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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mié, 16 Ago 2017 - 14:27

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Aleida Guevara: hija del pueblo cubano (+Video)

aleida.jpgLa pediatra Aleida Guevara March llegó hasta la Ciudad de los Parques, en Romerías, para participar en el evento Memoria Nuestra, donde intercambió acerca de los desafíos de los jóvenes de la sociedad cubana.

Esta mujer, de niña participó en los primeros trabajos voluntarios, y cuando a veces su padre la llevaba a la zafra, la vencía el sueño recostada a los plantones de caña. Tenía solo siete años cuando conoce de su desaparición, pero no lloró a cántaros, porque, como él escribió en su carta de despedida, “si un hombre muere haciendo lo que quiere, no se debe llorar por él”.

Crecida con los valores de la obra justa que es la Revolución cubana, Aleida confiesa siempre tener tiempo para intercambiar con los jóvenes, no importa cuán ocupada esté.

- Las Romerías, como Festival de las Juventudes Artísticas, se dedica a los jóvenes rebeldes del mundo, ¿qué papel, considera Ud., deben desempeñar en el desarrollo de sus países?

“Los jóvenes en todas partes del mundo tienen ansias, deseos de hacer cosas nuevas y buenas. Tienen las neuronas frescas y pocos compromisos sociales adquiridos, y una libertad tremenda de acción para solucionar viejos problemas. También depende de la educación recibida. Si estás educado en principios de solidaridad, de amor y respeto, por supuesto que tu conducta va a ser mejor que quien no ha tenido esa posibilidad.

“Trabajé con jóvenes médicos argentinos, recién graduados de la Escuela Latinoamericana de Medicina, en lugares que ni los argentinos saben que existen, y me sentí como la gallina con los pollitos, porque vi en ellos reflejado lo mejor de mi pueblo. Esos muchachos habían venido acá a estudiar y habían captado lo mejor de este pueblo y lohabían trasladado a su propia gente. Me sentí muy orgullosa de ser cubana”.

- En su opinión, ¿qué no pueden permitirse en estos momentos los jóvenes cubanos?

“Primero, no caer en cantos de sirena de los Estados Unidos; eso es muy importante, saber, con los pies sobre la tierra, qué tenemos y disfrutarlo. Hay una anécdota que me gusta mucho, de una joven española que fue a trabajar a África. Cuando se iba, una mujer africana le preguntó si era casada y ella le respondió: “¿Quién piensa en casarse a esta edad?”. La otra le dijo: “¿Tú tienes casa? ¿Tienes una vaca?”. Y la española le contestó que no, entonces “qué pobre eres”, fue la respuesta. Esa es la diferencia que hay en muchos pueblos del mundo, de sentirse complacidos con mucho menos de lo que nosotros aspiramos para nuestros hijos. Esa es una educación importantísima: comprender que se puede ser feliz con muy poco; siempre y cuando mejoremos el entorno, sin destruir la naturaleza. Los jóvenes nuestros deben ser vanguardias en ese aspecto”.

- Ser como el Che se ha vuelto, por décadas, anhelo de muchos... ¿cuál fue el legado familiar de su padre?

“Yo era muy pequeña cuando él parte para el Congo, así que casi no lo conocí. Aprendí a quererlo y respetarlo a través de mi pueblo y de mi madre, quien hizo un trabajo espectacular con sus hijos. A pesar de que no disfrutamos sentarnos en sus piernas, que nos enseñara personalmente, su imagen se quedó en nosotros como algo muy especial. Tuvimos algunas cosas que nos permiten valorar su amor hacia nosotros: encuentros pequeños, flashes de la memoria, nos hablan acerca de cuánto nos amaba, pero, sobre todo, lo que hizo, porque no se fue a luchar a otro planeta, se fue a luchar para que Cuba tuviese más posibilidades de supervivencia”.

- ¿Qué admira más del pensamiento de su padre?

“Su capacidad para amar; amar significa entregarse totalmente. Él tenía un ideal, una causa y lo practicaba sin temor ninguno, sin ningún tipo de hipocresía. Mi papá era un hombre muy consecuente: hacía lo que pensaba. Nunca dijo nada que él no fuera capaz de hacer. Ese es un reto para mucha gente: decir lo que piensas y hacer lo que dices”.

- Si el Che nos estuviera mirando a los cubanos, ¿estaría satisfecho?

“Para nada. Ese argentino nunca estaría conforme con lo que estamos haciendo, tendríamos que superarnos mucho más. Él dijo cosas que todavía no practicamos. De alguna manera, nos hemos descuidado en algunas cosas que él previno. En el '65 dijo: si la Unión Soviética sigue por este camino va a desaparecer.“En otra época, cuando trabajabas con un hombre, te decía: mi fábrica; pregúntale a alguien ahora.... Posiblemente te va a decir la fábrica. Marcan la diferencia. ¿Dónde hemos fallado? En que los trabajadores no se sienten dueños de lo que producen. Mi padre, desde entonces, ya estaba luchando por eso. Tenemos que trabajar en varios aspectos de la economía, para que el hombre y la mujer de la sociedad que estamos construyendo sepan que todo lo que hacen, es nuestro”.

- ¿Cuáles son las metas, qué le falta por hacer a la Dra. Guevara?

“Yo trabajé dos años en Angola; me siento muy satisfecha por haberlo hecho pero no es suficiente, me queda mucho por hacer. Una de ellas es que nadie me hable de esclavitud, de colonialismo ni de racismo. Dondequiera que me paro, hablo del respeto al ser humano, sin importar el color de la piel o el lugar donde naciste. Todos merecen respeto; tengamos una ideología u otra, hay que escuchar las razones de los demás, darles las tuyas y tratar de convencerlos con hechos de por qué son importantes los cambios sociales, y por qué no podremos cambiar la realidad si no somos dueños de lo que producimos”.

- A pesar de ser reconocida como “la hija del Che”, Aleida agradece mucho a su madre...

“Si hoy soy una mujer socialmente útil es por la formación de mi madre. Ella hizo que yo no me sintiera especial por ser la hija del Che, que me sintiera especial por ser la hija del pueblo cubano, eso sí, y sobre todo por ser la hija de un hombre y una mujer que se amaron profundamente. Ella logró que yo fuera una mujer que siente apasionadamente lo que siente su pueblo, lo que defiende su pueblo.

“Recomiendo a todos que lean Evocación, un libro que mi madre escribió con mucho trabajo, porque fue como romper un dique. Durante muchos años, yo no supe de un beso entre mi mamá y mi papá; ella no contaba nada, porque no podía. El día que rompió el dique, lloró muchísimo; sufrió muchísimo para escribir el libro. Pero nos dejó algo extraordinario, nos dejó al Che hombre, al ser humano con sus miedos, sus limitaciones también, pero que fue venciéndolas y creciendo junto a ellas.

“Eso hace al Che el ser humano especial que era. La gente, a veces, piensa que por ser un guerrillero, un aventurero, era fácil para él hacer lo que hacía, pero no era así. Era un hombre enamorado, un hombre tierno, que quizás quería envejecer con su mujer y sus hijos, pero sabía que había cosas más importantes que resolver y puso esas cosas antes que su propia vida. Mi papá es, quizás, el ejemplo más completo de comunista que conozco”.


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