/   ISSN 1607-6389
Actualizado: Lun, 24 Abr 2017 - 19:09

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Unidad desde el cimiento

Preguntas utilitarias en medio del Segundo Proceso de Rendición de Cuentas del Delegado a sus Electores del XVI Periodo de Mandato del Poder Popular, previsto desde el 20 de abril hasta finales de junio, serían: ¿está este acto atemperado a la situación actual de Cuba? ¿Ese es el delegado de Circunscripción requerido para estos momentos?

Dichas interrogantes hablan de la necesidad de no ver divorciadas nunca el método escogido de una intervención más directa de los ciudadanos en la dirección de los asuntos del Estado y de todas las actividades de la sociedad, en el llamado poder proletario en los nuevos tiempos.

Como diría Fidel en el Primer Congreso del Partido: “No se trataba simplemente de cubrir un expediente, sino de crear instituciones sólidas, bien meditadas y duraderas que respondieran a las realidades del país."

Y de eso de trata, ir perfeccionando nuestro modelo de democracia a los requerimientos de hoy, en franca correspondencia con las situaciones, para no hablar de cosas obsoletas y no factibles.

El Delegado: “Es el representante de los electores, no es el dirigente de estos, ni de las unidades de producción o servicios existentes en sus circunscripciones, debe mantener un contacto directo, cercano y constante con el pueblo, ofrecerle explicación a sus inquietudes, atender sus quejas, sugerencias y críticas y, a partir de ellos, su tarea más importante debe ser la de aportar iniciativas que ayuden a solucionar los problemas que plantean las masas que representa”.

Si tenemos claridad en ese concepto no podemos desvirtuarlo y convertir al representante elegido en un “lleva y trae” de problemas, ni a la persona responsable de la entrega de recursos, como durante el llamado periodo especial, en la década del 90, práctica cotidiana que introdujo cambios en sus atribuciones, al mezclar responsabilidades. Es un representante del pueblo, no administran ni distribuyen nada.

A tenor con esas misiones, los delegados son guías, coordinadores de los esfuerzos de la comunidad para solucionar sus dificultades, que no son solo los viales, la vivienda en mal estado y el pobre abastecimiento del mercado, sino capaces de llevar a cabo las responsabilidades que el pueblo depositó sobre sus hombros, desde su valentía, sin mentir jamás para que la gente lo distinga como su más altos representantes, quererlos, admirarlos, seguirlos siempre.

Sus reuniones deben ser espacios atractivos de diálogos entre ciudadanos, donde discutan inquietudes comunes, como la higienización del barrio, indisciplinas, rescate de valores, el delito, la corrupción, la diversión, el deporte, todo lo que preocupen a los vecinos.

Algo primordial es la atención a los planteamientos, de ahí una irrevocable fórmula: su respuesta es directamente proporcional a la confianza sobre el Delegado, porque no solo vale que sea el mejor y más capaz, sino de pensar bien cuál es la misión de la persona que vamos a proponer y si realmente está en condiciones de enfrentarse a ella.

En ocasiones, cuando su gestión es limitada por la escasa atención brindada por algunos funcionarios administrativos y la solución a un problema demora en resolverse; repiten los planteamientos y, aunque el delegado los tramita, no existe una respuesta convincente, ocurre un vacío, con malestar, desmotivación y disminuye su autoridad.

Los electores, casi siempre, comprenden explicaciones argumentadas, pero no entiende que, más allá de la escasez de recursos, ocurra la falta de sensibilidad, de gestión o por cansancio de quienes están para representar al pueblo y algunos asuntos escurran ante las narices de los responsables.

Por eso reiteramos la importancia de hacer encuentro de nuevo tipo, donde haya motivaciones, agrados y el pueblo participe activamente en las tomas de decisiones.

Cómo defiende un hermano, con muchas experiencias en estos asuntos: “el delegado necesita parecerse al barrio que lo eligió, tener las mismas aspiraciones, sueños, estar al lado de la gente lo mismo el día de la fiesta o el de la tristeza.”

Holguín, como toda Cuba, pronostica 5 mil 664 reuniones y caracteriza el proceso la selección de más de mil 600 jóvenes de diferentes Enseñanzas para realizar la función de observadores, durante el más importante ejercicio de la democracia.

Ante los desafíos actuales, desde el barrio, cimiento de la sociedad y, donde aspiramos a la prosperidad, la unidad, la solidaridad y ayuda mutua son imprescindibles para una mejor convivencia.


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