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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mar, 17 Oct 2017 - 18:51

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Gil, sin maquillajes

 

 

Foto: Elder LeyvaQuizás el público lo conozca mejor como el payaso Gil Candil, el abuelo Julián, el tendero o el perro del cuento La Cucarachita Martina, personajes que interpreta en diferentes obras del repertorio del Teatro Guiñol de Holguín. Pero el suceso que motivó estas líneas permitirá conocer al actor Fernando Gil Áreas, desprovisto de sus atuendos, maquillajes y maneras simuladas de actuar.

El pasado mes de junio, en medio del Festival del Títere que se realiza cada aniversario del Guiñol Holguín, recibió un certificado de reconocimiento por sus más de 25 años de andar entre muñecos, títeres, … Divirtiendo a chicos y mayores, pero también haciéndolos reflexionar, que es también función del arte.

Recientemente recibió el Premio de Cultura Comunitaria por la autenticidad con que se conduce sobre el escenario y sus vínculos sempiternos con el arte que también hace desde y para la comunidad. Todo un acontecimiento que agradó a colegas, amigos, discípulos, a quienes comparten junto él sus días de Uneac y lo rescató del anonimato en que la cotidianidad envuelve y las vestimentas guiñolescas encierran.

“El premio me sorprendió, dijo. Uno trabaja y trabaja, por amor a lo que hace, por la cultura de su provincia y del país sin otras pretensiones que ofrecer lo mejor de nuestro arte, por defender nuestra cultura de influencias inapropiadas y ajenas a nosotros. Al parecer los organizadores visualizaron mi proceder y decidieron premiarlo”.

Sobe sus vínculos con la cultura para la comunidad, aseguró que “desde mis comienzos estoy ligado a esa enriquecedora estrategia de llevar las artes al barrio donde más se necesita y más la gente lo agradece. Es desde donde mejor se libra ese afán enfermizo de nuestros vecinos de trastocar nuestros modos de vida y costumbres, nuestras maneras de entender la felicidad.

“Soy egresado de la Escuela para Instructores de Arte del Caney de las Mercedes, en la provincia de Granma, es esa la matriz de mis apetitos por estar siempre trabajando lo más cerca posible del público. Al graduarme permanecí allí como profesor pero luego retorné a Holguín.

“Fue cuando que me vinculé al Teatro Guiñol y al mismo tiempo fungía como instructor de teatro en la Dirección Municipal de Cultura de Holguín. Por ese tiempo fundé el grupo de teatro Mella, formado por aficionados; de este surgió Gilaya, que a su vez derivó en el Duende. Para entonces ya era artista profesional.

“Con Gilaya trabajé mucho en las comunidades. Atravesábamos por los años 90, cuando el Período Especial estaba duro de verdad y era necesario enfocar el trabajo en los barrios. En las antiguas ruinas de la Academia de Arte El Alba tenía La Gilaya Infantil donde se hacían espectáculos prohibidos para adultos. Junto al Guiñol Holguín también tengo historias de actuaciones en comunidades rurales y urbanas.

“También me involucré con Rompetacones, fundado para dar funciones en el Plan Turquino. Realmente he estado implicado con todos los grupos de teatro de Holguín”.

La instrucción lo conquista nuevamente y al parecer sin fecha de partida: “Fui profesor de la Escuela de Instructores de Arte de Holguín donde impartí las asignaturas Teatro para niños, Dirección y Actuación. A partir del cierre de este centro imparto cursos en la Uneac, de la que soy miembro hace alrededor de 25 años. También en la Casa de la Cultura Manuel Dositeo Aguilera doy talleres sobre las técnicas de clown para actores que desean ser payasos.

“Estoy nuevamente enrolado con un grupo de reciente creación, integrado por niños, adolescentes y jóvenes. Se llama Los Soñadores, porque eso somos todos. Ahora estamos en el montaje de una obra de creación colectiva que se llama Los Quince y trata sobre los avatares que pasa la familia para celebrar estas fiestas. Cada actor aporta sus propias experiencias y sobre esta base estamos conformando la obra. Soy un hombre de cierta edad, pero este es mi mundo y aquí estaré mientras las neuronas me acompañen”.

 

Asegura que Las mil y una noche guajira es de sus obras preferidas: “Es del camagüeyano Rómulo Loredo. Es muy cubana, habla de nuestras tradiciones, de la picardía propia de la gente de este país, eso me encanta”.

Habla de otros dramaturgos favoritos: “Admiro a José Soler Puig, sobre todo su obra El Macho y el guanajo; también al venezolano Aquiles Nazoa y a Antón Chejov, especialmente con su pieza El Ruso”.

Y de sus personajes favoritos: “Asumo con igual responsabilidad cualquier personaje que se me designe, pero me identifico mucho con el payaso Gil Candil, es mi creación y lleva por nombre mi primer apellido.Tiene su historia porque al principio algunos no miraban con buenos ojos que un actor quisiera ser payaso. Pero las cosas malas son para combatirlas y eliminarlas no para hablar de ellas, prefiero conversar sobre las alegrías, de optimismo, de proyectos que son de las cosas que irradia Gil Candil y me identifican como persona”.

 


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