/   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 24 Mar 2017 - 19:13

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No confundir lobos con ovejas

Desde el 14 de agosto pasado la bandera de Estados Unidos ondea en la embajada en La Habana y, desde el 20 de julio, la nuestra lo hace en Washington, uno de los pasos de establecimiento de relaciones entre los dos países, pero ¿eso significa que ya no somos antimperialistas?

Es bueno recordar la naturaleza. El orden imperialista se opone a la conquista de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos y al avance político en general. Desde siempre allanado con sangre el camino hacia la imposición del neoliberalismo. A finales del siglo XX utilizó toneladas de bombas para modificar el mapa de Europa e imponer la condición de colonias a países petroleros como Irak y Libia.

Sigue siendo la actitud o forma de actuación política basada en dominar otras tierras y comunidades, usando el poder militar o económico.

Podíamos preguntarnos ¿Con qué derecho el poder imperialista sigue conspirando contra Cuba? ¿Con qué derecho conspira contra el gobierno constitucional de Venezuela y contra los gobiernos progresistas de América Latina? ¿Cómo encubrir la responsabilidad imperialista en el afianzamiento del Estado Islámico, que sirve como pretexto para la acción contra Siria y para el afianzamiento del dominio estadounidense en una amplia zona del planeta?

Otra interrogante obligatoria sería ¿El Norte renunció a su postura hegemónica, tanto como para abandonar la lucha por la salvaguarda de la independencia patria?

Claro que no, sería de ingenuo pensar que de un día para otro el Imperio dejara de serlo y ni Cuba y ni América Latina le interesara. Solo es un cambio de política, en nuestro caso se sustituyó el garrote por la zanahoria y la táctica se centra en combatir el aislamiento a que era sometida Norteamérica en una región distinta actualmente.

Si fuera el caso de un cambio radical que implicara borrón y cuenta nueva, habrían hechos concretos en relación con la Base de Guantánamo ilegalmente ocupada, desde principios del siglo XX o no existieran los actos subversivos en contra de la juventud cubana, pero continua el propósito de derrocar a la Revolución, esta vez desde adentro.

¿Alguien imaginó nobleza en las recientes votaciones en la ONU contra el bloqueo yanqui, con la postura de abstención de la delegación estadounidense? Con ciertas modificaciones, el bloqueo aún continúa, a pesar que, mediante un espejismo, digan que no.

Siguen las amonestaciones financieras en terceros países, Cuba no puede importar medicamentos ni equipos necesarios en la Salud Pública, en Educación hay trabas, las hay en el comercio, por citar ejemplos, sin embargo, algunos creen que ya no existe el bloqueo, que el Norte es una maravilla y los contenes los pone el gobierno de aquí.

El 14 de noviembre de este año, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de EE.UU. (OFAC por sus siglas en inglés), impuso una multa de 5 millones 976 mil 28 USD a la compañía multinacional con sede en EE.UU. National Oilwell Varco, (NOV) y a sus subsidiarias Dreco Energy Services y NOV Elmar.

Tan peligroso resulta olvidar el pasado, como malinterpretar el presente, con esa óptica confundimos lobos con ovejas por el simple hecho de tener 4 patas y hocico. La superficialidad en tales cuestiones puede generar errores irreversibles sin marcha atrás.

Arriar el estandarte del antiimperialismo es aceptar el neoliberalismo criminal y la dominación política con su carga de injusticia. Un cambio en las relaciones entre dos gobiernos no invalida un principio de indiscutida validez, porque el imperialismo mantiene su esencia y combatirlo no es obsoleto.


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