecho al óleo sobre tela, posiblemente en 1891. Es el único en vida realizado al Apóstol y forma parte de la colección del Museo Casa Natal, en La Habana.

El cuadro estuvo en el despacho de Martí, en el cuarto piso del edificio From Street, en Nueva York, donde el maestro atiende los asuntos consulares de Uruguay, Paraguay y Argentina. Luego es la sede del Partido Revolucionario Cubano y de redacción del periódico “Patria”.

Martí no era amante a las bebidas alcohólicas, pero al igual que conocía los misterios de todos los platos famosos del mundo como el mejor cocinero, sabía catar los vinos y entre sus preferidos estaba el Mariani, reconstituyente de moda en aquella época.

Según sus amistades íntimas: “Era muy nervioso, un hombre ardilla; quería andar tan deprisa como su pensamiento, lo que no era posible.

Subía y bajaba las escaleras como quién no tiene pulmones. Vivía errante, sin casa, sin baúl y sin ropas; dormía en el hotel más cercano de donde le cogía la noche o el sueño; comía donde fuera mejor y más barato, ordenaba una comida admirablemente y, sin embargo, comía poco; días enteros se pasaba con vino Mariani…”.

Este vino fue creado en 1863 por Angelo Mariani, quien le atribuía gran cantidad de propiedades terapéuticas. La bebida gozó de gran popularidad entre artistas e intelectuales europeos de la época.

Algunos afirman que los papas Pío X y León XIII fueron especialmente entusiastas del tónico.


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