/   ISSN 1607-6389
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Saber ser Fidel

Como un chiste de mal gusto, hay varios sitios en la Internet que califican a Cuba, antes de 1959, como una nación próspera e incluso aseguran que, según las estadistas, sino hubiera triunfado la Revolución, fuera una gran potencia mundial.

Enumeran hechos en los cuales el país sobresale con respecto al mundo, claro, no se toca el aspecto socio-económico-cultural, sino acontecimientos intrascendentes y faranduleros, nada que ver con el desarrollo integral del Archipiélago.

Por ejemplo, expresan: “La belleza de la mujer cubana hace que, en el año 1933, el hijo de Alfonso XIII, el Príncipe de Asturias, Alfonso de Borbón y Battenberg, renuncie a sus derechos como sucesor del trono español, para casarse con la cubana Edelmira Sampedro Rebato.

“El primer sistema de alumbrado público de toda Iberoamérica (incluyendo España y Portugal) se instaló en Cuba en 1889”. Habría que preguntarse ¿Y quienes tuvieron acceso? O ¿Por qué el candil reinaba en la mayoría de los hogares?

¿Tales hechos califican al país de aventajado? Pero, ¿Adelantado en qué?

Al tomar el poder el Gobierno Revolucionario halló a 9 mil maestros desempleados, 57 por ciento del pueblo era analfabeto, 800 mil niños del campo no asistía a la escuela, la tasa de mortalidad infantil, sin estadísticas seguras, en un 60 por ciento, la materna disparada sin controles exactos y la esperanza de vida al nacer, alrededor de los 67 años.

Cuba era un caos, miseria por doquier, asesinatos y corrupción de los políticos. Así lo reflejó Fidel en La historia me absolverá, cuando el juicio por el Moncada.

Lo primero que hizo la Revolución inició, radicalmente, el cambio de esa caótica situación. A tres años del Triunfo llegó la Campaña de Alfabetización, con el primer territorio de América libre de analfabetismo.

Comenzó la formación de personal docente, de profesionales y técnicos de la Salud; construcción de escuelas, viviendas, centros sociales, turísticos, carreteras e instalaciones hospitalarias y programas de beneficios para las mayorías.

La Revolución del Primero de Enero pensó en los desposeídos, con su profunda convicción social y humanista y permitió que millones de cubanos, de origen muy humilde llegaran a ser médicos, abogados, periodistas, diplomáticos, artistas, deportistas, ingenieros... algo impensable antes de 1959.

Datos de la UNICEF revelan que Cuba, entre 2008 y 2012, la tasa total de alfabetización de adultos refleja el 99.8 por ciento, en el 2016 la tasa de mortalidad infantil, en menores de 5 años, es inferior a 5 por cada mil nacidos vivos y la esperanza de vida alrededor de 80 años.

En Cuba todo mundo tiene acceso a la educación, incluso la universitaria y al graduarse tiene asegurado su trabajo, la emancipación de la mujer es palpable. La gran mayoría trabaja, gana el mismo sueldo que el hombre, aunque por la realidad del país hoy, sabemos que en diversos sectores no alcanza el dinero, porque aún la pirámide está invertida y tiene acceso a jardines infantiles para cuidar sus hijos con una cuota módica.

Otro de los logros del Gobierno fue la instauración de un sistema de salud pública que despierta la admiración de muchos países en desarrollo, dañado por el cerco, comercial, económico y financiero de los Estados Unidos, país que, además, con el programa parole estimula la migración de médicos cubanos.

Cuando repiten “Yo soy Fidel” es hacer lo que el Comandante hubiera hecho para defender la Patria y sus conquistas. Cada uno de los agradecidos y revolucionarios cubanos tenemos que saber cómo actuar cotidianamente para hacer realidad su definición de Revolución.

Así lo juró en su primer discurso a pocas horas del triunfo: “Podrá estar seguro el pueblo de una cosa, que es que podemos equivocarnos una y muchas veces, lo único que no podrá decir jamás de nosotros es que robamos, que traicionamos.

