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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 16 Dic 2017 - 15:36

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Día Internacional de la Enfermería
Enilvia Cuba: ejemplo para sus colegas y alumnos

Foto: Élder LeyvaElla es de las Florence Nightingale de estos tiempos. Lleva más de tres décadas en el noble empeño de salvar vidas y preparar al relevo de batas blancas. Desde el hospital Lenin, Enilvia Cuba Ramírez es ejemplo para sus colegas y alumnos

No fue de las que en sus juegos infantiles pinchó muñecas imaginándose de grande ser una doctora o enfermera. Tan poco hizo de maestra como muchas niñas practican. Ella corrió libre por los campos de Guaro Cinco, bañó en el río y disfrutó a sus anchas formar parte de una familia numerosa de 12 hermanos, en un ambiente sano, de respeto y amor hacia los demás.

 

Sin embargo, hoy Enilvia Cuba Ramírez no sospechó convertirse algún día en enfermera y profesora. Lo confiesa abiertamente en la sala de la casa, a donde llegamos la tarde del miércoles, detrás de una de las mejores profesionales de bata blanca y cofia de la provincia, al decir de su superiora.

 

Ella se ruboriza de solo mencionarle el criterio sobre su desempeño. La “provoco” para lograr que la entrevista fluya, con la observación de las muñecas y peluches que ocupan casi todo el sofá: “Las dos muñequitas de trapo son mías, las trajes de Venezuela al regreso de la misión; el oso y los otros muñecos son de mi hijo, cuando era pequeño”.

 

Funcionó el ardid y la Seño desde su balance comienza a recordar sus orígenes con orgullo. Habla pausado y mientras lo hace reparo en el uniforme blanquísimo, al igual que sus mocasines y la cofia en el centro de la cabeza. En la solapa un prendedor de color dorado en forma de hoja.

 

“La vida en el campo es muy diferente a la de la ciudad, mas en mis tiempos de niña, fui muy feliz donde nací y de donde salí a estudiar para solo volver en las vacaciones o pases. Primero fue la secundaria básica como becaria en Yaya Uno; de ahí a la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de Holguín hasta el duodécimo grado, cuando opto por la carrera de Medicina y ya después en el politécnico Arides Estévez”.

 

Pero, increíblemente, Enilvia le cogió miedo a la Bioquímica en el primer año y dijo que no estudiaba más Medicina. “Regresé a casa y a los pocos días una de mis compañeras de los ‘Camilitos’ llegó con la noticia que en Mayarí estaban ofertando varios cursos, entre ellos el de Enfermera general y pediátrica. Hasta allá nos fuimos. Solo quedaba el de la primera especialidad”.

 

Así, esta consagrada enfermera, hoy licenciada y con categoría docente de Auxiliar, entró a la profesión que dice no cambiaría por nada ni nadie. “Antes de concluir el segundo año fui seleccionada, junto a otros 17 estudiantes, para prepararnos y comenzar a trabajar en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Vladimir Ilich Lenin, en el curso 1982-83. Desde entonces ese es mi colectivo. Todo lo aprendido ha sido allí al lado de profesionales extraordinarios y personas maravillosas”.

 

Menciona varios nombres con orgullo, entre ellos el de María Ricardo, quien aún sigue en la sala de Terapia Intensiva; Zenaida García-su madre en el equipo de trabajo-, porque la enseñó a dar los primeros pasos en la enfermería y a trabajar con el paciente en estado crítico- remarca-; Rosa López, Ana Elia Cintras y Zaida Cabrejas, todas personalidades destacadas de la especialidad en la provincia.

 

“Hoy desde mi condición de profesora, formadora de nuestro relevo, trato de enseñarles a mis alumnos y colegas, además de los contenidos básicos de la profesión lo que aquellas me trasmitieron, sobre cómo debe ser el personal de enfermería: respetuoso, responsable, justo, ético, solidario y sobre todo humano, ese es un principio básico dentro de este trabajo”.

 

La Seño, a quien nadie llama por su nombre, sino por su apellido. Me dicen Cuba-aclara-, la enfermería es una Ciencia, a través de la cual brindan cuidado a la evolución del paciente. “Puedes administrar el mejor medicamento del mundo o realizarle determinado tratamiento al enfermo, pero si no lo haces bajo los principios básicos de la enfermería los resultados no serán los mismos”.

 

“Los tiempos han cambiado mucho, pero el amor al prójimo no tiene porque cambiar, como tan poco la responsabilidad y el humanismo”, puntualiza.

 

Actualmente está a cargo de la enseñanza técnica profesional en el “Lenin” desde las terapias con 68 estudiantes; además imparte cursos de postgrado, talleres y realiza exámenes de desempeño, entre otras formas de preparación para seguir elevando el nivel profesional de sus colegas.

 

Siempre ha sido consagrada en la atención directa al paciente como a la formación de los nuevos profesionales de la rama que pasan por el centro asistencial. De ahí que, normalmente, la vean llegar a las siete de la mañana al hospital todos los días, pero nadie pueda predecir la hora exacta de su regreso a casa, donde la aguarda su compañero de toda la vida y su hijo de 29 años de edad.

 

“Ha sido mucha la comprensión y ayuda de mi familia para poder cumplir aquí y también en Venezuela donde permanecí cuatro años. Lo más difícil fue cuando José William nació, que no era como ahora cuando la mujer trabajadora dispone de más tiempo de licencia. Anteriormente, a los tres meses de nacido el niño o la niña la obrera ya debía incorporarse”.

 

Dice haber contado siempre con la cooperación de su suegra y la abuela del esposo, pues fueron incondicionales y así es como ha podido sentirse plena en el cumplimiento de las responsabilidades asignadas en sus más de tres décadas de labor.

 

De todos esos años de vestir el uniforme blanco guarda muchos recuerdos, vivencias inolvidables, como el honor que le fue conferido al participar como parte de la delegación holguinera en su condición de profesora a la primera graduación masiva de las Ciencias Médicas del país en la Tribuna Antiimperialista de La Habana, en el 2000, por idea del Líder Histórico de la Revolución.

 

“Me correspondió ir al frente de los titulados de la carrera de Enfermería. Nos fuimos el 8 de agosto y regresamos el 14 después de celebrar el cumpleaños de Fidel. Él compartió con nosotros toda una mañana en ese masivo acto”, rememora.

 

También evoca con satisfacción su estancia en el municipio de Libertador, en la capital venezolana, exactamente en el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) del Junquito, donde la asistencia médica la simultaneó con la docencia a estudiantes de Medicina y Enfermería y la dirección de esa unidad en su especialidad. “Formamos un equipo muy unido entre el personal de ese país y los cubanos, lo cual trajo satisfacción y bienestar a los pacientes”.

 

La “Cuba” es de las Florence Nightingale de estos tiempos. Admira su dedicación a la profesión elegida; humanismo y la sensibilidad con que atiende a enfermos y forma a los nuevos hombres y mujeres de batas blancas.


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1 Comentarios

  • Muchas felicidades a la profesora Cuba. Excelente profesional de la enfermería.

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