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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Jue, 17 Ago 2017 - 13:17

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Laritza cuenta su historia

Ent-Laritza-2.JPGUna fotografía puede hacer revivir momentos felices, pero también tiempos desagradables, dolorosos. A Laritza hay una imagen de hace 34 años que la conmueve en lo más profundo hasta humedecerle sus ojos y entrecortarle las palabras al rememorar recuerdos.

La foto no la conserva ella. La descubrió un día por casualidad durante sus andares de enfermera en el hospital pediátrico Octavio de la Concepción de la Pedraja. Una sola mirada le bastó para reconocerse en la niña menudita acostada en una camita de hospital con manchas oscuras en casi todo el cuerpo, ojos tristes y llorosos rodeada de aparatos médicos. La instantánea era exhibida en una exposición a propósito de un aniversario más del centro asistencial.

La licenciada Laritza Linares Expósito, directora del Centro Médico Psicopedagógico de Holguín (“Impedido Físico”), fue uno de los 344 mil 203 casos de dengue notificados en Cuba en la epidemia de 1981, cuando fallecieron 158 personas. El responsable de ese contagio fue el virus, serotipo 2 (DEN2).

Hoy, cuando brinda su apoyo y conocimientos en el municipio de Holguín para eliminar la infestación por el mosquito Aedes aegypti y elevar la percepción de riesgo entre la población, comparte sus vivencias.

“Esa soy yo, le dije sorprendida a unas compañeras de trabajo. Ellas no me creían y entonces les conté porqué estaba así. Fue en abril de 1981, me faltaba un mes para cumplir seis años. Todo comenzó por dolor y molestias en la garganta, ante lo cual mis padres me llevaron al Cuerpo de Guardia del Pediátrico, donde me diagnosticaron amigdalitis e indicaron tratamiento medicamentoso. En la casa me sobaron tras fuertes dolores abdominales y vómitos, pues decían que estaba empachada.

“Pero pasadas unas horas comenzaron las complicaciones. Mi cuerpo empezó a llenarse de hematomas y pinticas rojas que hizo correr a mis padres nuevamente para el hospital con la sospecha de una leucemia. Así estuve varios días hasta que otros casos similares aparecieron, fundamentalmente, niños, que iban ocupando camas en distintos lugares hasta reunirnos todos en cubículos de la sala de la parte vieja del centro donde hoy está el área de cirugía.

“Nada, o poco se hablaba allí de dengue, bueno eso me contó mi mamá después, pero de lo que sí me recuerdo, como ahora, es de los carros echando humo que pasaban por los alrededores del hospital, los aviones sobrevolando y que ante su presencia nosotros decíamos que era la guerra. Sentíamos miedo, mucho miedo…así me llegan las memorias.

“Me reportaban grave. No olvido a mi padre limpiándose los ojos con su pañuelo y después cuando grande me contaron cómo en reiteradas ocasiones lo mandaron a prepararse porque podía fallecer.

“Algunos de mis compañeros de infortunio murieron, eso lo supe posteriormente. A uno no lo he olvidado. Él era siklémico tendría entre ocho a nueve años de edad, pombito con pequitas en el rostro y escaso cabello. Una noche antes de acostarme a dormir lo vi en la cama contigua a la mía, pero al otro día al levantarme ya no estaba allí. A mi mamá se le llenaron los ojos de lágrimas al decirme que se había ido para su casa.

“Me quedaron secuelas, como esplenomegalia y el trauma sicológico de que mi madre me pinchaba todos los meses para saber cómo tenía las plaquetas, los leucocitos, cosas de las cuales entendíamos muy poco en aquel momento, pero ella comparaba los resultados de uno y otros análisis.

“El hematólogo León, mi médico de cabecera, un día le dijo a mi mamá: ¨señora no pinche más a la niña, ella está bien¨, tendría ya unos 11 años.

“Hoy ante la situación compleja afrontada en Holguín, donde hay conocimiento suficiente sobre el dengue, zika y otras arbovirosis, personal más preparado técnica y profesionalmente, estamos en condiciones de cortar la cadena de trasmisión de esas enfermedades con el apoyo de todos. Los holguineros somos aguerridos, luchadores y disciplinados, cualidades precisas de demostrar ahora más que nunca, para salir airosos y no lamentar la pérdida de vida humanas por imprudencias y actitudes negligentes.

“Está demostrado que en muchas de nuestras viviendas es donde está el problema- el 90 por ciento de los focos se reportan en tanques doméstico-, de ahí que es hora de cumplir con las medidas de prevención y saneamiento. Solo así podremos todos junto darle la estocada final a ese dañino vector”, puntualizó.


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1 Comentarios

  • Conmovedora historia la de esta exelente profesional de la enfermería Holguinera. Por suerte la tenemos entre nosotros para juntos lograr que historias de vida como estas no se repitan en nuestro pueblo. Continuemos haciendo para eliminar el mosquito y estas peligrosas enfermedades.

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