Fidel en Santiago de Cuba, 1ro. de Enero de 1959

El Comandante reconoció públicamente sus equivocaciones, pero ninguna fue para hacer daños a los humildes y para los humildes, primer principio por lo que se hizo la Revolución.

Para los interesados en estadísticas: Un censo realizado por una asociación católica en el año 1957 en Cuba, que publicó luego la entonces Revista Carteles deja esta constancia:

- El obrero agrícola cubano no disponía, como promedio, de 25 centavos diarios para comer, vestir y calzar.

- El 60 por ciento de ellos vivía en bohíos de techo de guano y de piso de tierra, sin servicio ni letrina sanitaria, ni agua corriente.

- El 85 por ciento de esas covachas -rezagos increíbles de la vivienda aborigen precolombina- solamente tenían una o dos piezas en las que debía hacinarse toda la familia para dormir.

- El 85 por ciento carecía de servicio de agua corriente.

- El 44 por ciento no asistió, no pudo asistir jamás, a una escuela.

- En el 88 por ciento de esos bohíos encendían el quinqué, cuando se dispone de luz brillante.

- Solamente el 3 por de los hogares rurales cubanos disponía de refrigerador o nevera.

- La conservación de los alimentos, pues casi no se conocía.

- El alimento fundamental de esas familias era a base de arroz, frijoles y viandas. Solamente un 4 por ciento comía carne; un 2por ciento consumía huevos; y un 11por ciento tomaba leche. Su alimentación tenía un déficit de más de 1 000 calorías diarias, con ausencia de vitaminas y minerales fundamentales.

- A la desnutrición, la ignorancia y la insalubridad habría que añadir la enfermedad y el parasitismo.

- El 14 por ciento de los obreros agrícolas padeció de tuberculosis y el 13 por ciento sufrió la tifoidea.

- La capital cubana, con el 22 por ciento de la población disponía del 65 por ciento de los médicos y el 62 por ciento de las camas hospitalarias, solamente había un hospital rural con 10 camas y sin ningún médico.

- La mortalidad infantil superaba los sesenta fallecidos por cada mil nacidos vivos y la esperanza de vida apenas llegaba a los 58 años.

El seguro de enfermedad nunca existió y sus instituciones tenían siempre un gran déficit financiero. Durante casi siete años, el régimen de Batista llegó a manipular más de tres mil millones de pesos obtenidos por la vía de las recaudaciones y las emisiones de valores públicos.

El número de desempleados total o parcialmente (los que trabajaban menos de 40 horas semanales) en el período de máxima actividad económica -mayo de 1956 a abril 1957- ascendía a 584 000 personas, algo más del 25 por ciento de la población apta.

Para agravar la situación económica del pueblo cubano se unía el carácter estacional de su producción, vinculada fundamentalmente con la producción azucarera, trayendo como consecuencia el desempleo permanente y estacional, el subempleo y el desempleo tecnológico.

El mercado cubano estaba monopolizado por las mercancías norteamericanas. La política norteamericana, después de la Segunda Guerra Mundial, profundizó la dependencia de Cuba y contribuyó a que la crisis de la economía semicolonial se transformara en una crisis permanente e insoluble dentro de la mecánica del mundo capitalista.

La extracción, cada vez más intensa, de las riquezas cubanas, el saqueo de los fondos públicos, la dilapidación de las reservas nacionales, que como se estima, en 1952 Cuba poseía 500 millones de dólares y se transfirieron al extranjero por concepto de beneficios y fraudes más de 200 millones, por lo que en 1959 ya no alcanzaban los 100 millones y la consolidación del latifundio.

En síntesis esa era la situación de Cuba antes de 1959. Suficientes argumentos hay para no hablar de ese hipotético desarrollo antes del triunfo y mucho menos, alardear de un “progreso” impedido por la Revolución Cubana.


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